El amor de la pareja necesita de un aprendizaje gradual.» Aaron Beck.

(Tenga en cuenta que el contenido de este artículo se refiere solo a relaciones no abusivas)

Existe la falsa creencia de que la decisión de acudir a una terapia de pareja es constatar que la relación está llegando a su final. En general, es una percepción distorsionada de la realidad que manifiestan más los hombres que las mujeres. Existe la no menos inexacta idea de que la terapia de pareja esconde la trampa de señalar a uno de los miembros de la pareja como el causante del deterioro de la convivencia. Y cómo no, existe, también, la incredulidad hacia la eficiencia de la misma.

Por lo general, y si no se tiene la mala experiencia de caer en manos de un o una profesional incompetente, o de un una incompetente a secas (como ocurre en tantas pseudoterapias), las terapias de pareja, a pesar de su complejidad, producen beneficios importantes para la relación; mejora la comunicación, desarrolla el conocimiento y la comprensión de la otra persona y favorece la convivencia. Pero también, establece formas más adaptadas y no dañinas de poner fin a lo que ya no tiene de dónde alimentarse. Los mitos y falsas creencias sobre la terapia de pareja niegan la posibilidad a las personas de favorecerse de una mediación que mejoraría la resolución de los conflictos entre dos personas que quieren seguir juntas o prefieren dejar de estarlo.

Habitualmente las parejas con desavenencias o directamente en conflicto, no tienen prisa por probar la terapia de pareja. Cuando toman la decisión de acudir al psicólogo/a,  el divorcio o la ruptura suele merodear la convivencia, ha dejado de estar en un horizonte lejano. Son muchas las parejas que comienzan la terapia para determinan si se puede salvar o no la relación. Esta razón es válida y significativa para acudir al psicoterapeuta, pero cabe advertir que también es uno de los motivos más importantes de los fracasos de las terapias de pareja. Ocurre que, demasiado tarde suele ser demasiado tarde.

Una buena cantidad de otras pareja acuden a consulta por razones igualmente válidas, pero que propician un mayor nivel de éxito en los objetivos que buscan acudiendo a este tipo de terapias. Así, se presentan con la determinación de aprender a manejar mejor los conflictos, restablecer vínculos afectivos, e incluso, en parejas que les van bien las cosas, mejorar alguna parte de su unión. Aumentar la cercanía, descubrir los detalles de los sentimientos, ahuyentar la rutina, abordar problemas de hijos, mejorar la conexión física, o mantener las fortalezas de la relación son excelentes razones para vivir una experiencia de terapia de pareja.

Por último, quisiera pedirles la atención sobre otro de los mitos más comunes en el rechazo a la terapia de pareja, el de que “las cosas deben arreglarse siempre en casa”. Suele ser un pensamiento bastante erróneo, especialmente cuando los problemas producen desavenencias importantes. Sin embargo, cuando se comprende que este tipo de terapia conlleva un proceso de autoconocimiento para que funcione, una mejora individual; cuando cada uno de ellos es consciente de sí misma/o y del otro, los aspectos conflictivos o inadaptados del problema en la pareja se ven de una forma más positiva y se actúa sobre ellos de una manera más eficaz.

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