Eros Ortega Ramos

México y su vulnerabilidad ante el nuevo coronavirus

La inconsciencia humana y la fragilidad de un sistema de salud pública

El inicio del 2020 ha estado lleno de polémicos eventos que marcaron al presente año como uno de los más memorables en los últimos tiempos, y no es para menos, ya que la preocupación que se vive a nivel mundial es un claro ejemplo de la certeza que como seres humanos tenemos respecto a la aproximación de tiempos difíciles en todos los aspectos. Desde una latente guerra entre Estados Unidos e Irán, que al parecer sólo quedó en especulación, hasta el brote y rápido esparcimiento de un peligroso y, en el peor de los casos, mortal virus originado en China, los tiempos actuales nos recuerdan qué tan vulnerables seguimos siendo como los habitantes más ambiciosos de este planeta, a pesar de los impresionantes avances tecnológicos. 

Como usted debe de saber, el tema que está en boca de todos actualmente tiene que ver con una emergencia de salubridad, misma que intenta ser controlada por los gobiernos de varios países del mundo, incluido México, aunque parezca irrisorio, más adelante le voy a explicar brevemente porqué. El punto es que surgió un nuevo brote del llamado “coronavirus” en China, mismo que ha logrado contagiar a más de 20,000 personas de más de 15 países y que ha dejado hasta la fecha más de 400 decesos, y contando. Aunque no se sabe a ciencia cierta cuál fue la génesis del virus, los especialistas creen que su origen se encuentra en alguno de tantos animales que se venden sin ningún protocolo de higiene en los ahora famosos mercados de Wuhan, ya que es típico de este tipo de lugares la comercialización de todo tipo de animales de la vida silvestre, los cuales lógicamente son portadores de varios tipos de bacterias, algunas de ellas como en el caso del nuevo coronavirus, aún no conocidas para la medicina. A todo esto, habría que agregarle las mutaciones, que poco a poco se van gestando en los virus y parásitos a consecuencia del acelerado cambio climático y la globalización, misma que está alterando cada vez más las formas de alimentación de los seres humanos. 

Hay un impresionante video que actualmente se encuentra en la web en el que se aprecia el funcionamiento de este tipo de “mercados”, a mi parecer más semejantes a tianguis ambulantes, y sus nulas condiciones de salubridad en las cuales se ofrece todo tipo de animales para el consumo humano. El enlace del video se muestra a continuación: https://www.youtube.com/watch?v=Hs-tcOUgjjo 

En éste se puede observar a ratas, patos, perros, murciélagos, serpientes y hasta gatos en alarmantes condiciones insalubres e inhumanas. La explicites del mismo inclusive podría pasar como cortometraje o escena de película hollywoodense de zombies, en la que los compradores han perdido todo respeto por la vida, así como el cuidado de su salud al comprar ratas en palos, como si fuera una banderilla de salchicha, o patas de perro fritas. Y aclaro, el tema principal del presente artículo de opinión no es analizar si está bien o mal que los habitantes de Wuhan maten a perros o gatos para comer, ya que cada sociedad tiene su cultura, sus tradiciones, sus usos y costumbres y su gusto culinario, sino lo que hay detrás de estas prácticas que ignoran por completo las graves consecuencias negativas a la salud de la población con la adquisición de virus mortales si no son tratados a tiempo. 

No nos vayamos tan lejos: ¿Recuerda usted el tan temido virus del VIH/SIDA por allá de la década de 1980? Dicho virus, que hasta la fecha no tiene cura, tuvo su lugar de origen en los simios. Asimismo: ¿Recuerda usted la pandemia de gripe porcina que se suscitó por allá del año 2009 a consecuencia de un virus que mutó en los cerdos, o la pandemia de gripe aviar que tuvo lugar por allá del año 2004 hasta el 2007 originada de unos pájaros? Y como olvidar al Síndrome Respiratorio Agudo Severo, mejor conocido como SARS, el cual vino del murciélago, animal que también desarrolló el mortal ébola y que, irónicamente, es el principal sospechoso de contagiar el nuevo coronavirus. 

