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Leicester City, un cuento de hadas

Es el cuento de hadas que todo equipo de fútbol querría vivir. El Leicester somos todos, se dice en las últimas semanas, en los últimos meses. Es la simpatía por el héroe inesperado, el modesto -entiéndase modesto en el contexto de la multimillonaria Premier- que se cuela entre los poderosos. La viva demostración de que el dinero no lo es todo y que con trabajo e ilusión se consigue prácticamente cualquier cosa. Sí, incluso ganar una Premier League cuando eres un firme candidato al descenso en el inicio de la temporada.

Hace un año la situación era bien distinta. El Tottenham que hasta hace poco le pisaba los talones derrotaba a los ‘foxes’ el pasado 25 de marzo de 2015. Era la confirmación: el Leicester se convertía en el colista de la Premier. Quedaba a 7 puntos de la salvación con nueve jornadas por delante. Lo que llegaría después sería un pequeño milagro como adelanto a lo que todos verían esta temporada. 7 victorias en 9 partidos confirmaban su angustiosa presencia en la élite del fútbol inglés al año siguiente.

Discreto palmarés

Esa sí es la historia habitual de un club fundado en 1884 en una ciudad donde predomina la afición por el rugby. Ubicado entre Londres y Leeds, Leicester es una pequeña ciudad de 300 mil habitantes acostumbrada a ver a su equipo de fútbol moverse entre la élite y las divisiones algo más modestas del fútbol inglés. Su historia no es la de un club laureado que acostumbra a levantar títulos. Cuatro finales de FA Cup (la última en 1969), tres títulos de Capital One Cup (1964, 1997 y 2000) y una Charity Shield en 1971 ganada al Liverpool son su bagaje en sus más de 130 años de historia.

El club tocó fondo en la temporada 2008-09. Los ‘foxes’ caían a la League One (lo que equivale a la Segunda B en España). En el 2010 llegaría el resurgir del Leicester. Vichai Raksriaksorn, magnate tailandés propietario del consorcio King Power International, se hacía con el club por 30 millones de euros. El club encontraba la inyección económica necesaria y se iniciaba así una ascensión que acabaría con los ‘foxes’ en la Premier League.

«Cuando compramos al Leicester City hace cuatro años, mucha gente me preguntó por qué no compramos un club de la Premier y mi respuesta fue que eso no representaba un reto para mí. Comprar un equipo del Championship era más difícil.» El objetivo, cuatro años después, era una realidad.

Salvado el primer año del regreso, el Leicester realizó su inversión más fuerte el pasado verano con la llegada de jugadores como Kanté u Okazaki que dispararon el gasto con respecto a temporadas anteriores. Aún así, la inversión seguía siendo demasiado modesta en comparación con la de los equipos punteros de la Premier.

La llegada de Ranieri

Al ambicioso proyecto se sumó la pieza clave de todo este engranaje: Claudio Ranieri. Nigel Pearson abandonaba el banquillo tras un escándalo durante una concentración del equipo en Tailandia en la que se veía involucrado su hijo. Tom Hopper, Adam Smith y James Pearson eran despedidos tras publicarse un video en el que los tres jugadores proferían insultos racistas y agredían a tres tailandesas con las que mantenían relaciones sexuales en una habitación de hotel. El ruido mediático y ciertas discrepancias con la directiva forzaron la salida del que había sido el héroe del ascenso. Llegaba Ranieri y con él un nuevo Leicester.

Poco se puede comentar ya del técnico italiano que no se haya dicho a lo largo de este año. A sus 64 años ha convertido al Leicester en un equipo cuya fuerza reside en el colectivo. «Estamos ante el mejor espíritu de equipo que recuerdo en toda mi carrera». Ese espíritu que apunta el entrenador de los ‘foxes’ es el que ha llevado al Leicester a hacerse un hueco en la historia del fútbol inglés. La Premier es suya. De leyenda.

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