Psicología

¿Qué nos hace personas fácilmente manipulables?

La manipulación es una manifestación de las conductas de control que desarrolla una persona con relación a otras. Es una forma de egoísmo. Es una maniobra de apropiación de las ideas, de las acciones y de los recursos de otra persona en base percutir sobre su vulnerabilidad. Las estrategias más utilizada por el manipulador son  la seducción, el chantaje emocional, la coacción y la victimización.

La manipulación se retroalimenta de los sentimientos más devaluadores que una persona tiene consigo misma, como el de ridículo y vergüenza, el de pudor o el de culpabilidad. Quien nos puede manipular suele estar entre nosotros, nos conoce, y entre más nos conoce más es capaz de influir en nuestro comportamiento y en nuestras decisiones. La manipulación es siempre una agresión y, en consecuencia, conviene no restarle importancia a su efecto sobre nuestras vidas.

Quien utiliza la manipulación, sea más o menos encubierta, busca ejercer influencia sobre los demás con la intención de enriquecerse, disfrutar de beneficios, evitar un trabajo, controlar a su pareja, aparentar lo que no es o apropiarse de lo que no tiene. Todos ellos o ellas tienen en común la capacidad para desarrollar el arte de la seducción, el camuflaje y el engaño. Pero también, y de ahí su patrón de conducta tóxico, dañino para quien es objeto de sus manejos, capaces de utilizar el victimismo personal en beneficio propio. En general, la persona manipuladora es una gran experta en el chantaje emocional. Resultan grandes embaucadores cuando ejercen el papel de pobre víctima.

Existen personas manipuladoras y personas manipulables. De quien manipula hemos comentado alguna de sus características más definitorias. Podemos añadir algunas otras, como sus habilidades para cambiar de tema o culpar a otros, o la intimidación encubierta, que nos pueden ayudar a descubrir a alguien que, de alguna manera, está tratando de manipularnos. Pero…

¿Qué nos hace manipulables?

Probablemente todos coincidamos en que, si la opinión de otros determina gran parte de la forma en que nos comportamos o las actividades que realizamos, e incluso si llegamos a hacer algo que no deseamos por sugerencia ajena, podemos estar siendo manipulados. Claro que, habrá quien sea más consciente o menos de ello dependiendo de las circunstancias y de las personas que estén implicadas.

La necesidad de compañía, especialmente en personas con un trastorno de personalidad dependiente (Dependencia Emocional), la necesidad de reconocimiento personal y laboral, las relaciones familiares condicionadas y patriarcadas, la amistad, son realidades y sentimientos que pueden ser utilizados por el manipulador. La dominación se desarrolla en el miedo y en los principios de recompensa, castigo y sumisión que caracterizan a las personas fácilmente manipulables.

Todas las personas somos susceptibles de recibir influencias de otras personas. Somos seres sociales y en las interacciones con los demás no es difícil que suframos algún tipo de manipulación. No obstante, las personas cuya autoestima es baja o fluctúa con frecuencia suelen ser más vulnerables a las manipulaciones. No podemos establecer un perfil que defina a estas personas como conjunto, pero, además de los problemas de autoestima, las personas más manipulables presentan dificultades para el sentido común, profundo temor al conflicto, falta de asertividad y mucho miedo a la soledad.

¿Cómo podemos dejar de ser tan influenciables?

“A veces hay que poner distancia para observar lo que se está viviendo y darse cuenta de los límites”

Casi todo en la vida pasa por conocer nuestros límites. Conocernos a nosotros mismos, creer en nosotras mismas, es el mejor antídoto contra todo intento de manipulación de otras personas. Desarrollar nuestra autonomía emocional significa comprender que nuestro bienestar personal y psicológico pasa por la asertividad, por establecer claramente nuestros derechos a ser y actuar de manera independiente a la voluntad o a los intereses de otras personas, por muy cercanas a nosotros que éstas sean.

Debemos escucharnos, atender a lo que sentimos. A veces es ineludible que tomemos distancia para observarnos mejor lo que estamos viviendo, es una excelente manera de reconocer nuestra propia responsabilidad ante el hecho de estar sufriendo una manipulación. El proceso de reaccionar ante determinada situación o persona sucede en nosotros. Es decir, debemos esforzarnos por empoderarnos, por arriesgarnos a tomar nuestras propias decisiones, o lo que es lo mismo, debemos  permitirnos equivocarnos.

Controlar los miedos. El miedo reduce nuestra capacidad asertiva de responder a las manipulaciones. Ponernos a la defensiva nos sitúa dentro del área de influencia de cualquier manipulador. Los miedos se ahuyentan afrontándolos, desde la plenitud de nuestro ser, recuperando nuestro poder. No es fácil cuando se han vivido experiencias de manipulación, pero sí se puede; para lograrlo debemos potenciar o en su caso recuperar la soberanía sobre nuestro mundo interior y asegurarnos de no dejar puertas abiertas a la sumisión.

Si tienes duda de cuál es tu nivel para afrontar los intentos de manipulación, o por el contrario, cuan manipulable puedes llegar a ser, responde a las preguntas de este test, y averigua hasta qué punto te dejas manipular por personas de tu entorno.

Test: ¿Eres fácil de manipular?

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Blas Ramón Rodríguez

Psicólogo. Especialista en Medicina Psicosomática y Psicología de la Salud, experto en intervención psicológica en Diversidad Funcional y Trastornos mentales, Master en psicología del trabajo, por las Universidades de Barcelona, Ramon Llull, San Jorge, UOC, de Las Palmas de Gran Canaria. Escritor y divulgador científico en diferentes medios de comunicación. El propósito de su actividad profesional, científica, divulgativa y literaria, es poner al alcance de cualquiera la psicología como elemento esencial para la mejora de la calidad de vida.
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