Reseñas

La Vida De Calabacín: Una película animada que es muy humana

Calabacín es un niño de 9 años que encuentra la felicidad en cosas tan sencillas como jugar con latas vacías o volar un papalote que lleva impregnado un dibujo de su padre. Pero cuando su madre alcohólica fallece, Calabacín se ve obligado a irse a vivir a un orfanato en el que, después de un siempre complicado proceso de adaptación, encuentra a otros niños que, al igual que él, están tan llenos de problemas como de sueños.

“La vida de calabacín” (Ma vie de courgette) es un film franco-suizo dirigido por Claude Barras, un suizo dedicado a los cortometrajes animados que con esta cinta hace su primera incursión en los largometrajes de este tipo. “La vida de calabacín” hizo mucho ruido desde su primera aparición en el Festival de Cannes de 2016, estuvo nominada como Mejor Película Animada en la última edición de los Globos de Oro y de los Premios Oscar, fue la ganadora de Mejor Película Animada y Mejor Guion Adaptado en los Premios Cesar y estuvo a punto de hacer historia cuando tuvo posibilidades de conseguir doble nominación al Oscar como Mejor Película Animada y Mejor Película De Habla No Inglesa.

Siempre he dicho que hay dos tipos de películas animadas infantiles: las que son sólo para entretener a los niños y las que son para entretener tanto a niños como a adultos. Pero en esta ocasión nos encontramos con algo que va más allá de eso, “La vida de calabacín” es un film que no sólo sirve como entretenimiento o para dar un mensaje (cumple con ambas), también es un reflejo sobre la infancia en su estado más puro: inocencia, sueños, ilusiones, temores y amor, amor puro.

Los primeros minutos de esta cinta son oscuros y tal vez un poco fuertes, aunque todo en el film se trata con una delicadeza impecable. Pero conforme avanza la historia es imposible que el espectador no se sienta identificado o genere empatía con alguno de los personajes, ya sea que en alguno de ellos vea el reflejo de algún infante que conozca o ya sea que estos personajes le permitan recordar un poco de su etapa de infante. Como sea, le puedo asegurar, querido lector, que esta película logrará mover “algo” en usted si le da una oportunidad y, sobre todo, si encuentra alguna función disponible en medio de latin lovers mexicanos y sagas interminables sobre autos o superhéroes.

Además de lo bella que es en su narrativa, “La vida de calabacín” tiene varios aciertos en otros apartados. La animación hecha en stop-motion es fenomenal, una técnica que se niega a quedar en el olvido y que trabajos como éste le ayudan a tener el reconocimiento que se merece. La fotografía, la edición y un correcto trabajo de iluminación hacen que la película sea visualmente atractiva y el buen uso de los colores ayuda a llamar la atención de lo más pequeños, atención que por momentos podría perderse por el tipo de historia (poco convencional para las películas animadas que están acostumbrados a ver) que se está contando. También el doblaje, en su idioma original, es bastante bueno.

“La vida de calabacín” es un acierto para el cine animado, consigue llevarnos a través de la vida de un niño con problemas reales de una manera conmovedora y entretenida. Es uno de los reflejos más puros que he visto sobre lo que en verdad significa ser un infante. Y es acertada al momento de transmitir un mensaje; a los pequeños también les pasan cosas, no son “sólo niños”, o tal vez, sí sean “sólo niños” y no se merezcan todas las cosas por las que pasan a tan corta edad, cosas de las cuales los adultos son responsables y que el film aborda sin criticar o pretender, sólo con la intención de hacer un pequeño viaje al psique de los niños.

Aunque es una cinta animada, “La vida de calabacín” es una de las películas más humanas del 2016.

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Freddie Montes

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