El brutal asesinato del periodista Rubén Espinoza Becerril y de otras tres personas más, entre ellas la activista Nadia Vera, que se presume fue orquestado desde el gobierno de Veracruz que encabeza Javier Duarte de Ochoa, perfilada síntesis de la corrupción mexicana, traspasó nuestras fronteras para devenir en ejemplo irrefutable de la podredumbre política que se vive en el país, un país secuestrado por señores de horca y cuchillo.

Ah, también y para colmo, por cárteles de narcotraficantes coludidos con el poder público.

Esta acusación en contra del mandatario veracruzano, no es “maniobra política” para desestabilizar su gobierno, como alega, sino que se suma a un verdadero rosario de denuncias en su contra por lo que es: un sanguinario represor de periodistas críticos y de dirigentes sociales que no se pliegan a sus deseos. No lo podría ser sin el aval federal, en especial de Miguel Ángel Osorio Chong, el responsable de la política interna nacional.

Aunque ya se ha dicho, no está de más repetirlo: Duarte de Ochoa, en los últimos dos años de su gobierno, tiene un record oprobioso: diez periodistas asesinados, cuatro desaparecidos y 132 ataques contra la prensa estatal, según ha documentado la agrupación de protección a periodistas Artículo 19. En este rol no se incluye a las decenas de dirigentes sociales que han sido muertos en diversas partes de ese estado.

Como se dijo, el homicidio de Espinosa Becerril ya traspasó nuestras fronteras y en diversos diarios del mundo se ventila el caso. Carlos Manuel Balderas, de World Image Press, publicó hace unos pocos días un amplio artículo titulado ‘Terrorismo de Estado: el caso de Rubén Espinosa’ en el que acusa al gobierno mexicano de ser responsable de no garantizar la seguridad de los periodistas y de socavar, por ende, la libertad de expresión.

Entre otras, hace estas reflexiones: “Cuando los terroristas islámicos mataron al periodista estadounidense James Foley en Irak, el planeta entero se horrorizó con la barbarie, el escándalo provocó incluso rumores de intervenciones militares. ¿Qué diferencia hay con lo que está ocurre en México? ¿Qué diría Obama si esto hubiese ocurrido en Venezuela, en Irán o si el fotógrafo hubiera sido norteamericano?

“Sólo en la última década –añade- son más de ochenta los  periodistas que han sido muertos y diecisiete los desaparecidos en un supuesto país democrático y en paz. La cifra de estos muertos mexicanos a partir del año 2000 contrasta con los sesenta y ocho periodistas asesinados en la Segunda Guerra Mundial, o los diecisiete en la guerra de Corea, o los 66 caídos en Vietnam.

“Los medios de comunicación (de México) son blanco de ataques armados y de amenazas constantes sin que país alguno levante la ceja. Los terroristas han asesinado a periodistas, fotógrafos, caricaturistas… y exceptuando los comentarios de algunas organizaciones no gubernamentales y algunos artículos aislados, nadie había dicho nada.

“La muerte de Rubén Espinosa ha sido, no obstante, la gota que por fin ha derramado el vaso. La última gota en un vaso lleno de sangre. Los medios que en algunos lugares del mundo llevaban años ignorando anteriores asesinatos, han despertado ya ¿Cuántos periodistas deben morir para que reaccionemos?

– – – – – – – – –

 Debido a las varias protestas por el anuncio hecho en la pasada entrega en el sentido de que ya no se tocaría más el affaire de Don Vargas Llosa con “la china” Isabel Presley, se anuncia que el Dictum est anterior pasó a ser un casi Dictum est, por lo que el tema se tocará de manera eventual. Sin embargo, se itera que la frase de ella: “yo no he roto ningún hogar; el suyo ya estaba roto desde hace tiempo”, es plebeya hasta la médula.

Habiendo como hay tantas frases de corte distinguido, con charmé, como por ejemplo: “es que quería que Don Mario, como escritor que es, me enseñara el uso correcto del punto y cama”, resulta procaz que salga con excusas dignas de modistilla gala en los cuentos de Guy de Maupassant. Yo no fui, fue teté. Buaj.  Originalidad, señora, originalidad, si es que en verdad pretende que sus amores se ventilen fuera de las ‘revistas del corazón’.

Por cierto, tocado el adjetivo ‘procaz’, en el nuevo número de los Cuadernos de la Gaceta del Pensamiento se presenta el volumen Antología personal amorosa del laureado escritor René Avilés Fabila. Se trata de una compilación de cuentos hecha en especial por el autor para estos Cuadernos, una deferencia. En la nota del editor se incluyen algunos fragmentos de la Biografía procaz del propio literato, entre los que se incluyen frases como:

“Soy René Avilés Fabila, nací en el DF y aquí estudié hasta concluir Ciencias Políticas en la Universidad Nacional. Luego, fui a la Universidad de París para realizar estudios de posgrado. No sé para qué, pues siempre quise ser escritor de novelas y cuentos” o “Soy un dinosaurio atrapado en hielo. Moriré dentro de poco sin que los ideales (de igualdad y justicia social) en los que puse toda mi fe, aparezcan”.

