Psicología

¿Se puede ser “solo amigos” después de una separación?

“La amistad es probablemente la forma más común de amor” Stieg Larsson

Los sentimientos románticos no pueden simplemente encenderse o apagarse como si fuera un interruptor de la luz. Entonces, si alguien sinceramente quiere formar una amistad después de una ruptura; una nueva relación basada en la preferencia y no en la necesidad, tendrá que tomarse las cosas con calma. La falta de prudencia o el apresuramiento son los comportamientos que con más facilidad darán al traste con esta posibilidad, de existir, claro.

Por lo general, conviene tener espacio después de una separación de pareja, especialmente si ha mediado amor y respeto durante la relación. Si bien no hay un cómputo de tiempo para superar la separación, para acomodar los sentimientos a la nueva situación, porque cada cual se cura a su manera y a su ritmo; respetar las decisiones de la otra persona es el eje sobre el que girará lo que el tiempo dirá.

Ser “solo amigos” no es fácil en ningún caso, por mucho que sea posible en algunos casos. La amistad es mucho más que una relación cordial después de finalizada la relación amorosa. Los conflictos, desavenencias e incompatibilidades que provocaron la separación no desaparecen repentinamente. Por lo tanto, también es bueno plantearse si continuar con algún tipo de relación después de la ruptura es sano. Esta no es una cuestión menor. Si no se gestiona bien puede engendrar resentimientos y desgaste psicológico y emocional.

“Quedar como amigos” también esconde trampas. Quería llamar la atención sobre este particular. Hay quien utiliza el atajo de la amistad para continuar manteniendo un ejercicio de control sobre la otra persona, introduciendo elementos de ansiedad, cuando no de dolor y resentimiento en esa “nueva relación de amistad”. Pero como poderse, sí se puede tener una relación de amistad con la expareja, a pesar, incluso de la investigación psicológica que sugiere que las exparejas tienen por lo general relaciones de amistad de menor calidad que las que sostienen por separado con buenos amigos/as.

Parece lógico pensar que la probabilidad de que se desarrolle una amistad entre dos personas que han mantenido una relación romántica que se ha roto, pasa por la cantidad de cariño que ha sobrevivido a la distancia de seguridad que se precisa para recomponerse a uno mismo tras la ruptura. La liberación privada de los sentimientos de dolor es un destino de ida ineludible para empezar algo radicalmente distinto a lo que se había vivido. Las rupturas pueden desatar emociones reprimidas que no se deben compartir, ni mucho menos pretender comprensión por parte de la expareja.

La amistad es un regalo de tranquilidad y seguridad. Necesita de una evolución natural. Así que, si esto de lo que hablamos se asemeja en algo a lo que te gustaría en relación a una expareja, tómatelo con calma, da tiempo y espacio, permite que la otra persona tome sus propias decisiones en plena libertad. Solo así se acaban consiguiendo momentos que sumen cosas positivas para una amistad, que si se da, siempre tendrá algo de especial.

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Blas Ramón Rodríguez

Psicólogo. Especialista en Medicina Psicosomática y Psicología de la Salud, experto en intervención psicológica en Diversidad Funcional y Trastornos mentales, Master en psicología del trabajo, por las Universidades de Barcelona, Ramon Llull, San Jorge, UOC, de Las Palmas de Gran Canaria. Escritor y divulgador científico en diferentes medios de comunicación. El propósito de su actividad profesional, científica, divulgativa y literaria, es poner al alcance de cualquiera la psicología como elemento esencial para la mejora de la calidad de vida.
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