Un político divide a las personas en dos grupos: en primer lugar,  instrumentos; en segundo, enemigos.» Friedrich Nietzsche 

Sí, apenas ha comenzado el camino para la renovación de las once alcaldías quintanarroenses, antes de pensar en el cambio sexenal, deberemos transitar por la renovación de los presidentes municipales, pero la clase política ve la elección del próximo 06 de junio como un mero antecedente de la lucha del 2022, ante lo cual deja crecer escándalos y señalamientos de corrupción, como si en nada influyeran en el ánimo social, lo cual no sólo es error de estrategia, sino, sobre todo, soberbia, ante un electorado cada vez menos proclive a creer a “pie juntillas” en discursos incendiarios, sin correspondencia en la realidad.

El “cambio” y la 4T han resultado bastante parecidos en lo local, lo mismo hay escándalos de corrupción en Solidaridad o Benito Juárez, que en municipios enclavados en la zona maya como José María Morelos o Felipe Carrillo Puerto; lo mismo colapsa la recoja de basura en el sur que en el norte, siempre hay “amigazos” que “prestan” residencias y camionetas de lujo para los alcaldes. Y siempre, por supuesto, en el discurso, los señalados niegan cualquier “impureza” aduciendo “no ser iguales” a sus adversarios políticos o los que les antecedieron; o difunden videos victimizándose y aseverando que las acusaciones –aun con documentos en mano- forman parte de una cruzada en su contra por intentar acabar con la corrupción.

Aún con ese contexto, partidos y coaliciones pretenden impulsar reelecciones, como si al ciudadano le pasaran inadvertidas las acusaciones, como si no fuera evidente que las “acusaciones políticas” se corresponden ampliamente con la realidad que está a ojos vista, como si las mansiones y vehículos pudieran hacerse pasar por humildes casas de interés social y compactos económicos, respectivamente. En fin, que es esa actuación, tanto de actores políticos como partidos, evidencian un profundo desprecio por la ciudadanía y sus intereses, formas de pensar y anhelos de gobiernos mejores. No es que sea novedad, pero por lo menos en la última década el desdén por lo que el ciudadano piensa se ha acentuado. Lo importante es ganar, no importa el proyecto ni la calidad moral del gobernante.

Todo lo anterior nos remite al título de esta colaboración ¿se los imagina en la gubernatura? Entre todos los aspirantes a gobernar Quintana Roo, ¿identifica alguno que no haya estado o esté envuelto en algún escándalo de corrupción o que se haya evidenciado que recibe “beneficios” de diversos gobiernos? ¿Logra el lector distinguir desde ahora a alguno cuya motivación principal sea servir y no servirse? Uno solo. A poco más de un año de que concluya la presente administración estatal, no hay un solo contendiente que genere las expectativas, por ejemplo, que generó el sexenio que está a punto de concluir. Hay ambiciones grupales, sin duda, pero no esperanza colectiva. Hay una profunda abulia de liderazgos. Una lamentable carencia de visiones y objetivos.

Por cierto, si en algo tienen razón los políticos es que las denuncia y señalamientos provienen de sus adversarios, pero eso no implica que lo señalado y denunciado sea falso, por eso en este 2021, tanto para las elecciones de presidencias municipales, como las de la próxima gubernatura, el lector debe estar atento a todo lo que surja, pues es en estos periodos en que los contendientes hacen públicos los “defectos” del contrario y el ciudadano tiene la posibilidad de enterarse de “favores recibidos” y enriquecimientos perfectamente explicables, pero no necesariamente lícitos.

Por último, a menos de cinco meses de renovar las once alcaldías quintanarroenses, pero con los ojos puestos en la elección del 2022, y no en la del 06 de junio de 2021, ¿se imagina el lector a algún integrante de esta clase política en la gubernatura a partir del 25 de septiembre de 2022? ¿Surgirá algún aspirante que cumpla verdaderamente las expectativas ciudadanas de cambio y transformación? Difícilmente, pero aún hay tiempo, mientras el elector opte también por sufragio racional.

COMENTARIO MORBOSO 

 Este lunes, los militantes del Partido de la Revolución Democrática (PRD) elegirán una nueva dirigencia estatal, y el miércoles de la misma semana elegirán dirigencias municipales; no es el hecho resulte relevante, sino la manera en que lo harán, pues la actual dirigencia se ha resistido permanentemente a ceder el control partidista, ante lo cual un grupo de inconformes denunció el hecho ante el Tribunal Electoral de Quintana Roo (Teqroo), que por tercera vez ya instruyó para que se realice el cambio.

Y fue sólo así que el PRD nacional aprobó este sábado la convocatoria para la sesión “del primer pleno ordinario del IX Consejo Estatal del Estado de Quintana Roo”, así que, este lunes, habrá nueva dirigencia; aunque eso sólo implicará que un grupo diferente tomará el control del PRD, pero de ninguna manera una democratización interna o una mayor selectividad en la designación de sus candidatos a alcaldes en el proceso local que arrancó el viernes pasado.

El PRD actual y el que habrá este lunes por la tarde –si logran el quórum- postularán por igual a sus actuales alcaldes para la reelección, sin importar los escándalos de corrupción que algunos de ellos arrastran; luego entonces, en términos de utilidad social, son lo mismo; quien seguirá esperando un cambio de fondo es el ciudadano de a pie; así se observa desde aquí, A Tiro de Piedra. Nos leemos en la próxima.

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