Psicología

Por qué nos sentimos ansiosos

La ansiedad emerge de la conciencia de que estamos vivos y de la evidencia de que moriremos tarde o temprano.

Una incapacidad para sentir ansiedad sería similar a una incapacidad para sentir dolor” Blas Ramón.

Decía José Saramago que, al igual que la humanidad vivió la era de piedra o la era del hierro. Hoy estamos instalados en la era de la mentira, y de la ansiedad, añadiría yo. Los problemas de ansiedad son la clase de conflictos psicopatológicos más comúnmente diagnosticada de trastornos psicológicos.

¿Pero qué es la ansiedad?

La ansiedad es una adaptación seleccionada, que sirve para alertarnos de diversas amenazas ambientales. En este sentido, es una capacidad positiva que nos pone en alerta sobre los riesgos de pérdida o de situaciones que hemos de superar. Otra cosa es cuando la ansiedad se convierte en un trastorno, en base a la preocupación anticipada, a la aprensión persistente con respecto a posibles amenazas futuras. Conviene no confundirla con el miedo, que implica la percepción de un peligro inequívoco e inminente que exige una respuesta de acción inmediata en forma de lucha o huida. 

Un ejemplo para hacer esto que acabo de comentar claramente entendible. El miedo a las alturas creó, evolutivamente, un sistema de alarma en el ser humano, que le ha permitido evitar situaciones de peligro real, como asomarse a un acantilado o alongarse en una ventana. Este mecanismo, que está permanentemente encendido, puede generar, por el contrario, una situación de hipervigilancia que se convierte en trastorno cuando se sobre activa innecesariamente en un entorno dominado por alturas seguras (edificios de oficinas, ascensores panorámicos, aviones, etc.). Es decir, la ansiedad se nos transforma en un patrón de reacción neurótica y angustiosa ante situaciones de manera desproporcionada.

La ansiedad emerge de la conciencia de que estamos vivos y de la evidencia de que moriremos tarde o temprano. Cuando nuestra conciencia es proporcionada a esta realidad, la ansiedad que nos produce nos ayuda a manejar mejor nuestra vida, a construirla de manera satisfactoria nuestra experiencia vital en la mayoría de las situaciones. Por el contrario, la ansiedad maniática, nos sumerge en conductas desproporcionadas de evitación o inhibición de la actividad o la propia conciencia. Dicha conducta nos restringe la libertad individual. La restricción de la libertad impide que vivamos una vida plena y auténtica.

La ansiedad es aprendida, tanto aquella que enseñó al humano a sobrevivir subiendo a un árbol cuando le perseguía un león, como aquella que no nos deja vivir pensando que la sombra de una montaña es una montaña infranqueable; la diferencia es que en esta última, paradójicamente, se inhibe la capacidad de aprender. En ambas existe preocupación, pero cada una resuelve de manera distinta el afrontamiento de la preocupación en áreas de posible amenaza o pérdida, como las relaciones, los problemas sociales y laborales. La ansiedad funciona, igualmente, como un sistema de alarma cognitiva; los pensamientos predictivos nos permiten prepararnos para eventos futuros de manera adecuada, pero también se pueden transformar en recurrentes, obsesivos y distorsionados que rumiamos sin solución de continuidad.

Para nosotros, los psicólogos, la ansiedad es el núcleo de un sistema de protección adaptativo que da respuestas a circunstancias externas e internas de nosotros mismos. Cuando necesitamos resolver un problema, la ansiedad nos ayuda a centrarnos en él para encontrar la decisión más conveniente al mismo. Pero ocurre que, con niveles crónicos de preocupación, con el tiempo, una ansiedad debilitante y disruptiva puede afectar a la salud mental y física.

La  incapacidad para sentir ansiedad sería similar a una incapacidad para sentir dolor. Pero al igual que el dolor, la ansiedad nos proporciona información que a menudo resulta esencial para nuestra supervivencia e integridad psicológica. Como también ocurre con el dolor, las situaciones de ansiedad requieren de nuestra escucha, observación y disposición para aprender a controlarla en lugar de tratar de negarla y evitarla.

Comentarios

Etiquetas

Blas Ramón Rodríguez

Psicólogo. Especialista en Medicina Psicosomática y Psicología de la Salud, experto en intervención psicológica en Diversidad Funcional y Trastornos mentales, Master en psicología del trabajo, por las Universidades de Barcelona, Ramon Llull, San Jorge, UOC, de Las Palmas de Gran Canaria. Escritor y divulgador científico en diferentes medios de comunicación. El propósito de su actividad profesional, científica, divulgativa y literaria, es poner al alcance de cualquiera la psicología como elemento esencial para la mejora de la calidad de vida.
Botón volver arriba
Cerrar