Nicolás Durán de la Sierra

V Feria de la Lectura de Mérida

«In teneris consuescere multum est» Virgilio

Si bien en la pasada entrega se advirtió al lector que en ésta se darían jugosos pormenores respecto de las próximas fiestas del V Aniversario de esta non columna, de los osados velos que no ocultarán el cuerpo de Marilyn Calipigia y hasta del por qué, dejando de lado la ortografía, se utilizan aquí mayúsculas para referirse al festejo; pese a lo dicho, ello no ocurrirá. El curioso, si quiere, habrá de esperar la próxima entrega.

No se trata de veleidad alguna del El Escriba, puesto que al cabo la fiesta será suya, sino porque dos tópicos exigen urgente espacio en el texto. En realidad se trata de tres o cuatro temas, pero para tener peso la voz ‘urgente’ no admite una tripulación numerosa, y ole con la paradoja; en fin, una o dos pasan, pero tres o cuatro son demasía, así se trate de cuestiones relevantes para el folclore maya y yucateco.

Como habrá calculado el lector perspicaz (los que leyeron el título no cuentan), seguirá presente la cuestión literaria, y sí, pero ella no será central. Aquí se tratara antes que nada de la existencia o no del uaypec y del uaychivo, famosos engendros híbridos de humano y perro (pek) o de chivo, según sea el caso. En las dos vertientes la voz uay equivale a brujo, aunque con una mayor precisión antropológica, a nahual.

Quien quiera mayor información sobre este punto, con toda confianza puede leer el prólogo escrito por Octavio Paz en 1973 para las Enseñanzas de Don Juan, de Carlos Castaneda, un simpático académico norteamericano que con este libro, al que se le añadió la leyenda Una forma yaqui del conocimiento, pudo transfigurarse en master en Antropología de la Universidad de California. Se trata, en verdad, de un texto muy interesante.

La voz nahual, deriva del náhuatl nahualli: “el que se oculta o esconde en dos planos” -físico y mágico- ha tenido presencia en la cultura maya. De hecho, como curiosidad histórica, hay bases para suponer que el ventrílocuo que hablara por la Cruz parlante hacia el final de la Guerra de Castas y al que se conoce como Manuel Nahuat, en realidad era Manuel “el nahual”, pues hablaba la lengua de los dioses y de los hombres.

El caso es que se disertará aquí del espantoso uaypec y del no menos terrorífico uaychivo. Se avisa que las voces aceptan también la ‘h’ al principio de la palabra, pues no hay quien se vaya a poner a discutir ortografía fantástica. Por lo general, en el primer caso, se trata de brujos miserables que, por la noche, mutan en perro y salen a robar animales, en especial gallinas, aunque sin menospreciar a los cuutz o pavos.

      En realidad no desprecian nada, pero ya que sólo disponen de su hocico, sus posibilidades son pocas; no se ha sabido de alguno que a sus correrías lleve sabucán o bolsa del mandado. Esto, claro, irrita a los campesinos y se han dado casos como el reportado por la revista Misterios, de don Jorge Moreno, en los que los afectados, acaso bajo los influjos del cho’ol o ron, le han hecho frente al monstruo:

“Lo que hice días antes de la última aparición fue dormir con el machete bajo la hamaca y esa noche lo saqué muy rápidamente y (ya en el patio de la choza) le di, pero no con el filo, sino con el plano, pues qué tal si se convierte en persona, lo mato y en lo que averiguan, me meten al bote. Lo que sí me di cuenta es que no era persona-persona, ni animal-animal, sino un demonio, aunque no sé mucho de esas cosas”.

Razón de sobra tiene don José González, conocido vecino de Komchen, Yucatán, en andarse con tiento en eso de andar cazando brujos mutantes. Cabe subrayarse que el relato fue avalado, ni más ni menos, que por don Waldemar Jiménez, el delegado municipal. El campesino había perdido ya, a manos o a patas del monstruo, tres gallinas ponedoras y un perro al que quería mucho, y eso fue lo que lo decidió a actuar.

No vaya suponerse que este es un hecho aislado, no, por el contrario: casos como este son usuales. A principios del 2008 el Diario de Yucatán, en su sección “sucesos de policía”, publicó que varias familias de la cabecera de Chemax reportaron la existencia de un uaypec (también puede escribirse uay pec) y “que en las últimas fechas habían amanecido muertas muchas de sus gallinas en condiciones muy raras”.

