Nicolás Durán de la Sierra

Los intereses solapados de la secretaría de cultura

Tal y como era previsible, tras obtener el aval de la cámara de senadores, que era cosa de mero trámite, el lunes pasado en simpática ceremonia realizada en el Palacio Nacional, Rafael Tovar y de Teresa rindió protesta como nuevo secretario de Cultura al presidente Enrique Peña Nieto. En ninguno de los discursos, bastante barrocos ambos, se aclaró cuales serían las nuevas funciones del flamante despacho del poder ejecutivo.

Don Tovar y de Teresa, tras agradecer el puesto y asegurar que por la nueva encomienda no se subiría el sueldo, discurseó un verdadero festín de ambigüedades y lugares comunes que no sólo no revelaron la finalidad cabal de la nueva instancia oficial,  sino por el contrario crearon mayores dudas y suspicacias en los medios artístico e intelectual del país. ¿Qué se esconde en realidad detrás de la iniciativa presidencial?

El otrora titular del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, dijo que la nueva secretaría velaría por preservar la gran riqueza cultural del país, como si Conaculta no se ocupara de ello antes; que ahora sí se buscará que la cultura llegue a todos los rincones de México, como si tal labor no hubiera sido uno de los cometidos del Conaculta y, en fin, que habría cultura para todos y todas, para no meterse en pleitos de género.

Mejor sí, pero que haiga paz en el gallinero y que esta frase sesuda no se tome cual vulgar provocación, dado que se expone con espíritu navideño y eso tiene su valor, caray. Lo correcto es escribir ‘todos’, pues suma a ambos sexos; de escribirse ‘todas’, se habla de sólo un género. Lo mismo pasa con el voz ‘niños’ y otras varias palabras. Y no le sigo porque hay varias feministas que buscan la salea de El Escriba.

Pero volvamos a la investidura de Tovar y de Teresa: acaso lo relevante de su perorata fue el anuncio de que “no serían tocados los derechos” de los sindicatos de los institutos de Bellas Artes, INBA, y de Antropología e Historia, INAH, los que recién denunciaran que tras la creación de la nueva secretaría se esconde el intento de concesionar a la iniciativa privada el manejo de sitios históricos y centros culturales de todo el país.

De hecho, cerca de ochocientos profesores e investigadores tanto del INBA como del INAH ya interpusieron una denuncia ante el Alto Comisionado de los Derechos Humanos de Naciones Unidas por la violación de la Carta Magna mexicana en lo que respecta a los artículos III y IV constitucionales, dado que su concesión afectaría la gratuidad al derecho a la educación de todos los mexicanos, además de violentar su simbolismo.

La aprobación del senado corona una maniobra iniciada en la cámara de diputados hace un par de semanas, la que aprobó   por unanimidad la creación de dicha secretaría, con lo que al decir del ignaro Jesús Sambrano, presidente de la legislatura, la política cultural del país dejará de depender de la voluntad del titular en turno de la Secretaria de Educación Pública.

Esto debe tranquilizar a intelectuales y artistas de México, pues ahora la política cultural del país dependerá del talante de un presidente al que tales temas, la verdad, se le dan poco. El anuncio de la secretaría fue la cereza del pastel de su pasado informe de gobierno. La idea, claro está, fue celebrada hasta el delirio por la cúpula oficial, a la que tampoco se le da eso de la cultura, pues luego les duele la cabeza.

Aunque al lector le resulte difícil de creer, tras un sondeo entre los legisladores, ninguno supo decir cuáles serían las funciones de la nueva secretaria y, por ende, por qué acabar con Conaculta. Dice un adagio que “no hay que componer lo que está bien”, pero de seguro los diputados ignoran tal parte del refranero mexicano. Saben sí, la máxima que dice que “lo caído, caído y vamos pa’lante”, pero ese es otro asunto.

Debe aclararse que la iniciativa presidencial no fue seguida de la glosa correspondiente, como obligaría la lógica elemental salvo que tercien los intereses del autoritarismo, es decir, de los detalles que contempla la pretendida secretaría. Sobra decir que no existe ley reglamentaria y que en ese vacío el poder ejecutivo puede hacer lo que le venga en gana sin dar cuentas a nadie. La transparencia y el decoro crecen en México, que da gusto…

Los alegatos de estos grupos sindicales, integrados no por trabajadores comunes, sino por académicos, científicos y destacados artistas en varias disciplinas, no son deleznables y están bien planteados. ¿Para qué acabar con el Conaculta si, por lo menos en el discurso oficial, la secretaria realizaría las mismas funciones? Ni el nuevo secretario y mucho menos aún Peña Nieto, han podido responder esta simple pregunta.

Para descanso y sosiego del respetable público, don Tovar y de Teresa anunció, eso sí, que todo hay que decirlo, que en los próximos meses (¿?) se presentará el programa de trabajo de la nueva secretaría, y que es cosa de tener paciencia, que como dijera Clavillazo, “la cosa es calmada”. Hay quienes dicen que tan sólo se trata de una ocurrencia del presidente, pero eso es preocupante: cada ocurrencia suya le cuesta mucho al país…

POSDATA:

       De fuentes por lo general mal informadas –cual dijera cierta vez la exreportera de Televisa Erika Vexler– trascendió que uno de los pasajeros del vuelo 3351 de Aeroméxico, el que hace unos días sufriera un percance que obligara al piloto a regresar a la capital del país, de donde había salido rumbo a Cancún; bueno, ese pasajero se llevó tal susto que se dice que exclamó: “Dios me arrepiento de mis transas y ya no quiero ser gobernador”.

Sobra decir que no deben tomarse en serio los trascendidos pues por lo general son falsos. Deben considerarse los hechos comprobables, como que dicho pasajero del susto perdió varios kilogramos de peso y ya no tiene problemas de estreñimiento; se dice que juró también que ahora, en vez del FBO del aeropuerto de Cancún, prefiere el terrestre ADO. Sobra decir que tampoco hay que hacerle mucho caso a los ‘decires’…

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Nicolás Durán de la Sierra

Originario de la Ciudad de México (1960) estudió periodismo en la Escuela de Periodismo Carlos Septién García, con cursos externos de filosofía e Historia de la Literatura en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM Y de Economía en la Universidad Autónoma de Madrid, España.
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