A mitad de la semana pasada, víctima de una afección cardiaca, en un hospital de Cancún murió, a los 87 años, Maximiliano Vega Tato. Cineasta destacado y activista político de izquierda en el tramo final de su vida, formó en el 2009 Ciudadanet, una  plataforma desde la que impulsó diversas iniciativas en pro de la claridad gubernamental y la efectiva participación ciudadana en los planes y en el ejercicio de gobierno.

Pagó la hechura y colocación de poco más de mil 200 placas con los nombres de las calles de la ciudad -ello le atrajo airadas protestas del gobierno municipal en turno- y lideró, entre otros, el movimiento ‘Ni un niño sin escuela’ contra el cobro de cuotas ‘voluntarias’ en las escuelas públicas. Candidato de la coalición Convergencia-PT por el III Distrito Electoral de Cancún, en el 2009 se afilió al PRD, partido del que luego se desligó.

Activista del Movimiento de Regeneración Nacional, fue su vocero y después su virtual candidato a la alcaldía de Benito Juárez. “Con su partida, Cancún quedó sin uno de sus hijos más congruentes y comprometidos con su desarrollo, mientras que Morena perdió un político de verdad y una fuente de inspiración”, se condolió el Dr. José Luis Pech Varguez, el dirigente estatal de MORENA.

Antes de llegar a Cancún y afanarse en el quehacer político, su nombre estuvo vinculado íntimamente con la cine mexicano, ya como director del Concejo Nacional de Cinematografía, o más tarde como productor ejecutivo de algunas de películas señeras  del ‘nuevo cine’ como: Foxtrot (México-Estados Unidos, 1976), que incluyó a Peter O’Toole, Helena Rojo, Max Von Sydow y Claudio Brook, bajo la dirección de Arturo Ripstein.

Produjo también La pasión según Berenice (1976) de Jaime Humberto Hermosillo, con Pedro Armendáriz Jr.,  Martha Navarro y Manuel Ojeda, que obtuvo importantes premios nacionales y acaso la más popular de su filmografía: Maten al león, dirigida por José Estrada, basada en la novela del escritor guanajuatense Jorge Ibargüengoitia, y que fue víctima de la censura oficial por muchos años.

La actividad periodística tampoco le fue ajena, y colaboró en diversas ocasiones con la Gaceta del Pensamiento. En la final de sus participaciones insistió, de nueva cuenta, en el criminal cobro de las cuotas ‘voluntarias’ a los padres de familia para permitir la inscripción de sus hijos en las escuelas públicas. A continuación se reproducen, a modo de póstumo tributo, unos párrafos de su artículo “Ni un niño sin escuela”:

 

“Año con año, crece el número de niños a los que se les ha negado la educación escolar, a los que no se les ha enseñado a leer y escribir, a los que se les ha negado el acceso al sitio en el que aprenderían a sumar y restar; por la pobreza de sus padres los han rechazado de la escuela a la que deberían ir. Cientos primero, miles después y ahora decenas de miles de niños han sufrido y sufren la burla, el inmerecido castigo de no entrar a una escuela a donde otros niños de su misma edad sí asisten.

“El cáncer criminal de las cuotas obligatorias disfrazadas de ‘voluntarias’ no se ha podido extirpar porque sus principales protectores son las autoridades escolares que toleran sino es que avalan la obligatoriedad de estas cuotas. Plantel por plantel, los directores de escuela en conjura con las mesas directivas de padres de familia participan en el turbio negocio. Se calcula que el manejo de recursos alcanza cuando al menos los 123 millones de pesos por año.

“Con hipocresía, los directores de las escuelas preescolares, primarias y secundarias alegan no tener nada que ver con la obligatoriedad de las cuotas; mienten al decir que la inscripción no se condiciona a pago alguno, para acusar a su vez a las asociaciones de padres de familia, que reviran el golpe diciendo que ellas no son autoridad y que la única persona autorizada para inscribir o negar la inscripción es el o la directora.