Se trata de una antología que suma once relatos “algunos que escribí hace 40 años y otros de hechura reciente, pero todos reflejan mi preocupación sobre la pareja, el desamor y aquellos conflictos que impide una inteligente relación amorosa. Si bien considero que mi literatura fantástica me representa mejor, no cabe duda que el amor y el erotismo, los celos y la pasión han poblado las páginas de mis novelas y cuentos de modo natural”.

Cofundador del diario Unomásuno, titular de programas de radio, columnista en varias épocas del Excélsior y último director de la legendaria Revista de Revistas, en 1985 crea la revista El Búho, referente de la cultura en México. A él y a su esposa Rosario Casco se deben el Museo del Escritor –único en el mundo- y la Fundación René Avilés Fabila, que fomenta la creación, la investigación y la difusión de la Literatura.

Ya en el ámbito literario, se felicita aquí al escritor Agustín Labrada por haber ganado el I Premio Internacional de Poesía Municipalidad de La Arena 2015, Perú, con Saxofoneando, obra que compitió con otros 94 libros de casi toda Hispanoamérica Brasil, Estados Unidos, Canadá y España. En septiembre de este año se publicará un libro con el trabajo ganador y algunos poemas significativos de los autores que recibieron menciones.

En el tema, pero por otra parte, el Consejo Nacional para la Cultura y la Artes publicó en su portal la convocatoria del Premio Caribe-Isla Mujeres de Poesía 2015 auspiciado por Agapito Magaña, el alcalde isleño, que está dedicado a Raciel Román Valerio, y que está dotado con un premio de tres mil dólares americanos. El certamen incluye a todas las naciones del Caribe, siempre y cuando presente sus trabajos en español.

En el portal oficial del Conaculta se señala que “las obras serán revisadas y seleccionadas por el Jurado, integrado por Nicolás Duran de la Sierra, los poetas Agustín Labrada y Ramón Iván Suárez y por  las promotoras culturales Angélica Díaz Ceballos y Alejandra Flores Valencia. Los poemas deberán ser inéditos, la temática es libre y la extensión es siete a doce hojas y firmados con seudónimo”.

Este premio de poesía, el más importante del Estado, como se dijo está auspiciado por Agapito Magaña y forma parte de una estrategia amplia para posicionar a Isla Mujeres como destino turístico con acento cultural. Representa un esfuerzo notable para una alcaldía con ingresos restringidos, pero es un esfuerzo que a mediano plazo dará frutos. Hoy por hoy la isla está en el mapa cultural mexicano.

Bueno, pero como se oyera en céntrico café de Mérida: “no todo en la vida son huevos con jamón y pan con mermelada; se sufre también”. El descredito de la mayoría del país hacia el gobierno federal y sus pares estatales es cada vez mayor y eso ha contribuido en a que la situación nacional empeore. Es cual si la marinería de un navío no tan sólo no creyera en el capitán, sino que hasta recelara de él, de su calidad y su honradez.

La encuesta publicada recién por el periódico Reforma de la Ciudad de México, no da pie para suponer que, de menos en el corto plazo, el mexicano común confíe en sus gobernantes. Tras las pasadas elecciones, el porcentaje que recela del Instituto Nacional Electoral pasó del 56 al 61 por cien, y la desconfianza en el presidente Enrique Peña Nieto, terror de las bibliotecas,  paso del 66 al 72 por ciento en las dos pasadas semanas.

Lo dicho, la fe popular en sus gobiernos, está resquebrajada y los índices de descredito de otras instituciones, como es de suponerse, también van en caída. La desconfianza en los partidos políticos –saludos al capo Manlio Fabio Beltrones– fue del 73 al 82 por ciento (ni dos de cada diez confían en diputados y senadores) y la legislatura nacional anda también a la baja pues sólo cree en ella el 24 por ciento de la población.

Por allí va la Suprema Corte de Justicia de la Nación, en la que tan solo creen tres de cada diez mexicanos y por lo que toca a la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, el descrédito subió de 53 a 60 por cien. Vaya a saber usted por qué, y desde luego no en Tlataya ni Ayotzinapa, el crédito en el Ejército y en la iglesia católica, está por encima del 50 por ciento, pero son los dos únicos casos.

Debe destacarse que la encuesta realizada por Reforma es de las más generosas para con el gobierno, pues hay otras en las que los números negativos son más rojos; cabe destacarse igual que esta tendencia a la baja se ha mantenido en los últimos seis meses y de ella da cuenta hasta el propio Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática, un organismo no sólo oficial, sino oficialista

Aunque a los propios gobiernos, el federal, el estatal y el municipal, parece no importarles el respaldo de la gente que dicen representar, de menos debiera inquietarles saber que no habrá proyecto público alguno que cuaje si no tiene el respaldo popular, sobre todo el de la clase media, que es la que ha mantenido al país a flote, muchas veces a contrapelo de los propios poderes públicos.

Comparte tus comentarios