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El fantasma de Donald Trump como presidente del vecino del norte se ha hecho realidad. La victoria del magnate republicano y sus invectivas proteccionistas es interpretada por los analistas como una ola de incertidumbre para la economía mexicana, que podría mutar en una grave crisis. El termómetro del mercado cambiario ya ha enviado sus señales de alerta: ha perdido más de un 10% durante la tarde electoral hasta hundirse en un nuevo mínimo histórico.

Las previsiones para el próximo año con Trump en la Casa Blanca pasan por un bloqueo de las inversiones, el traspiés del comercio y un derrumbe del PIB de en torno al 3%.

La consecuencia más inmediata y palpable ha sido y seguirá siendo el comportamiento de la divisa. “A partir de este martes el peso entrará en una nueva fase”, apuntan los analistas del BBVA Bancomer. La moneda mexicana, que ya acumula una depreciación de más 40% en dos años, tocó su mínimo histórico —20 unidades por cada billete verde— a mediados de septiembre, cuando Clinton suspendió temporalmente su campaña por una neumonía. Hoy ha llegado a tocar los 20,6. La “nueva fase” lo colocará en una estratosférica banda de entre los 22 y 26.

La presión sobre el peso y sus derivadas inflacionistas ya han obligado al Banco de México a actuar con determinación. En lo que va de año, el guardián de la política monetaria ha subido los tipos de interés hasta en cuatro ocasiones, para pasar del 3 al 4,75%. Las previsiones ahora pasan por unos movimientos aún más acelerados: la tasa podría llegar al 7%.

“Con Trump se rompe el ‘statu quo’. Banxico tendrá que intervenir de manera más agresiva, inyectando dólares en el mercado, y la Secretaria de Hacienda también tendrá que actuar”, indica Olaf Sandoval, analista económico de GBM. Durante todo el año pasado, el Banco de México estuvo bombeando dólares para amortiguar los golpes. Fueron 38.000 millones de dólares que volaron del almacén de las reservas. Las analistas dan por hecho que volverán las inyecciones y podrían superar las cifras del año pasado.

La dependencia económica con EE UU es tan acentuada que un estornudo en el norte provoca una gripe en el sur. Al calor del tratado de libre comercio, Washington se ha convertido en el mayor socio comercial y e inversor. Más de la mitad de la inversión extranjera directa y casi el 80% de las exportaciones cruzan Río Bravo. Con un 25% del PIB proveniente del sector exterior, contar con un presidente estadounidense que ha tomado como bandera durante su campaña una renegociación del NAFTA (tratado de libreo comercio de las Américas, en sus siglas en inglés) es una grave señal de zozobra.

El Gobierno de Enrique Peña Nieto llevaba meses en guardia. A partir de ahora llega el momento tomar partido. “El gobierno, en lugar de recortar el gasto tendría que imponer programas para aminorar el golpe de la caída de las exportaciones. Esto podría provocar un mayor déficit y como consecuencia un mayor riesgo de recorte en la calificación crediticia de la deuda soberana de México”, dice la directora de análisis de Banco Base Gabriella Siller. Esta espiral afectaría a su vez como un desincentivo para la inversión y al consumo, provocado una contracción del PIB el año que viene.

La incertidumbre ha afectado a los susceptibles mercados desde la aparición en la escena política de Trump. La inversión directa ha caído un 11% en lo que va de año y la previsión ahora es que siga cayendo. “La salida o renegociación de NAFTA o bien la imposición de una medida como un arancel afectaría a las exportaciones mexicanas y por lo tanto al empleo y al crecimiento económico. Como resultado del menor comercio también disminuiría la inversión extranjera directa. Así entre la caída en las exportaciones y en la inversión, el PIB de México podría caer 3% en un solo año”, cierra Siller.

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