Salud

¿Por qué el agua y el jabón son los mejores aliados para prevenir contagio del Covid-19?

La química supramolecular y la nanociencia indican no sólo cómo los virus se autoensamblan, sino también nos enseñan cómo podemos vencerlos con algo tan simple como el agua y el jabón.

Apenas este miércoles 18 de marzo, Tedros Adhanom, director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), hablaba de la importancia del trabajo colaborativo y las opciones científicas y de investigación que trabajan en tiempos nunca antes vistos para encontrar la vacuna contra el Covid-19 o la manera de tratar a los pacientes; un ejemplo es el proyecto Solidarity, el primer ensayo clínico mundial contra el nuevo coronavirus.

Pero esta fuerza colaborativa llega en todos los sentidos y aspectos, desde los más complicados, hasta los que parecerían más simples. Mucho se ha hablado del lavado de manos y su eficacia, pero a ciencia cierta, no se ha explicado por qué esta medida es una de las más eficaces contra el Covid-19.

Los investigadores Gabriel Merino, del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional, Jessica Flood-Garibay y Miguel A. Méndez-Rojas, ambos de la Universidad de las Américas Puebla (UDLAP), responden ¿por qué el jabón funciona para inactivar el coronavirus, y en general, a la mayoría de los virus?

Basados en información otorgada por Palli Thordarson, experto en nanotecnología de la Universidad de Nueva Gales del Sur de Australia, los especialistas explican: al toser o estornudar, se expulsan pequeñas gotas de saliva que vuelan entre 2 y 10 metros, por ello es tan importante cubrirse apropiadamente la boca. Estas gotitas se depositan en las superficies y se secan rápidamente, pero los virus contenidos en ellas aún están activos por horas, incluso por días, antes de encontrar un organismo huésped.

La humedad, la luz solar (luz UV) y el calor pueden desactivar al virus, pero su permanencia depende también de las interacciones con las superficies en las que se depositan. Los metales, cerámicos y algunos plásticos, como el teflón, no forman interacciones fuertes con el virus, pero pueden mantenerlo estable y activo.

Las fibras de las telas (naturales o sintéticas) o la celulosa de la madera forman interacciones fuertes con los virus, pero la piel es la superficie de depósito ideal para un virus, ya que las proteínas y ácidos grasos de las células muertas los adhieren fuertemente a ésta. Por tanto, cuando tocas una superficie metálica contaminada con virus, éstos se pegan a tus manos porque la interacción con la piel es más fuerte.

En ese momento aún no estás infectado. Sin embargo, ya que la mayoría nos tocamos la cara frecuentemente (una vez cada 2 a 5 minutos), es fácil que un virus llegue a las vías aéreas y nos infecte. Una vez en manos y rostro, el virus puede transmitirse al saludar de mano o con un beso a otra persona, sin necesidad de que le estornudes en la cara.

Los virus son muy estables pero pueden destruirse fácilmente con jabón.  Cuando lavamos las manos con agua y jabón, los surfactantes del jabón disuelven las grasas de la membrana viral, desintegrando e inactivando al virus. Los surfactantes son moléculas que poseen un extremo con afinidad al agua (hidrofílico) y otro a las grasas (lipofílico), que son similares a los lípidos de los virus.

Si nos lavamos las manos sólo con agua, ésta no es capaz de romper las interacciones entre la piel y los virus. Lavar con agua no es suficiente, hay que añadir jabón. Además, como la piel es muy rugosa, se necesita tallar fuertemente para asegurar que el jabón alcance cada grieta y rincón de la superficie de la piel donde se esconden los virus.

Los productos basados en alcohol contienen porcentajes entre 60-80% de etanol, así como agua y un poco de jabón. El etanol y otros alcoholes también forman interacciones favorables con los componentes del virus, pues son más lipofílicos que el agua. Por tanto, el alcohol puede disolver la membrana lipídica y romper las interacciones que forman la estructura del virus aunque no es tan bueno como el jabón para esta tarea, pues requiere de mayores cantidades.

En general, los desinfectantes líquidos, toallas, geles y cremas que contengan alcohol (y jabón) tienen un efecto similar, pero no son tan efectivos como el jabón común. Además, los agentes antibacteriales contenidos en dichos productos no afectan la estructura del virus ni su actividad

El jabón es lo más recomendable (y más barato), aunque las toallitas o el gel pueden servir cuando el jabón no es práctico o no se tiene a mano (por ejemplo, en la oficina).

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El Economista
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