“Pero en contraparte, entre otras alternativas, la solución al problema viene a ser simple: basta con que el Estado Mexicano dedique cuando menos el 8% del Producto Interno Bruto anual para la Educación Pública -como lo marcan las leyes nacionales y los acuerdos internacionales firmados por México- y así las escuelas no tendrían que acudir a la ilegal obligatoriedad de las cuotas ni a la discriminación que han generado”.

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Al fin, la semana pasada, finalizó el viaje del Papa a México. La cobertura informativa de su visita en la mayoría de los medios fue tal que, sin exageración, bien se podría decir que para éstos durante su santa estancia -¡Alabaré, alabaré¡*- nada ocurrió en el país y que la caída de nuestra economía es fantasía pura y que la delincuencia, la de cuello blanco y la otra, se hubiera tomado una semana de vacaciones.

Mas como lo muestran los titulares de los informativos una vez pasado su eclesial empacho, la realidad nacional es cada vez más dramática y el timón de la economía cada vez más errático. El finísimo don Agustín Carstens, del Banco de México y Luis Videgaray, capo de Hacienda, dijeron en conferencia conjunta que vienen tiempos difíciles y que los recortes presupuestales por 132 mil millones de pesos nos afectaran a todos.

Como siempre, hay de todos a todos, ya que no es lo mismo un ‘todos’ que trabaja como senador -ahora les van a exigir a los caballeros y delicadas damas, sin escusa, que justifiquen los boletos de avión que pidan-, que un ‘todos’ al que van a decir adiós en la minúscula oficina burocrática estatal o federal, que para el caso es lo mismo, en la que apenas cobraba unos pesos al mes. El sacrificio es parejo, pero sin exagerar.

Como supondrá el perspicaz lector, la declaración de estos notables se retrasó durante el viaje papal, pero programada ya estaba desde endenantes, como dicen en el rancho los ignaros. No era cosa de echar a perder la ilustre visita, que tanto costó al erario, y que permitió que se lucieran los gallones, sin faltar los pillos de mayor fama. Vamos, hasta el criminal de Duarte, entre otros gobernadores, recibió la bendición del jefazo del Vaticano.

Pues don Francisco I ya se fue y su visita dejó mucho que desear, por lo menos para los que esperaban algún discurso novedoso. Palabras más o menos, sus felipicas* fueron iguales a las que ha dicho dijo en otros países azotados por la corrupción y sus sentidos exhortos respecto de la pulcritud en el manejo de las finanzas públicas fueron tibios y no hicieron meya alguna en una clase política sorda para lo que no son halagos.

Que de la visita papal hizo fiesta la nobleza priista- se aplica el principio de ‘todos’ y ‘todos’, que la igualdad partidista no da pa’tanto, dice don Manuel Velasco, viril flor y gobernador de Chiapas- y que las divas de televisa estaban cual quinceañera en fiesta, no vale la pena el comentario. La santa pachanga la crearon ellos, sus cuates del gobierno federal, que lo invitó y los de la banda de la sotana y no confundir con los de la zutana.

Debe absolver el lector el que no se discurra aquí sobre que el Estado Laico de México fue violentado con la artimaña oficial de que no se trataba de un visita pastoral  -¡no señores!- sino de una de Estado, pues El Escriba no cree que la corte de la roja pandilla sepa de las Leyes de Reforma. Para ellos, por no dejar, Juárez es céntrica avenida de la capital del país en la que, por cierto, hay nacos y unas viejas de mármol todas en cueros.

NOTA: se hace saber al lector de esta singular columna, que ni L’osservatore Romano, diario vaticano, ni Desde la fe, semanario católico de información, y mucho menos el Congreso Eucarístico Arquidiocesano de México coinciden con El Escriba, por lo que el lector, de adentrarse en el texto, va por su propio riesgo. Se advierte también que esta nota aclaratoria debía ir al principio, pero sucede que el escriba es muy rejego.

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*Para estos efectos, El Escriba se declara ‘aleluyo’

**Las felipicas son como las filípicas, pero sin sabor misionero

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