Psicología

Sobrellevar las heridas difíciles de sanar

Hay quien acude a mi consulta después de un tiempo, a veces mucho, con frecuencia años, de estar batallando contra la desesperación, escribir diarios, hacer ejercicio, controlar dietas y leer una montaña de autoayuda. Y pese a todo ese esfuerzo, apenas se han movido un milímetro del epicentro de su sufrimiento en todo ese tiempo.

Y es que hay algunas heridas que siempre serán parte de nosotros, de nuestra historia personal, aunque no tienen por qué formar parte de nuestro presente. El problema de esas heridas que “no se curan”, es que rara vez se habla de ellas abiertamente. Con frecuencia, incluso, se niegan o las llenamos de tópicos vacíos para ocultarlas en las sombras de la inacción. Tales razonamientos, en nuestro mundo centrado en soluciones rápidas: “Mirar el lado bueno” “Todo sucede por una razón” “Mañana será un día mejor”, solo sirven para trivializar y no reconocer el problema. Promesas vacías de optimismo imprudente.

Las heridas que no sanan no tienen por qué definirnos. De hecho, cuando se manejan bien, sirven para profundizar en nuestra humanidad y fomentar una mayor empatía y conexión con los demás. Las heridas nos recuerdan que la vida no es fácil y sí muy frágil. Pero también nos recuerdan que vivir es precioso: muchos pacientes, al final del tratamiento, nos informan de cómo esas heridas les han inspirado a vivir el presente y apreciar más la vida.

Cómo afrontar el dolor de las heridas difíciles de sanar.

Nadie está exento de heridas no curables. Eventualmente aparecen en nuestras vidas y dejan en nuestras manos el enfrentarnos a los desafíos que representan. Pero, antes de que te explique al menos tres maneras para hacerlo, consideremos algunas de las heridas más comunes que suelen viajar con nosotros en nuestro tiempo de vida. 

La muerte de un ser querido puede derivar en un duelo complicado. Un dolor profundo con el que parece imposible convivir y destroza nuestra sensación de seguridad.

Las adicciones y dependencias, que son aflicciones especialmente crueles; en las que las personas viven una realidad llena de frustraciones y mentiras. Las esperanzas se nos acortan en las innumerables ocasiones en que recaemos en la conducta problema. Y no solo afecta a quien sufre de tal o cual adicción. Resulta especialmente doloroso y desgarrador ver a alguien vivir en una vida llena de dependencia, construida en base a la mentira.

Las enfermedades crónicas nos dejan sin respuestas, imbuidos en un vacío existencia insoportable. Nos conducen a la negación de nosotros mismos. Nuestros pensamientos, distorsionados, se convierten en un bucle sobre el miedo a empeorar del que parece que jamás podremos salir. Nos vuelve locos pensar que nuestra vida tiene fecha de vencimiento.

Traiciones e infidelidades nos dejan el corazón en los huesos. La deslealtad de alguien cercano produce un dolor, una desazón y odio profundo. La desconfianza se apodera de todo lo que somos y hacemos. Nos aísla y aleja del mundo, nos convence de que es mejor estar solos. Produce una huella que perdura y puede cambiar el curso de la vida.

Pero, de casi todo se sale. Superar las adversidades no solo es recomendable, sino posible. Quizá estas tres recomendaciones que te ofrezco puedan ser de alguna utilidad para ti, si pasas por uno de esos dolores que parecen imposibles de curar.

  • Convierte tu dolor en una misión.

He conocido a muchas personas que han cambiado el enfoque del conflicto que les generaba gran dolor. Pacientes con cáncer, han aprendido a llevar su vida de una forma más positiva para sí mismo cuando se pusieron al servicio de ayudar a otras personas con problemas similares. Voluntarios en centros y hospitales, asesoraron a pacientes y familias en cómo afrontar de manera asertiva la enfermedad. Ayudar a los demás, no solo contribuía a dar esperanza y mejorar la curación de otras personas, sino la suya mismo. Mujeres, abusadas sexualmente, decidieron compartir su experiencia de superación asesorando a otras mujeres maltratadas. Con el tiempo y la experiencia en la interacción con ellas, ellas mismas encontraron el camino para su sanación.

  • Comparte tu dolor

Aislarse es el peor enemigo de la curación del dolor. Comunicarse con los demás es una manera muy terapéutica de superar la.s adversidades. Dejar que otros se acerquen a ti es la mejor de las maneras de encontrar el significado del dolor. Cuando encontramos ese significado aprendemos a relativizar, a encontrar buenas puertas de salida con las que seguir con nuestras vidas de manera más constructiva.

  • Sigue creciendo.

No huyas de lamentar tu dolor. Lo que duele ha de doler para que pueda sanar. Lo importante es que, el dolor, no acabe dominando tu vida. En ese sentido hemos de evitar entrar en un estado de victimismo que en nada nos facilitará la recuperación. Solo reconócelo y sigue adelante a pesar de lo que estés sufriendo. Sé un buen maestro/a para sí mismo practicando el cuidado personal y promoviendo salidas creativas y sociales a los problemas. Aunque siempre es posible que el dolor no desaparezca, al menos del todo, puedes reducir su impacto avanzando con tu vida.

Si lo prefieres, simplifica estas opciones a un pensamiento constructivo que te ayudará a afrontar los momentos más difíciles relacionados con el dolor y es que…

Rendirse no es una opción.

blasramonpsicologo.wordpress.com

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Blas Ramón Rodríguez

Psicólogo. Especialista en Medicina Psicosomática y Psicología de la Salud, experto en intervención psicológica en Diversidad Funcional y Trastornos mentales, Master en psicología del trabajo, por las Universidades de Barcelona, Ramon Llull, San Jorge, UOC, de Las Palmas de Gran Canaria. Escritor y divulgador científico en diferentes medios de comunicación. El propósito de su actividad profesional, científica, divulgativa y literaria, es poner al alcance de cualquiera la psicología como elemento esencial para la mejora de la calidad de vida.
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