La radio y la televisión hoy son territorios vedados para la competencia electoral y aún más para las campañas negativas. Lo de hoy son las redes sociales donde los candidatos están tratando de sobresalir, pero también de denostar al rival. Lo cierto es que el lado artero de las campañas electorales se trasladó desde hace algunos años a las redes sociales, con una ferocidad que no había sido vista ni en los mejores tiempos de la guerra sucia en los medios tradicionales. Eso, lejos de provocar alguna ganancia sólo está sirviendo para invitar a que se establezcan nuevas legislaciones mordaza. En México tenemos una de las legislaciones electorales más robustas del mundo, a mi entender, las campañas se encuentran sobre reguladas y lo anterior genera que, prácticamente todos los participantes en un momento u otro terminen violando la ley. Particularmente uno de los elementos que más se acusan en la actualidad es la guerra sucia el interior de las campañas.

De hecho, la actual batalla electoral local se ha concentrado en descalificar al oponente, inventar acusaciones, “filtrar” documentos apócrifos y modificar fotografías, entre muchos otros trucos. Paradójico porque en otras entidades de la República Mexicana y más allá, precisamente estas herramientas de la tecnología han servido para promover candidaturas y hasta coadyuvar al triunfo. Y es que, aprovechando las lagunas en la legislación electoral, diversos grupos han hecho millonadas creando campañas oscuras en medios digitales, esto con las facilidades brindadas por las redes, es relativamente sencillo crear falsos perfiles, alterar hechos y operar conforme a los tópicos del momento. Pues es claro que las campañas en radio y televisión, y ni se diga las que se están llevando a ras de piso, pasan por un espacio de cierta sorna y desinterés de las fuerzas políticas y sus abanderados. A estas alturas, todos parecen estar convencidos que esas son estrategias políticas de apariencia, en las que todo está determinado únicamente por lo que parece y por lo que se puede pagar.

Para bien o para mal, aún hay vacíos legales en el marco legal electoral, por lo cual prácticamente cualquier persona, incluso “bots” o cuentas manipuladas por un mismo equipo de cómputo, pueden masificar un mensaje, a favor o en contra. Las redes sociales tienen un enorme valor en la libertad de expresión, pero ésta sería todavía más válida si quienes critican y señalan o propone, lo hicieran con nombre y apellido, y no escudarse en la cobardía del anonimato.

Está claro que, si existen en México más de 51 millones de internautas y pasan más de 5 horas conectados, estamos hablando de un medio muy importante, pero, hay que hacer una distinción, no todo es miel en estos números ya que de ahí se desprende muchos de los ataques en campañas. De lo que hay certeza es que la guerra negra solo empaña y altera el tránsito normal del proceso electoral como el que hoy vivimos. Sería lamentable que la ciudadanía esté más atenta en qué se dice negativamente de tal o cual candidato, antes que poner atención en las propuestas que los aspirantes estén haciendo.

Estamos en un proceso electoral en el que la guerra sucia empezó. Donde conforme pase el tiempo es previsible que arrecie. Se advierte en las redes sociales, donde se difama, miente o desinforma, desde “usuarios fantasmas” conocidos como bots, cuentas falsas o hackers.

Comentarios