En materia de gobierno todo cambio es sospechoso, aunque sea para mejorar.» Sir Francis Bacon 

El subdesarrollo de la clase política nacional ha normalizado el abandono de las tareas de gobierno, por irse permanentemente a campañas electorales. México es un país que intenta reinventarse cada tres o seis años, sin que regímenes logren imprimir una ruta de desarrollo de largo alcance, pero además, los gobiernos nuevos asumen como primera tarea la destrucción de todo lo que señalan como malas prácticas de sus antecesores, aunque su legado no sea mejor. Y ahí vamos, de promesa en promesa, de elección en elección, y siempre aguantando resultados a medias.

La frase del presidente, Andrés Manuel López Obrador, que hacía referencia a que la pandemia les había llegado “como anillo al dedo” es lapidariamente certera, aun con la desfachatez al expresarla, pero no necesariamente para limpiar de corrupción al país, como aseguró el mandatario, sino para “disfrazar” los enormes fracasos gubernamentales, como consecuencia de una pandemia que aún tiene de rodillas la economía de los países del orbe, pero también como una evidencia de que las políticas instrumentadas no dejan de ser asistencialistas, o que las acciones y programas no tienen mayor objetivo que rendir grandes tasas de “rentabilidad” para quienes las instrumentan. Por cierto, la dinámica está profundamente enraizada en las entidades federativas; mejor dicho, en todos los niveles de gobierno.

El Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) reportó que en el último año, la pobreza laboral en México alcanzó el 40.7 por ciento, ese es el porcentaje de población económicamente activa que no ganó lo suficiente para alcanzar el estándar mínimo de desarrollo; en Quintana Roo ese rubro se acrecentó en más del 14 por ciento en el mismo periodo. El panorama es terrible. De acuerdo al mismo organismo, hasta 2018, en el estado, tan sólo el 27.1 por ciento de la población no es pobre ni vulnerable, el restante 72.3 por ciento tenía algún grado de pobreza o vulnerabilidad. El peor diagnóstico en toda la historia moderna estatal.

Pero eso ni siquiera es lo peor del escenario actual, sino que, con el incremento de pobreza en el último año, los indicadores futuros serán mucho peores ¿de qué beneficios se habla entonces? ¿Cuáles son los resultados entonces de la gestión? ¿En realidad el terrible panorama es consecuencia de la pandemia? No, evidentemente no. Para el mismo año 2018, el diagnóstico indicaba que la reducción de la pobreza general fue del 2.3 por ciento; es decir, el mejor de los escenarios era que, para el 2022, se habría reducido en 6.9 por ciento. Eso no ocurrirá, en contraparte, el incremento de pobres será muy superior. ¿Aún duda que el discurso de la pandemia les llegó a todos los gobiernos “como anillo al dedo”? así se puede culpar de todo el mal desempeño al Covid19.

Con todo eso como contexto, en unos dos meses los mexicanos comenzarán a escuchar promesas de desarrollo, “compromisos” de mejoría continua, candidatos de todos colores y autoridades que buscarán su reelección; pero ¿quiénes de los que buscan, por ejemplo, reelección, están dispuestos a fundar su campaña en los resultados alcanzados hasta ahora? ¿Cuántos en Morena pueden prescindir discursivamente de la imagen presidencial y sus asistencialistas programas? ¿Cuántos de los candidatos locales del “Panrredismo” pueden construir una campaña sin el denuesto a la 4T o tomando como base resultados –o lo que crean que son- de la administración local? ¿Qué otro resultado, más allá de una relativa estabilidad financiera (a punto de romperse con un nuevo endeudamiento) puede usar el régimen local como punto de referencia para que sus candidatos obtengan votos? No, las campañas que vienen, serán todas de política ficción.

Y por último, a pesar de que habrá muchas campañas y candidatos, pues más de veinte mil cargos de elección popular estarán en disputa, lamentablemente para usted, para el escribiente y todos los ciudadanos de a pie, lo que hay muy poco es gobierno; y menos aún, gestiones eficientes.

COMENTARIO MORBOSO 

Este sábado, el Partido de la Revolución Democrática (PRD) realizará la sesión del Consejo Estatal en la que ratificará las candidaturas de sus abanderados a presidencias municipales, sindicaturas y regidurías; con la misma tendencia que hasta ahora se ha mostrado. Parece pues que, a partir de este fin de semana, luego de la ratificación de los nombres que hasta ahora han manejado, faltará la parte más difícil: ganar las elecciones

La reunión será al mediodía, entre los nombres a confirmarse están los de Jesús Pool Moo y Víctor Mass Tah, en Benito Juárez y Tulum, respectivamente; como candidatos a presidentes municipales. La información será interesante, no porque el Sol Azteca se adelante y “gane el brinco” a los demás coaligados (PRI y PAN) y con ello deje por sentado que no modificará a sus postulantes –o haga respetar acuerdos, según se quiera ver-, sino porque se conocerán los nombres de los inscritos a integrar los cuerpos de Cabildo, veremos cuántos son realmente perredistas, cuántos son los aspirantes y las posibilidades reales de gobernabilidad que tendrán los que logren “cruzar la aduana” del 06 de junio.

¿Se otorgarán espacios a la militancia, o sólo se “pintarán de amarillo” los aspirantes ratificados? ¿Habrá infiltrados? ¿A qué grupo o actor político responden? A estos cuestionamientos se suman aquellos que se harán en función de la cantidad de regidores que pudieran tener los gobiernos, en caso de ganar las elecciones, para mantener un gobierno actuante y, si como consecuencia de la conformación, no se “estanca” la administración, como ha ocurrido en las administraciones que terminan en septiembre de este año y, sobre todo, porque al “joaquinismo” le quedan menos de dos años; luego de eso, habrá “orfandad” política en muchos, atentos pues a los resultados; así se observa desde aquí, A Tiro de Piedra. Nos leemos en la próxima.

Comparte tus comentarios