Internacional

Los chinos aprenden a vivir con el miedo al coronavirus

Un mes después de que se declarara el aislamiento en Wuhan el país sigue viviendo bajo el estado de excepción, con las escuelas cerradas y muchos empleados trabajando en sus casas

La vida en Pekín transcurre detrás de una mascarilla. No es posible salir de casa sin ella, al principio era un consejo, que prácticamente todo el mundo seguía, pero ahora es obligatorio y los que se salten la norma se arriesgan a una denuncia. Un mes después de que se declarará el aislamiento de la ciudad de Wuhan, China sigue viviendo en una especie de estado de excepción que limita los movimientos.

Las calles de Pekín han recobrado algo de actividad en la última semana, pero nada remotamente parecido al bullicio y al caótico tráfico de los días normales. La mayoría de los restaurantes permanecen cerrados. En muchos de los que se atreven a abrir solo ofrecen comida para llevar para evitar la concentración de personas en un espacio cerrado. Algunos han optado por vender, como si fueran tiendas, las existencias de las neveras y así compensar las pérdidas.

Teatros, cines, bares, museos, monumentos… Todo lugar de esparcimiento sigue sin abrir sus puertas. El gobierno municipal ya ha anunciado ayudas para compensar las pérdidas del sector del ocio. Incluso para poder pasear por una de las calles más turísticas de Pekín, Qianmen, al sur de la plaza de Tianamen, hay que dejar que los guardias comprueben si tienes fiebre para que abran la barrera con la que han bloqueado los accesos a la zona peatonal. El aspecto del barrio es desolador, las calles por las que habitualmente circulan miles de turistas están vacías y las tiendas de souvenirs y bares cerrados, incluidas las franquicias internacionales como Starbucks.

El presidente Xi Jinping ha insistido en la necesidad de reanudar la actividad económica, pero en el día a día de la capital todavía parece una meta muy lejana. Prueba de ello es el metro, donde estaciones y vagones están vacíos. La gente se hace selfis para dejar constancia de un hecho tan poco común. Hace dos meses el paisaje habitual eran colas en la calle para entrar en las estaciones en hora punta, andenes abarrotados y pasillos donde prácticamente no era posible andar.

Wang Lixue no cree que hasta abril se vuelva a normalizar la vida en su oficina, una empresa de seguros médicos. Esta joven de 32 años asegura que teletrabajan desde casa y se han organizado por turnos para ir a la oficina algunos días a la semana. Es una forma de que la plantilla no coincida en su totalidad y así no compartir espacio con mucha gente. Pero tienen que informar diariamente de su estado de salud.

La epidemia de Covid-19 también ha dejado a los niños sin clase, ni siquiera hay fecha para reabrir guarderías y colegios. Es todo un reto para el sistema educativo, que el pasado lunes 17 empezó la enseñanza on-line para evitar la pérdida de clases. Unos 280 millones de alumnos de primaria y secundaria se conectaron a través de Internet con sus profesores para seguir las clases. Utilizan diferentes plataformas educativas. Han recomendado que los horarios sean similares al de la escuela tradicional, entre las 7.30 de la mañana y las 5 de la tarde, y se incluyan descansos y ejercicios oculares para evitar problemas.

En las universidades de Pekín, con gigantescos campus donde viven estudiantes y profesores, se ha pedido que no regresen los que se fueron de vacaciones. Deberían pasar una cuarentena de 14 días y la vida para los estudiantes puede ser difícil, ya que duermen en dormitorios y los comedores están cerrados. Luis Filipe Pestana, profesor de portugués en la Universidad Normal de Pekín, es uno de los pocos docentes que lleva todo el aislamiento viviendo dentro de su campus, que está vacío y los controles son estrictos. Asegura que «la propia universidad nos obliga a hacer un registro on-line diario para saber nuestra situación, que incluye nuestra posición geográfica».

A pesar de ello no se siente aislado y ha estado preparando las clases por Internet, que en su universidad empezarán hoy. Pero la reapertura de las clases presenciales en algunas universidades se puede retrasar hasta mayo.

En el paisaje de Pekín se ha normalizado los controles. Las pequeñas carpas, con personal para vigilar accesos, que han instalado a la entrada de muchas de las comunidades de vecinos o de los barrios no augura que la normalidad regrese en poco tiempo.

Controlan la temperatura a todos los que vuelven a casa y si tienes fiebre dan parte a las autoridades sanitariasEn algunas comunidades de vecinos ya no permiten la entrada de familiares o amigos. En las farmacias tienes que dejar tus datos para comprar medicinas para el resfriado o la fiebre y días después recibes una visita en tu domicilio para comprobar tu estado de salud. La vida cotidiana la marca el miedo al coronavirus.

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La Voz de Galicia
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