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Nunca Digas Su Nombre: Todos los clichés del género en una misma película

Elliot (Douglas Smith), un joven estudiante universitario, decide rentar una casa a las afueras del campus junto con su novia Sasha (Cressida Bonas) y su mejor amigo John (Lucien Laviscount). Desde su primera noche en la casa estos jóvenes se empiezan a dar cuenta de que suceden cosas que no son del todo normales, pero, hasta ese momento, parece que no hay nada por lo cual preocuparse de verdad. Todo transcurre con aparente normalidad hasta que un día Elliot descubre un cajón que tiene grabado el nombre “The bye bye man”, con esto desata a un ente sobrenatural que persigue a cualquiera que diga o piense su nombre.

“Nunca digas su nombre” (The Bye Bye Man, Estados Unidos, 2017) es un film de terror (según) basado en el capítulo “The Bridge to Body Island” del libro “The President’s Vampire” de Robert Damon Schneck, el guion corre a cargo de Jonathan Penner y está dirigido por la estadounidense Stacy Title, quien en 1993 consiguió una nominación al Oscar por el cortometraje “Down on the Waterfront” y que después nos entregó un trio de bodrios que al día de hoy permanecen en el olvido de la gente.

No es ningún secreto que desde hace ya mucho tiempo el cine de terror no nos ofrece nada nuevo ni interesante. Sí, de repente nos encontramos con algunas excepciones como “La Bruja” o “La Autopsia de Jane Doe”, pero en general este género ha dejado de cumplir con su principal función que es asustar. La mayoría de estas películas no ofrecen nada más que el típico jump scare, esa técnica utilizada para hacer que el espectador brinque de su asiento al mostrar una “cara fea” acompañada de un sonido estruendoso, lo cual no significa que la película esté asustando a los espectadores (hay algunas personas que creen que sí), es lógico que al existir esos cambios de imagen y sonido cualquiera va a brincar, es simple naturaleza humana. El problema de “Nunca digas su nombre” es que no sólo recurre al jump scare como único método para causar terror, sino que también recicla todos los elementos típicos del genero para convertirse en una de las películas más clichés del género.

“Nunca digas su nombre” nos introduce a su historia con un flashback de algo que sucedió casi 50 años antes, hasta ese momento da la impresión de que existe la posibilidad de estar ante un producto con toques de originalidad. El problema llega pocos minutos después de que los jóvenes, ya en el presente, llegan a esta casa –una casa amueblada y bastante grande para unos jóvenes que no trabajan y que tienen que juntar el dinerito de los tres para poder rentar- y los primeros acontecimientos paranormales comienzan a suceder, a partir de ahí todo en la cinta es un cliché tras otro y un mar de situaciones sin ninguna lógica que sólo pasan porque al guionista se le dio la gana.

Los lugares comunes en esta cinta van desde el juego satánico que provoca que comiencen a pasar cosas, pasando por el típico personaje que, sin motivo alguno, sabe todo lo que paso en el pasado y ayuda al protagonista a medio resolver su conflicto, hasta un cliché que de tanta burla ya hasta se había dejado de utilizar: el negro siempre muere primero.

El jump scare en esta cinta ya ni siquiera logra su cometido, se ha convertido en una práctica tan utilizada (mal utilizada) que en esta cinta ya es sumamente predecible saber en qué momento viene el abrupto cambio de volumen, ya ni siquiera logra que el espectador brinque de su asiento.

Las actuaciones protagónicas son terribles. Al igual que en muchas películas de este tipo (volviendo a lo de los lugares comunes) la directora se hace de un cast joven e inexperto para protagonizar su película, pero en esta ocasión la apuesta resulta en algo terriblemente fallido, actores con la misma expresión todo el tiempo, estén asustados, tristes o enojados. La participación de actores como Doug Jones, Faye Dunaway y Carrie-Anne Moss no aportan nada a la cinta, sus actuaciones sí son mejores que las del resto del elenco, pero para el poco tiempo que aparecen en pantalla ya hubiera dado lo mismo que la directora le diera esos papeles a cualquiera, hasta a alguno de sus vecinos.

Entre las cosas a favor de “Nunca digas su nombre” está su corta duración y que por momentos, en su segundo acto, tiene pasajes que resultan medianamente entretenidos. Fuera de esto, el film no ofrece nada nuevo ni interesante para el género de terror, cae una y otra vez en lugares comunes, las actuaciones son de pésimo nivel, la dirección tiene pasajes interesantes pero por momentos parece que estamos viendo un video home y los efectos especiales más que malos son ridículos.

Sin duda esta cinta pasara sin pena ni gloria por la meten de todos los que la vayan a ver, los verdaderos fanáticos del terror se sentirán decepcionados de una propuesta tan ramplona. Tal vez, los únicos dos escenarios en los que se puede disfrutar esta cinta es si vas a verla con tus amigos de secundaria o prepa, con un montón de palomitas y refrescos y un viernes por la tarde cuando lo único que quieres es detraerte con lo que sea o si vas con tu novia y planeas hacerte el héroe al abrazarla en alguna escena de “terror”, o viceversa, si quieres cualquier pretexto para abrazar a tu novio; si no entras en ninguno de estos dos supuestos no te recomiendo ni tantito esta película.

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Freddie Montes

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