Psicología

Pensar demasiado

Cámbiate

La duda es el trampolín de lanzamiento del pensamiento creativo, pero al mismo tiempo es el resorte del pensamiento obsesivo.»  Giorgio Nardone

Pensar demasiado es algo común. Lo hacemos continuamente. Y, para algunas personas se puede llegar a convertir en una intensa fuente de ansiedad. Quién lo vive de forma habitual siente como si no “pudiese desconectar” su cadena de pensamientos. Se convierte en un círculo vicioso que parece imposible de interrumpir.

Parece que este fenómeno se incremente a medida que nuestra salud mental disminuye. O puede que, cuando nos vemos afectados por un problema de salud mental, este tipo de pensamientos se incremente. Acudir a terapia cuando sentimos que ocurre demasiado a menudo o que se prolonga es la mejor opción.

Pero, puede resultar difícil reconocer la espiral de pensamientos cuando estamos atrapados en medio de ellos. De hecho nuestro cerebro puede intentar convencernos que nuestras rumiaciones o preocupaciones, ayudan en cierto modo. Después de todo ¿si le damos más vueltas, no es más probable que consigamos solucionarlo? No, necesariamente.

De hecho, lo contrario es a menudo cierto. Se denomina “parálisis de análisis”, y es un problema real. Cuanto más piensas, peor te sientes. Y tus sentimientos de miseria, ansiedad o enfado, pueden entorpecer o evitar que tomes acciones positivas.

Pensar demasiado se manifiesta de dos formas: rumiar acerca del pasado y preocuparse acerca del futuro. Es totalmente diferente de la solución de problemas. Pensar demasiado implica vivir en los problemas. Es lo contrario a  la auto reflexión, que supone un aprendizaje creativo acerca de uno mismo, o la ganancia de una nueva perspectiva acerca de una situación determinada.

Sin embargo el pensamiento repetitivo supone darle vueltas a lo mal que nos sentimos y a todo aquello que no controlamos en nuestra vida. No deja espacio a ver las cosas de otra forma. Es como si lo que pensamos rebotase en nuestro cerebro y volviese a hacerlo, si dejar opción alguna a una salida.

Tampoco se trata del tiempo que le dediquemos. La solución de problemas, la autorreflexión y pensar demasiado, van más bien de la productividad de ese tiempo.

Ser consciente de qué estamos haciéndolo (pensar demasiado y de forma poco productiva o nada reflexiva) es el primer paso para ponerle solución. Tenemos que cambiar nuestra forma de pensar. En muchas ocasiones con ayuda de profesionales de la psicología. Porque, no nos equivoquemos, esta forma de relacionarnos con nosotros mismos no se va ir espontáneamente, ni con soluciones mágicas.

Para darte una idea de lo que hablamos cuando nos referimos a “pensar demasiado”, te muestro algunos signos que te pueden dar una idea

  • Revives una y otra vez, momentos embarazosos que te ocurrieron en el pasado.
  • A veces no consigues dormir porque parece que tu cerebro “no se apaga”
  • Estás continuamente haciéndote preguntas que comienzan con “y si …”
  • Empleas mucho tiempo pensando en el supuesto significado oculto de lo que la gente dice o hace
  • Recuerdas continuamente conversaciones en la que me gustaría haber dicho o dejado de decir determinadas cosas.
  • Revives constantemente tus errores.
  • Cuando alguien actúa de una forma que no nos gusta, no consigo quitármelo de la cabeza.
  • A veces no eres consciente de lo que ocurre a tu lado, porque estás pensando en todo lo anterior.
  • Empleas mucho tiempo preocupándote por cosas que no puedes controlar.

Si te identificas con algunas de estas señales, es hora que le pongas remedio. La psicología está para ayudarte.

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Leocadio Martín Borges

Psicólogo, Experto y Master en Drogodependencias por la Universidad de La Laguna. En la actualidad publica semanalmente en Diario de Avisos en el espacio Cámbiate Psicología para Entendernos. Desde su pagina CÁMBIATE llega a seguidores de todo el mundo proponiendo la psicología como una herramienta esencial de conocimiento y de evolución personal.
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