“Según dicen los afectados, a algunas de sus gallinas sólo les mordieron el pecho para sacarles el corazón; a otras, de otro gallinero, sólo les comieron los muslos y, en otro lugar, sólo la pechuga de las aves fue devorada”. La nota no dice si luego de la denuncia se montó un aparato de investigación, pero sí que los vecinos estaban asustados y que en lo sucesivo dormirían con sus hijos cerca, por si las dudas.

El caso del uaychivo es más espectacular. Se asegura que son “personas que hacen pacto con el diablo para encarnar en animal y dejan su cabeza en donde viven y salen como un chivo u otra bestia. Hacen hechizos a los que quieren perjudicar. Para matarlo se talla una cruz en la bala que se le dispara. Empero, “aún muertos se tiene que ir en busca de su cabeza humana, se la pone en su lugar para que, finalmente, fallezca”. Latosos.

Se indica en la revista México Mágico que “es un ente de color negro, enormes cuernos y ojos brillantes, que huele muy mal (a chivo). Su objetivo es asustar a las personas (¿?) con su apariencia fantasmal. Embiste con violencia a los que se cruzan por su camino cuando cae la noche” Una conseja popular dice “Cuídate al andar después de la media noche por lugares donde el Huay Chivo ronda, pues puede dejarte caer toda su maldad”.

Sin embargo, no siempre el ente tiene el viento a favor, pues apenas el pasado 4 de septiembre el portal Reproteroshoy.com de Yucatán informó que “un uay chivo ocasionó revuelo en el oriente del estado, donde se descubrió un extraño ser muerto cuando se realizaban excavaciones. “Esa cosa tiene patas como de caballo y cabeza como de un mini toro o una bestia”. Se le halló en las inmediaciones de la carretera Xocén-Xuilub.

Como sucede cuando hay un buen chisme, la policía no dio más datos, pero por las fotos logradas antes de que taparan la escena (¿?), el cuerpo no era de un animal pequeño. Los vecinos dijeron que tiempo atrás hubo un caso similar en la comisaría de Kanxoc, cerca de Valladolid. Dado que no hay pérdida de aves o perros, el bicho sólo se dedica a espantar noctívagos. Es, a todas luces, un pacto infernal bastante idiota.

Al inicio de la columna se cita a Virgilio con una frase que, si luce bien en latín, fulge en español porque es entendible para los legos en esta clásica lengua: “Mucho puede la costumbre adquirida en los años tiernos”. El Escriba sopesó el utilizarla ya que nada tiene que ver con el texto, pero sucumbió ante el vicio del culteranismo. Meter al romano, da cachet, aunque no tanto como usar el galicismo cachet, en lugar de ‘distinción’.

Por otra parte, incluir a don Publio Virgilio Marón, notable poeta vecino de Brindisi, facilita dar un cambio de velocidad en el ritmo de la estructura narrativa pues, por fin, se hablará de la V Feria Internacional de la Lectura de Yucatán, auspiciada por la universidad autónoma yucateca, un encuentro editorial, de lectores y escritores que hoy ocupa el primerísimo sitio en el  sureste y uno de los lugares más importantes del país.

Esta feria, realizada en el Centro de Convenciones Siglo XXI de Mérida sobre una extensión de poco más de ocho mil metros cuadrados, tuvo un aforo calculado en 180 mil visitantes, un veinte por ciento más que el año pasado. Se trata, sin duda, de un gran éxito si se considera que la capital yucateca tiene una población de casi un millón de habitantes. Asistió, pues, grosso modo, casi el veinte por ciento de los emeritenses.

En la feria estuvieron destacadas editoras de México, Perú, España y Argentina y con atractivas ofertas de libros de todo tipo. Hubo coloquios, conferencias, talleres infantiles, puestas teatrales y en fin, toda suerte de actividades vinculadas con la literatura. En la clausura se estimó un aforo de 22 mil personas y el cierre hubo de aplazarse por dos horas dado el número de personas que permanecían en el centro de convenciones.

Fue un éxito, pues, esta Feria Internacional de la Lectura. Quintana Roo, tan cercano en lo geográfico, para desdoro nuestro está lejano a Yucatán en lo que toca a cultura. Celebran allá ferias editoriales mientras que nosotros, vergüenza propia, sufrimos el cierre de bibliotecas públicas. Riqueza hay tanto en un estado como en el otro, pero allá tienen la voluntad política y el amor al terruño que aquí hace falta.

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Nicolás Durán de la Sierra

Originario de la Ciudad de México (1960) estudió periodismo en la Escuela de Periodismo Carlos Septién García, con cursos externos de filosofía e Historia de la Literatura en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM Y de Economía en la Universidad Autónoma de Madrid, España.
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