Este coronavirus de Wuhan, también conocido como nuevo coronavirus (2019-nCoV) fue diagnosticado por primera vez en diciembre del año pasado. Lo que es un hecho es que hasta el momento no se conoce la forma exacta de transmisión, pero los especialistas creen que puede contagiarse de una persona a otra mediante partículas contenidas en gotas de saliva expulsadas mediante el estornudo o la tos, ocasionando el desarrollo de enfermedades respiratorias graves como la neumonía. Hasta el día de hoy no existe ninguna vacuna o tratamiento específico aprobado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para el coronavirus, por lo mismo, la única alternativa viable para combatir la enfermedad es utilizar los antivirales disponibles en el mercado, siempre y cuando sea detectada de forma inmediata. 

Ante la peligrosidad del virus, la interrogante que surge es la siguiente: ¿Qué hacer en caso de que llegue a México? Porque de acuerdo con el subsecretario de salud, Hugo López Gatell, es un hecho que tarde o temprano la enfermedad llegará a nuestro país. No en balde la OMS hace poco declaró emergencia internacional por el brote del virus en varias partes del mundo: “Les garantizo que el virus va a llegar a México. No es algo que me guste, pero debemos tenerlo muy claro” (Imagen, 28/l/20). De la misma forma, el funcionario aconsejó no perder la calma ante esta crisis de salud pública que empieza a preocupar a gran parte de la población mexicana, incluyendo a un servidor. 

En lo que va del año 2020 se han contabilizado siete posibles casos de contagio en México, pero ninguno ha dado positivo al coronavirus. Esto no quiere decir que sea indicado bajar la guardia para fiarnos ciegamente de una Secretaría de Salud que, aunque dice tener todo bajo control, se encuentra a todas luces rebasada ante contingencias de este tipo. ¿Se imagina usted, por ejemplo, que el virus llegue al metro de la CDMX? Con qué rapidez se propagaría a los usuarios en el interior de sus instalaciones; insalubres y deterioradas. 

Para darle una perspectiva de esto, estudiantes de la UNAM realizaron una investigación que trató determinados tópicos relacionados con la presencia de bacterias en el Sistema de Transporte Colectivo Metro, concediendo la mayor importancia a aquellas iniciadoras de enfermedades. En esta investigación, se encontraron especies inocuas y patógenas; 

“estas últimas pueden producir diversas enfermedades, que varían en cuanto a grado de peligrosidad y sintomatología, según la bacteria de la que se trate. Notemos que, tal como lo sugerimos en la hipótesis, encontramos muchas de las bacterias típicas de la microbiota normal del ser humano, lo cual confirma que la contaminación de las superficies inertes en el metro se debe a su constante contacto con los pasajeros. Tanto Streptococcus spp como Staphylococcus spp provienen de la parte alta del tracto respiratorio, así como de las mucosas y la piel, pero este último es mucho más abundante en el cuerpo humano, por lo que es evidente que Staphylococcus spp fuera el género que más encontramos; muy probablemente provino directamente de la piel de los pasajeros que entró en contacto con los tubos, o de la nasofaringe, expulsándolos al hablar, toser, estornudar, etc. Por otro lado, Neisseria, el segundo tipo bacteriano más encontrado, probablemente provino de las cavidades buconasal, por lo que su aparición puede deberse, al igual que con algunas especies de Staphylococcus a su expulsión de tales cavidades. Por otro lado, encontramos Klebsiella spp, E. coli y Citrobacter spp, que son bacterias entéricas, lo cual quiere decir que habitan el colon. Por ello, su presencia no puede explicarse por el mero contacto de los pasajeros con los tubos y pasamanos, sino como resultado de al menos dos procesos. Uno de ellos es la probable falta de higiene de algunos pasajeros, mientras que el segundo puede ser el fecalismo al aire libre. Este proceso implica la conversión de las heces fecales a pequeñas partículas que, al diseminarse por el aire, pueden contaminar tanto superficies vivas como inertes. En cualquiera de los dos casos, existe una falta de higiene, ya sea en el aseo personal de los pasajeros, o en la limpieza de las superficies inertes de los vagones”**

¿Ya se dio una idea de la fragilidad de nuestro sistema de transporte y de salud pública ante este tipo de problemáticas? Pero al fin y al cabo sólo es una suposición mía que no deseo comprobar, ya que si llegara a concretarse podría desatar el pánico, mismo que desencadenaría en la toma de decisiones precipitadas ante un problema que, a juicio de un servidor, México no se encuentra preparado para enfrentar. 

Gracias por su lectura.  

Twitter: @erosuamero

Facebook: Eros Ortega Ramos

Correo electrónico: sociologia_uameros@hotmail.com

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