Psicología

Perdonar o no perdonar. Una cuestión de salud

La cuestión del perdón se ha visto, desde tiempos inmemoriales, como un tema religioso, moral y filosófico, más que psicológico.

El perdón no cambia el pasado, pero sí el futuro”

Es un hecho, que ser lastimado y/o decepcionado por otra persona, no solo nos causa dolor emocional y mental, sino que también puede provocar cambios físicos y trastornos psicosomáticos. Las alteraciones del ritmo cardíaco, la presión y la respuesta inmunitaria se ven afectadas cuando sufrimos por un conflicto con alguien. La lista de posibles lesiones psicológicas y emocionales, con repercusiones sobre la salud en general, por este motivo es sorprendentemente larga.

Hay diferentes enfoques para manejar los problemas causados por las decepciones que nos causan las relaciones con otras personas. En los asesoramientos psicológicos y en las psicoterapias que utilizamos muchos profesionales, en la mayoría de ellos, el asunto del perdón suele estar presente.

La cuestión del perdón se ha visto, desde tiempos inmemoriales, como un tema religioso, moral y filosófico, más que psicológico. La psicología, sin embargo, ha venido a demostrar que, el perdón, sea hacia otra persona, o hacia uno mismo, es también una cuestión de salud mental y física. El desapego del rencor es una de las más importantes ventajas terapéuticas del perdón. El perdón nos evita desgastarnos personalmente, consumirnos en la ira y la impotencia en determinadas situaciones, generalmente, cargadas de estrés físico y emocional.

Como todos, almacenamos nuestra pequeña cuota de rencor o alguna cuestión pendiente, hacia alguien, que en muchos casos es un lastre que arrastramos y que conviene “sanar”, es muy importante en la práctica psicológica definir claramente qué es perdonar y qué no lo es.

El perdón no está hecho de aceptación ni de reconciliación. Quien ha sufrido un agravio o un daño significativo no tiene porque por qué dar “por bueno” lo que no lo es, ni “hacer las paces” con la persona que nos dañó. El perdón no es proximidad ni piedad. El perdón, desde el punto de vista de la psicología y del bienestar personal, es la manera de asumir que las cosas sucedieron de determinada manera y que no las podemos cambiar. Esta perspectiva de la realidad que nos ayudará a no perder energías, a no trastornarnos el ánimo y mantener un buen estado de salud. Perdonar es un proceso de duelo, que acabará por facilitarnos que seamos capaces de deshacernos del resentimiento y de la intensidad de la desesperación. Perdonar es un acto de valentía y fortaleza que nos mejora la calidad de vida.

¿Pero qué pasa cuando, simplemente, no puedes perdonar a otra persona? ¿Esto significa estar condenados a padecer una mala salud física y mental?

La realidad es que no todo el mundo logra perdonar, no todos somos capaces de dar ese paso. En muchas ocasiones esto ocurre porque estamos influenciados por la creencia de que perdonar es una forma de debilidad.

Perdonar no es olvidar – escribí hace un tiempo – pero ayuda. El hecho de que sea más saludable perdonar, no significa que también lo pueda llegar a ser aceptar que no somos capaces, o nos cueste un mundo perdonar y empezar a recorrer ese proceso, que nos ayude a desprendernos de la ira, de la desesperanza, de la sensación de culpa, de los sentimientos de impotencia y debilidad.

El tiempo es aliado del perdón. Con el tiempo mejoran nuestras capacidades, se difuminan las iras y resentimientos, y establecemos una mejor relación con nuestra propia salud.

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Blas Ramón Rodríguez

Psicólogo. Especialista en Medicina Psicosomática y Psicología de la Salud, experto en intervención psicológica en Diversidad Funcional y Trastornos mentales, Master en psicología del trabajo, por las Universidades de Barcelona, Ramon Llull, San Jorge, UOC, de Las Palmas de Gran Canaria. Escritor y divulgador científico en diferentes medios de comunicación. El propósito de su actividad profesional, científica, divulgativa y literaria, es poner al alcance de cualquiera la psicología como elemento esencial para la mejora de la calidad de vida.
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