Las promesas que hicieron ayer los político son los impuestos de hoy.  William L. Mackenzie King

No se necesitan artes de pitoniso para atinar en la advertencia que el escribiente lanzó hace algunas semanas: los municipios cargarán al ciudadano todas las carencias presupuestales provenientes de la federación, dejando al ciudadano no sólo con malos servicios públicos, sino con la responsabilidad de mantener gobiernos que no reducen en nada los excesos a los que sus responsables se han acostumbrado apenas asumieron sus cargos.

Solidaridad fue el primero en modificar sus tablas catastrales este sábado, pero con la “puerta abierta”, lo harán todos, la crítica generalizada, infieren, genera menor impacto, pero no serán los únicos gravámenes que sufrirán modificaciones, pues las licencias de funcionamiento, de construcción y hasta el cobro de saneamiento ambiental (aunque este no lo paguen los habitantes sino los visitantes) aprobado hace apenas dos años, tendrá ahora una extensión para el turismo que llegue vía cruceros, no sólo a los que se hospeden en hoteles.

Y en términos generales no es incorrecto, la teoría y práctica de la administración pública establecen que los gobernados deben tributar para el sostenimiento del Estado y sus instituciones, para además recibir seguridad y servicios que posibiliten la vida armónica en un entorno social y con posibilidades de desarrollo; pero la distrofia entre teoría y práctica es evidente cuando no se recibe por lo que se paga, cuando el enriquecimiento del gobernante es la constante y los excesos norma común.

¿Cómo explicar, por ejemplo, que los municipios José María Morelos y Felipe Carrillo Puerto han solicitado adelanto de participaciones para lograr sufragar los gastos del año 2019, cuando la presidenta del primero, Sofía Alcocer Alcocer, tenía un sueldo superior al del gobernador y del presidente de la República y luego del escándalo –y a iniciativa de sus regidores- se vio obligada a reducirlo, junto con el de los ediles; mientras que en el segundo ayuntamiento, José Esquivel Vargas, ha sido exhibido por su propia familia organizando bacanales en pleno palacio municipal?

Ciertamente, los recortes presupuestales federales obligan a todos los niveles de gobierno a instrumentar políticas compensatorias que permitan hacer frente a las responsabilidades, ¿pero a qué privilegios renuncian los “virreyes” municipales? El presupuesto federal está estancado hasta ahora por negativa de los diputados de Morena de modificar el proyecto enviado por el presidente Andrés Manuel López Obrador, pero además han anunciado que habrá unos 30 mil millones de pesos extras del Ramo 28 para estados y municipios, lo cual se conocerá con certeza el 20 del presente mes, cuando se apruebe el presupuesto, luego de lo cual vendrá la discusión estatal.

Hasta ahora, se ha estimado que el presupuesto estatal será, por lo menos, igual al del año pasado, pero con más cobros municipales (por cierto, falta conocer también los incrementos estatales); es decir, el ciudadano pagará más por lo mismo, y es aquí donde el reto surge para el Congreso de Quintana Roo, de erigirse en un verdadero contrapeso, pues a este órgano corresponde el análisis y aprobación –en su caso- de los recursos que los once ayuntamientos y el gobierno estatal ¿De qué manera se garantizará al ciudadano que lo que pague regresará en servicios y beneficios tangibles, repite el escribiente, tangibles?

La semana que inicia es crucial, el miércoles deberá haber presupuesto federal y antes de que concluya, el estatal. Es ahora donde se demuestra el interés por el ciudadano, el compromiso con los electores, la visión de futuro y la manera en que la cuarta transformación republicana –o el cambio prometido en lo local- beneficiarán a los quintanarroenses. Se ha cumplido el primer año del sexenio y viene la segunda mitad del gobierno estatal, la palabra la tienen ellos, porque claro es que en los municipios y sus “virreyes” no está la respuesta.

COMENTARIO MORBOSO

La Universidad de Quintana Roo (Uqroo) atraviesa desde hace un año por el conflicto más profundo de sus 28 de existencia, situación que sólo quedará zanjada si su nueva administración es capaz de entender los retos, atender las demandas y hacer justicia a los que han contribuido a hacerla la máxima casa de estudios.

El rector actual, Francisco López Mena, ha hecho algunas designaciones que parecieran tender a reconocer el esfuerzo de sus trabajadores, del talento ahí formado; sin embargo la medida no sólo es incipiente, sino que, además, las demandas de fondo no están siendo atendidas aun cuando son legales, así lo ha planteado el Sindicato de Trabajadores Académicos y Administrativos de la Universidad de Quintana Roo (Sauqroo), órgano que demanda la firma de un contrato colectivo de trabajo para sus más de 250 integrantes. Sólo es legalizar la situación laboral de los que ya están ahí, dicen; lo que por derecho les corresponde.

La resistencia de la administración, apuntan fuentes internas, es el fuerte impacto presupuestal que representa atender la demanda sindical, cuestión sin embargo que no puede ser justificación, pues la falta de recursos representa el atropello de los derechos de trabajadores con hasta 20 años de antigüedad que han sido mantenidos por contrato, haciendo crecer “artificialmente” a la Uqroo, a costa de no reconocer el esfuerzo; por ello han establecido este martes como la fecha límite para la negociación o sobrevendrá el paro laboral.

López Mena parece no tener salida, o tal vez una, “limpiar” la abultada nómina heredada por su antecesor Ángel Rivero Palomo (que ahora encabezará el Colegio de Profesionistas en Comunicación, tema de otra colaboración); y hacer un esfuerzo de planeación y presupuestación para 2020 que permita crear espacios para docentes y administrativos cuyo mérito es real y no por recomendación; difícil tarea, cuando en lo local los recursos son escasos y el gobierno federal tiende a recortar los asignados en años anteriores, esa es la consecuencia de administrar –se insiste- el crecimiento “artificial” de una institución que por años ha representado los anhelos de los quintanarroenses de tener una universidad que forme a sus generaciones jóvenes, así se observa desde aquí, A Tiro de Piedra. Nos leemos en la próxima.

 

 

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