Nicolás Durán de la Sierra

Remberto, el Aleluyo, Mecklery el temible ‘Efecto Mariposa’ (Primera parte)

“¡El payaso! ¡El payaso me dijo que  lo hiciera…”: Hannibal Lecter

Thomas Harris

En esta pulcra y galana columna se dará prueba indiscutible de la velada incidencia de la Teoría del Caos en la vida diaria del ser humano, incluidos en tal generalización hasta Jorge Emilio González y Donald Trump; la fuerza enunciada en la teoría de Laplace-Lorenz y popularizada por la cinta El efecto mariposa, ha coartado al Hombre desde el inicio mismo  de la Historia, antes de que se colocara la primera piedra de Ur. 

El lector no debe suponer que en los siguientes párrafos se dará un debate sobre el tema, no, nada más lejano a ello, pese a la oposición del determinismo de Poincaré, quien dice que “el azar es la medida de la ignorancia del hombre”. En cambio, se darán aquí muestras nítidas de la acción de tal teoría o efecto y, más aún, los ejemplos tendrán un ligero sabor regional, aunque sin caer en demasías, claro está.

¿Qué tienen que ver un anciano narrador de Portland que nutre sus fantasías con obras delirantes como el Malleus payasycus (Vaticano-1640); o John Wayne Gacy -“Pogo”-, un asesino serial que por años sembró el terror entre jóvenes de Crest Hill, Illinois, con una asociación de trabajadores de Chetumal, en Quintana Roo, que día a día ve como se pierden sus espacios de trabajo?

Mucho, aunque no lo parezca, pero antes y valiendo que se invocó a Chetumal, en recientes análisis en torno a la delincuencia en Quintana Roo, se coincide en que sólo el 21 por ciento de los crímenes que se cometen conciernen a los cárteles de las drogas y que el restante porcentaje, el 79, debe anotarse en el rubro de delitos del fuero común, con el robo en todas sus formas a la cabeza, sobre todo en la capital.

Pudiera creerse que tales cifras son un tanto positivas en tanto que dicen que el crimen organizado aún no campea en el Estado y que su impacto no es mayor. No obstante, se trata de una percepción errónea, pues los delitos del fuero común y el robo en especial, son los que afectan más a la comunidad y en especial a los que menos tienen, sobre todo en la periferia de las ciudades del norte y en todo Chetumal.

Cierto es que en Chetumal la espiral delictiva va a la alza desde hace meses, pero también lo es el que en las últimas semanas han menudeado robos a viviendas, asaltos y atracos a mano armada a plena luz del día. Esto acusa gran ineficiencia tanto de la policía municipal como de la estatal, sobre todo de la última que es más numerosa que la primera, está mejor armada y preparada, según se cuenta.

En Cancún y en Playa del Carmen la espiral es similar y menudean robos a comercios y residencias y si bien por su volumen poblacional el impacto no resulta tan noticioso como en la ciudad del sur, sí que lo es en lo que toca a la seguridad ciudadana. Bien haría el nuevo gobierno en presentar pronto una estrategia que abata el crimen en el Estado y sobre todo en Chetumal, ciudad hoy secuestrada por la delincuencia.

Tornando al tema y cual se dijo, ésta columna abonara en pro de la comprensión del ‘efecto mariposa’ y, para mayor gala, valiéndose de payasos, sí, de bouffons o de clowns, en francés e inglés; la ítala voz pagliaccio suena feo por lo que se deja al final. No se hablará de espontáneos o de improvisados de aquellos que hacen reír sin proponérselo como el singular y nunca bien ponderado ‘Aleluyo’.

Sin duda la protesta del Aleluyo don Gregorio Sánchez Martínez como XIV regidor del Municipio Benito Juárez muy digna fue de carpa grande y hasta tres pistas con coloridas banderolas –“regresé porque el pueblo me lo pidió con más de doscientos mil tweets”, dijo con ademanes melodramáticos-, pero no es payaso profesional. Su campaña contra Aguakán es para reírse, cierto, pero se insiste: no es profesional.

Como bien se sabe, si pudo lograr la regiduría fue por el apoyo que le diera el exgobernador Roberto Borge, quien con recursos públicos costeó su campaña al gobierno municipal bajo la franquicia del venal Partido Encuentro Social,  sólo con el fin de obstaculizar el camino del entonces candidato opositor de Carlos Joaquín, hoy gobernador del Estado, quien no recibe propaganda protestante, según se dice.

Quizá algún lector sagaz suponga que el arribo al nuevo cabildo del Aleluyo Sánchez Martínez -exalcalde de Cancún recordado, entre otros daños, por su intento de acabar con el ‘Ombligo Verde’- es peligroso para el edil Remberto Estrada, pero al pillo no le será fácil enquistarse en el nuevo gobierno, que para los business los verdes son finos; el riesgo es que se asocien y entones sí que Cancún estaría en problemas.

Empero, la ciudad no está tan al desgaire, pues dentro del cabildo están Berenice Polanco y Antonio Meckler, que ocupa la regiduría que dejara vacante Julián Ricalde, nuevo secretario del gobierno estatal. A ellos dos, curtidos políticos que quieren a la ciudad, les tocará evitar que se descarrile Cancún…. O, mejor, que se descarrile más, que así muy en su carril Cancún ya no está.

Antes de ir al tema toral de la non columna, se felicita a la XV legislatura, a su presidente Eduardo Martínez Arcila, por coordinar las labores que desmantelaron la tenebrosa payasada del “paquete de impunidad de Borge”, colección de maniobras disque legales con las que el exgobernador y sus asociados querían zafarse de las consecuencias de saquear las arcas chicas, medianas y grandes del tesoro estatal.

Comencemos pues a desliar la madeja, que mas de un lector está harto de distraerse con las aventuras de los pillos de albo cuello que con tanta generosidad se dan en el Estado, para ir al meollo: los payasos. El viejo narrador de Portland al que se hace referencia es nada menos que Stephen King, el autor de más de una veintena de novelas de horror y misterio al que los cursis llaman el ‘maestro del terror’.

Cabe decirse que a sus casi setenta años (1947) no es tan viejo como para decirle anciano, como se hizo al inicio del dicho párrafo, pero debe reconocerse lo útil del giro si se trata de un asunto tan dramático como el que nos atañe. Es autor de la novela It (Eso, en español) en la que, las más de las veces, un terrible payaso se sirve con la cuchara grande para salpicar de sangre las más de trescientas páginas del libro.

Si era un milenario espíritu demoniaco el que animaba al asesino, es lo de menos, pues para el caso lo que cuenta es que se transfiguraba en payaso, y es ese el personaje usado por los que filmaron no sólo la película de 1990, sino también sus secuelas y hasta una serie televisiva en Estados Unidos. Fue allí donde nació el problema que después repercutiría en Chetumal… La sombra de los payasos asesinos.

¿Es entonces al novelista Stephen Edwin King a quien se debe la casi mundial expansión de la coulrofobia, o el miedo a los payasos? En parte sí, como concluyeron estudiosos de este fenómeno en los Estados Unidos -¿dónde más?-, pero no del todo pues el autor, a su vez, siguió una ruta que comenzara en la Europa de mediados del Siglo XVI y luego llegara, de la mano  ensangrentada de Pogo, al boscoso Illinois. (Continuará)

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Nicolás Durán de la Sierra

Originario de la Ciudad de México (1960) estudió periodismo en la Escuela de Periodismo Carlos Septién García, con cursos externos de filosofía e Historia de la Literatura en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM Y de Economía en la Universidad Autónoma de Madrid, España.
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