Psicología

Los desacuerdos no son conflictos

Los desacuerdos se negocian. Los conflictos necesitan reflexión.

No podemos resolver problemas pensando de la misma manera que cuando los creamos” Albert Einstein

La tendencia, en muchas personas, y en quienes les aconsejan, es considerar desacuerdo y conflicto de manera intercambiable. Esta equivalencia acarrea confusión. La ignorancia de las diferencias entre estos dos tipos de interacciones conduce a situaciones de gran incertidumbre.

En todas las relaciones, hasta en las más placenteras y amistosas surgen ocasionalmente los desencuentros. Es normal, en la medida en que las personas tenemos historias personales diferentes; deseos, opiniones y necesidades distintas, que pueden conducir a una colisión de intereses. Para resolver desacuerdos y conflictos cabe sostener una actitud abierta de superación y de oportunidad de aprender de ellos.

Desacuerdo y conflicto tienen en común que pueden ser más o menos graves, o más o menos difíciles de resolver. La fuerza de los intereses que los desencadenan determina esa intensidad y la posibilidad de conciliación o no de las distintas posiciones. De la misma manera, pueden compartir la forma en que se originan: por la subjetividad de la percepción, por información incompleta, por las comparaciones o por diferencias de caracteres, entre otras. Sin embargo, las diferencias entre estos tipos de interrelaciones son, igualmente, evidentes y poderosas.

Lo que define un desacuerdo es que usted y la otra parte hablan entre sí, de tal manera que se aproximan y negocian soluciones. El desacuerdo se caracteriza, precisamente, por la capacidad de seguir hablando después de que éste se produzca. En contraste, en los conflictos, las personas hacemos suposiciones sobre los demás y los sentimientos suelen ser, o convertirse, en negativos. En los conflictos se habla poco y se acusa mucho. La confrontación está mediatizada por actitudes de juicio, crítica y censura. Ordenar, mandar e imponer, moralizar, sermonear o crear obligación, son otras actitudes que, por lo generar, suelen conseguir generar un conflicto. A diferencia del desacuerdo, también existe un nulo beneficio para la relación en los conflictos.

Nuestras emociones están muy influenciadas por nuestras propias historias personales.  En el conflicto las reacciones están caracterizadas por “cómo nos sentimos” y el significado que esos sentimientos tienen para nosotros. El conflicto es un choque emocional entre personas con opiniones personales poco flexibles sobre una determinada situación. Un ejemplo cotidiano de ello, lo vemos en muchas relaciones de pareja basadas en los juicios, las censuras, las interpretaciones y en los repetidos intentos de persuasión.

El conflicto necesita la vía de la reflexión, de la autoreflexión, para encontrar una puerta de salida apropiada. En su forma más simple, esta reflexión se realiza sobre una consideración consciente de lo que se está experimentando, con el propósito de establecer una mejor manera de actuar, o corregirla en su caso. Conocernos mejor a nosotros mismos es fundamental para desarrollar esta actitud autoreflexiva.  Aprender a describir y no caracterizar nuestras emociones y las de otras personas, disminuirán las reacciones automáticas que suelen encender la chispa del conflicto.

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Blas Ramón Rodríguez

Psicólogo. Especialista en Medicina Psicosomática y Psicología de la Salud, experto en intervención psicológica en Diversidad Funcional y Trastornos mentales, Master en psicología del trabajo, por las Universidades de Barcelona, Ramon Llull, San Jorge, UOC, de Las Palmas de Gran Canaria. Escritor y divulgador científico en diferentes medios de comunicación. El propósito de su actividad profesional, científica, divulgativa y literaria, es poner al alcance de cualquiera la psicología como elemento esencial para la mejora de la calidad de vida.
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