Han pasado casi cuatro meses desde que el escritor Reza Emilio Juma lanzó la edición especial de Mil besos, titulado “Sueño Mediterráneo” presentando en decenas de ciudades en México. 

El autor de “Mil besos”, “El legado del príncipe de Cachemira” y “La trapecista” ha sido portada de periódicos, el enfoque de los medios culturales, han hecho una obra teatral de su novela, y ha recibido invitaciones personales y reconocimientos de rectores, directores, alcaldes y gobernadores en México y en España. Sus libros están en varios continentes y cada vez más resuena su nombre en el ámbito literario. No solo se concentra en la promoción de su libro, Reza Emilio también se dedica al fomento de la lectura entre los jóvenes mexicanos visitando escuelas marginados y comunidades indígenas. 

En esta entrevista, Reza Emilio Juma se sincera acerca del amor y el desamor en sus novelas, y las diferentes máscaras del escritor.

¿Cómo definirías ese amor entre Milo y “la chica del sueño” en tu novela “Mil besos”?

Ella fue la que Milo no vio venir. Con su llegada sacudió su mundo y le hizo cuestionar todo sobre el amor. Hubo muchas antes, pero al final fue ella, y solo ella quien convirtió en su tesoro.  Todo parecía locura, pero si no hay locura no hay amor.

Cuando leo “Mil besos” no dejo de pensar en cómo puedes llegar a describir este amor tan tierno entre Milo, protagonista del libro, y la “chica del sueño”. La manera en que describes este amor, con tanto detalle y pasión, me resulta difícil pensar que no existiera en realidad. Al menos alguien en tu vida te inspiró cuando inventaste este personaje. ¿Qué tanto de Mil besos es tu vida? 

Reconozco que escribí este libro muy rápido y la historia salió en poco tiempo. Sentí poseído cuando lo escribí y simplemente tecleaba sin preguntarme a mismo de donde llegaba la inspiración, o igual, ni siquiera paraba a pensarlo. Si reflexiono o intento recordar que sentía cuando lo escribí diría que tal vez hubiera un catalizador en mi vida o alguna fuente de inspiración pero no logro concretarla porque ha sido una popurrí de todo. Creo que es más profesional que los escritores de novelas de ficción procuremos de mantener la mente fría para no dejarnos ser influidos por temas personales en nuestras vidas. Es importante mantener una cierta distancia de los personajes del libro. Se trata de crear no contar. Muchos escritores caemos en la trampa de querer contar nuestras vidas. Para mí eso es prepotente y no requiere ningún merito ni imaginación. Hablar de tu vida no es difícil. Cada uno piensa que su vida es la más interesante, incluso para escribir un libro. La gente ya no escucha ni reflexiona porque sus mentes están llenas de ruido solo pensando en sus vidas; “yo, yo, y yo”. Así no puedes crear ni mucho menos montar pieza por pieza una novela de ficción. Pero no es fácil, hay que tener mucha fuerza mental. Reconozco que me identifico con algunas descripciones acerca del amor, es inevitable, soy un romántico y un soñador. Pero desde luego, no es mi vida.

Comentabas de qué en tus eventos la gente a veces te pide consejos, no solamente de la literatura sino en la vida. ¿Te gusta ayudar a la gente con consejos o hablando de tus experiencias?

Me orgullece saber que la gente me busca para que les aconseje e intento ayudar dentro de mis posibilidades pero no es mi trabajo y no quiero que la gente se confunda. Soy un escritor, creo historias ficticias basadas en la fantasía, nada más. Sé que soy una figura pública y aconsejar y hablar con mi público forma parte de ese trabajo pero no creo que sea la persona más indicada. Mira, soy una persona muy consciente de mi imagen porque, desgraciadamente, forma gran parte de mi trabajo y las ventas. Procuro cuidar ese aspecto que requiere mucho estudio; la voz, el tono, los gestos, la sonrisa, la mirada… Pero la gente que me ve desde lejos o en internet solo ve ese exterior mío o fachada; el escritor en este caso. Reconozco que, a veces, me resulta fácil esconder detrás de esa fachada del escritor y así no tener que hablar de mí. Pero Reza, la persona real, es otro muy diferente.

Tus novelas han tenido gran éxito, se venden a nivel internacional, han hecho una obra de teatro de tu novela en Bogotá, Colombia, las reseñas de los críticos literarios han sido increíblemente positivas, y estás por publicar tu mejor obra literaria con “Lágrimas de arena”. Dicen que el éxito suele traer consecuencias en las vidas personales de los artistas. ¿Estarás de acuerdo?

No digo que sea mi caso pero creo que cuanto más te obsesionas con la fama y el éxito más te alejas del trato humano y todo se vuelve superficial y solo ves las cosas por su utilidad relacionada a tu carrera. Sobre todo te alejas de tus seres queridos y te aíslas. Ellos suelen ser las víctimas de esa obsesión y prepotencia. Cuando sales en la televisión, revistas y periódicos y tienes a gente que te admira y que te sigue, te sumerges en un mundo fantasioso y superficial que no es indicativo de la realidad y es fácil caer en él y así hacerte algo que no eres y llevar esa doble vida con varias máscaras. Al ser escritores pecamos de ser ilusos y soñadores y nos alejamos de la realidad creando nuestras propias historias ficticias y a veces nos perdemos en nuestras fantasías. Desde luego la imaginación es una buena cualidad, mira como me ha servido a mí con mis libros. Pero debemos estar conscientes siempre de que la vida no es un libro y no todo tiene que ser tan romántico y dramático. 

Por eso, tienes que tener la inteligencia de saber que no es por ti sino por tus libros o tu imagen. Hay que estar consciente de que todo es momentáneo, la vida es un espejismo, y solo la humildad te va a volver a la realidad. 

Hablan mucho de que los novelistas tienen la capacidad o el don de determinar sus propios destinos, e incluso de los demás. ¿Qué opinas al respecto?

En el alma soy un escritor y a veces veo la vida como si fuera una fantasía que puedo crear y modificar a mi antojo, igual que en mis libros. Como si el mundo fuera mi sinfonía y yo el maestro. He pecado de saltar de sueño en sueño porque, simplemente, tenía la gran facilidad para hacerlo. Y esto es el hilo conductor de “Mil besos”. 

Los escritores solemos ser ilusos y pensamos que podemos cambiar las realidades de la gente a nuestros alrededores a nuestro antojo. Nunca sufría las tragedias de mi vida porque daba un giro a todo y hasta convertía lo más trágico de mi vida en algo romántico como si fuera parte del libro con un fin para el gran desenlace. Esta táctica puede servir para alejarte de la realidad y evitar el sufrimiento pero a largo plazo ser un iluso no puede ser sano. Lo que debemos de hacer es utilizar esa cualidad o inteligencia a nuestro favor para hacer cosas positivas. Si la pintura tiene demasiado negro o gris agrégale amarillo, rosa o naranja, no es difícil. Siempre he dicho que nosotros somos los autores de nuestros propios libros. Yo estoy con la pluma entre mis dedos. Yo decido mi historia.

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