En las redes hay que prestar atención, sobre todo, a lo que no se dice“ #blasramon

Mira a tu alrededor. Si te pido que me digas que estás viendo en este preciso momento, en relación a la gente que te rodea, o  si te solicito que me lo comentes dentro de un rato, cuando hayas podido comprobar qué es lo que hace la gente que te rodea, existe una probabilidad muy alta que me respondieras que habías visto a muchas personas conectadas, incluso permanentemente conectadas, a sus dispositivos tecnológicos de comunicación, mayoritariamente teléfonos inteligentes.

Aunque no sepas exactamente qué es lo que esas personas están haciendo, no creo que tengas problema alguno en pensar, como yo, y como tantos otros y otras, que muchos de ellos están interaccionando en Redes Sociales.  Si en le preguntara a una de esas personas lo mismo que a ti, su respuesta sería muy similar a la tuya.

Sabemos que la tecnología puede ayudarnos a administrar mejor nuestras vidas. No cabe, a día de hoy, la menor duda de que, también, afecta a la calidad de nuestras relaciones. Cada vez más personas y cada vez durante más tiempo, utilizan la “socialización virtual” en su vida cotidiana. En este sentido, permítanme que les señale algunos aspectos que resultan problemáticos en el uso de Redes Sociales, y que conviene mucho no pasar por alto, especialmente si somos o nos rodeamos de personas menos maduras y vulnerables. Como psicólogo y divulgador neurocientífico, queda claro que mi propósito es aportar ideas y asesoramiento psicológico, sobre aquellos aspectos de la realidad humana que pueden generar dificultades para una mejor calidad de vida.

Las redes sociales han revolucionado la forma de comunicación. Tienen mucho de positivo, no nos vamos a extender en esta obviedad. Pero, también, peligros con los que hemos de andar en cuenta. Paradójicamente, la falta de comunicación y el aislamiento son problemas singulares en el uso, y especialmente en el abuso de las redes sociales. Cuando las redes sociales son un instrumento de autopromoción dejamos de escuchar. A diferencia del cara a cara, en las comunicaciones virtuales se corre el serio peligro de no ver, y por lo tanto de no atender y no empatizar con quien tenemos enfrente de la pantalla. Lo que suele ocurrir es que nos alejan de la gente cercana, especialmente cuando sin ser conscientes del todo empezamos a sufrir el fenómeno del phubbing (del que ya hemos hablando en otro artículo en esta misma revista) . Engaños, cobardía, falsa de seguridad, son otros aspectos que se introducen cuando la comunicación se vicia por la ansiedad de la novedad, del rumor y hasta del chisme.

Parecería un fenómeno contradictorio que, por un lado, se nos abran inmensas posibilidades de comunicación efectiva y positiva y, por el otro, la comunicación se base en la casi invisibilidad de los demás. Sin embargo, esto último viene muy determinado por lo que ya conocemos como “la tiranía del like”, por el que se sube a lo virtual el viejo dicho de “tanto tienes, tanto vales”, quien más like tenga, será más valioso. Se diría que no hay vida más allá de los likes, cuando la comunicación en realidad solo la estamos estableciendo con nosotros mismos. Afortunadamente todavía estamos a tiempo de no sustituir la comunicación personal por la conexión virtual.

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