La empatía es la genuina curiosidad que nos lleva a querer descubrir aquello por lo que alguien está pasando. Es conversar y preguntar para lograr percibir qué está sintiendo el otro en ese momento. De la empatía nace la intención de asistir al otro. Es la práctica básica que nos lleva a la compasión. Es evidente que los humanos no mostramos empatía hacia todos nuestros congéneres, sino solo hacia aquellos a quienes amamos y, además, hacia aquellos con los que tenemos que convivir. Son muchas las situaciones que se presentan a diario en nuestro alrededor que requieren nuestra ayuda sea en la medida de las posibilidades de cada quien; sin embargo se nos hace más fácil hacer como que no vimos nada o simplemente porque no es alguien cercano quien está padeciendo alguna circunstancia no hacemos nada.

La crisis Covid-19 ha motivado el replanteamiento de los métodos empleados por la humanidad para la sobrevivencia, obligando a la reconversión de empresas, instalación de nuevos emprendimientos y el cierre de otros, afectando fuertemente la economía local, nacional e internacional. No quedando ajena la educación en todos sus niveles, transformando las estrategias pedagógicas empleadas por el sistema educativo. Es evidente que la deshumanización ha tomado mayor fuerza producto de acciones que no reconocen los valores transcendentales como la empatía, tolerancia y el amor. Nos hemos convertido en un desparramiento de varios millones de humanos sin mayor sentido de la historia, de la identidad y del vínculo común y hemos aprendido por lo general a dirimir nuestros conflictos basándonos en el principio de que “muerto el perro se acabó la rabia”, es decir, en un sistema de creencias, tanto entre individuos como entre grupos y clases sociales, que apuesta por la ley del más fuerte y que considera necesario agredir o eliminar al enemigo que nos inoportuna.

El hombre debería autoimponerse la obligación incluso moral de proyectar empatía hacia sus semejantes. Por beneficio propio y ajeno. Por ganancia de las relaciones interpersonales. Por divulgación del alto nivel comunicativo. Por humildad agradecida frente a la realidad circundante. Por aportación de un granito de arena humana e incluso humanitaria y hasta humanista. La empatía mueve montañas en el mundo o en el submundo de los afectos. El cansancio emocional que sufre la sociedad actual tiene muchas causas, entre ellas que hoy las cosas suceden tan rápidas que nos da miedo no poder controlarlas y ello nos produce incertidumbre y angustia. Si perdemos esa capacidad de reaccionar empáticamente ante el dolor ajeno, de ponernos en el lugar del otro, habremos dado un paso atrás como seres humanos y como sociedad.

Los médicos hoy en día no piden un aplauso sino que actuemos de acuerdo a la nueva normalidad que nos exige el Covid  19. Ponerlo en práctica nos hará empatizar con quienes dan su vida para cuidar la nuestra y son muchos más de los que imaginamos. Esta pandemia nos está poniendo a prueba nuestra disciplina, nuestra responsabilidad social y por sobre todo nuestra capacidad de ser solidarios. Si no podemos comportarnos de esa forma, si no somos capaces de vivir enteramente como personas, al menos hagamos todo lo posible para no comportarnos como animales.

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Julián Puente
Julián Eduardo Puente Sánchez; es periodista y columnista de quintana roo desde hace 15 años. Ha trabajado en distintos medios de comunicación. Actualmente se desempeña como titular de la 2da emisión de Sipse Noticias Radio, coordinador del Periódico la Voz de Quintana Roo en la zona sur y director de comunicación social de la delegación del ISSSTE en el estado así como de colaborar para diversas páginas informativas.