Reseñas

Yo, Daniel Blake: No todo en Inglaterra es Londres


Daniel Blake (Dave Johns) es un carpintero de 59 años que vive en Newcastle. Debido a sus problemas cardiacos múltiples doctores le han prohibido que vuelva al trabajo, pero el gobierno le pide que busque un empleo si es que desea hacerse acreedor al subsidio de desempleo; así es como Daniel comienza a buscar trabajo sin la intención de conseguirlo mientras espera una respuesta positiva por parte de la administración. Pero Daniel no está solo, en medio de sus peripecias se encuentra con Katie (Hayley Squires), una madre soltera con dos hijos que también se ha visto afectada por la burocracia inglesa.

Yo, Daniel Blake (I, Daniel Blake, Reino Unido, 2016) es un film británico dirigido por Ken Loach, un hombre experto en retratar a Gran Bretaña, en distintos momentos y etapas, de gran manera; algo que lo ha hecho acreedor a la Palma de Oro en el Festival de Cannes en dos ocasiones, en 2006 por la cinta “El viento que acaricia el prado” y en 2016 por “Yo, Daniel Blake”.

Con este film, Loach vuelve a retratar a Gran Bretaña (en concreto a Inglaterra), pero no a la del siglo pasado, sino a la de ahora, a la Gran Bretaña que se vive hoy, con personajes que tienen problemas actuales y reales. En esta cinta se hace una crítica abierta a la burocracia británica pero de una manera delicada, humana y muy sutil. No se retrata a los burócratas como unos buenos para nada sino como unas personas fastidiosas y fastidiadas con su propio trabajo. “Yo, Daniel Blake” da a entender que, aunque sí existe un problema de agilidad y eficiencia en los trámites administrativos, el mayor problema no está ahí sino en los niveles más altos de gobierno que siguen tratando a las personas más pobres (económicamente hablando) y de la tercera edad como un simple número, parte de una estadística y, por qué no, hasta como un estorbo.


Un acierto de “Yo, Daniel Blake” es que logra la empatía con el espectador, no sólo porque el problema sobre el que se basa esta cinta sea un problema con el que habitantes de todo el mundo han tenido que lidiar en alguna ocasión, también porque en la cinta hay personajes de todas las edades y que cubren varios roles dentro de una sociedad; niños, jóvenes, adultos jóvenes, adultos, adultos de la tercera edad, hay de todo y cada uno de ellos ofrece una visión de la problemática desde su propia perspectiva.

Los personajes y como son interpretados son otro acierto de esta cinta. Ninguno de ellos es un cliché ni cae en los excesos en los que personajes de este tipo podrían caer. Además, todos los personajes son llevados al límite, los guionistas nos muestran hasta donde puede llevar el hartazgo y la desesperación a sus personajes, pero nuevamente, todo de una manera tan delicada que hasta podría definirse como bella. Y los actores, en su mayoría inexpertos en la pantalla grande, le imprimen un toque de realidad, todos, a cada uno de sus personajes.

 

“Yo, Daniel Blake” cuenta una realidad de manera muy bella en medio de los siempre bellos paisajes londinenses (al menos para el ojo de un servidor), la lucha diaria de los ciudadanos contra un Estado en forma de Leviatán, pero sin ser pretenciosa y mucho menos predecible en su narrativa, todo se cuenta de una manera muy humana, real, tan real como la vida misma de cualquiera que la vaya a ver.

Aunque está claro que está película no es para todos, es una cinta que se basa en un guion bien trabajado, sin demeritar el buen trabajo de dirección de Ken Loach, y que logra mantener un ritmo que para muchos podrá resultar lento a pesar de sus apenas 100 minutos de duración, digamos que si te sientes contento con los primeros 15 minutos de la cinta será un viaje cinematográfico sumamente agradable, pero si no, no esperes que el ritmo suba o el largometraje se convierta en algo más entretenido.

Esta cinta se convierte en necesaria en dos sentidos: el primero, para entender que, como dice el dicho mexicano, en todos lados se cuecen habas, y Gran Bretaña no es muy diferente en varios aspectos a nuestro país. El segundo, para dar un mensaje que el director deja muy claro al desarrollar su historia en Newcastle, “no todo en Inglaterra es Londres”.

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Freddie Montes

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