No existe la Navidad ideal, solo la Navidad que usted decida crear como reflejo de sus valores, deseos, queridos y tradiciones.» Bill McKibben

Se acercan esas fechas en las que muchas personas no les gusta estar. Por diversas razones, ya que son momentos, para algunas de ellas, de profunda tristeza, incluso de dolor o desesperación. Puede haber sido una pérdida, personas que no están, soledad, u otras muchas cuestiones que consiguen que la Navidad sea especialmente difícil, emocionalmente hablando. Hay quien lo ha denominado depresión navideña o prenavideña.

La comparación es el peor enemigo navideño. Comparamos nuestras vidas con una representación poco realista de experiencias navideñas perfectas, que nos bombardean por todos lados. Vemos (o creemos ver) como nuestros colegas y amigos, tienen más dinero que nosotros, mas éxito, un plan de vacaciones más emocionante, una familia unida … Frente a esto, nuestra Navidad nos parece triste, solitaria y aburrida.

Si, al contrario, somos capaces de identificar que es lo que no nos gusta de estas fiestas, especialmente si son las primeras sin determinadas personas, lejos de la familia o tras haber sufrido una separación de pareja o pérdida de nuestro puesto de trabajo, nos quitaremos de encima lo que más parece contribuir a esta tristeza navideña: la culpa.

Si, además, unimos a esta decisión otra que busque encontrar y afirmar nuestra identidad durante estos días, le daremos la vuelta a esta presión que parecemos sentir, pasando a controlar lo que deseemos o no hacer. Sin presiones por parte de nadie.

Y si, por último conseguimos desembarazarnos del resentimiento que a menudo acompaña ver como otras personas parecen estar pasándolo bien, estas fechas, pueden ser, simplemente un magnífico momento para disfrutar de unas vacaciones sin presión, leyendo un buen libro o dándonos una escapada a algún lugar que nos apetezca.

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