A principios de febrero del año en curso, me llamó mucho la atención una publicación que me encontré navegando por la web, la cual se muestra a continuación:

Y aunque al investigar más a fondo comprobé que la foto de la peleadora ensangrentada no se trataba de Tamikka Brents, sí pude verificar la autenticidad de la información: 

La peleadora trans tuvo pese a las polémicas generadas algunos combates más, hasta que casi mata a una rival en su última pelea en 2014. Fox derrotó a Tamikka Brents a los dos minutos del primer round y le propinó una tremenda golpiza que le produjo daño en el hueso orbital y una conmoción cerebral. La derrotada tuvo que ser internada ya que requirió siete grapas para cocer su cabeza (MMA.UNO, 14/II/21).

La imagen de la tremenda herida de esta contrincante se muestra a continuación: 

Resulta que la competidora transexual (quien nació siendo un “macho” biológico) Fallon Fox, se convirtió en la primera peleadora con dicha identidad de género en la historia de las llamadas artes marciales mixtas, en donde logró una impresionante marca de 5-1. Lo curioso del caso es que a principios del torneo profesional en peso pluma organizado por la compañía CFA de Artes Marciales Mixtas, nadie sabía del secreto de la competidora, ya que su participación se había concretado bajo el estatus de “mujer”, hasta que en una de sus polémicas peleas noqueó de un rodillazo fulminante a su rival, revelando así su género poco tiempo después del encuentro. Es aquí en donde planteo las siguientes interrogantes: ¿Por qué Fox decidió guardar silencio al principio? ¿Será porque temía a no ser aceptada en la competencia femenina por ser un varón de nacimiento? 

Ante la prematura derrota en el ring y con una escandalosa herida de por medio, la competidora no transexual declaró lo siguiente:

<<He luchado contra una gran cantidad de mujeres>>, declaró Brents tras aquel combate«Nunca sentí la fuerza que sentí en una pelea como lo hice esa noche. No puedo responder si es porque [él] nació un hombre o no, porque yo no soy médico», afirmó y cerró: «Sólo puedo decir, nunca me he sentido tan disminuida en mi vida, y yo soy mujer fuerte» (MMA.UNO, 14/II/21).

Me imagino el desconcierto de la deportista al comprobar en carne propia que hombres y mujeres somos diferentes biológica, anatómica, fisiológica y genéticamente. Porque no estamos hablando aquí del aspecto antropológico, psicológico y sociológico permanente y cambiante que también constituye al ser humano, sino únicamente de su aspecto biológico y natural, mismo que en este caso se manifestó con una notable desproporción en la fuerza física de ambas competidoras. ¿O acaso la autopercepción de ahora en adelante será el único requisito requerido para que desaparezca esa acentuada e histórica línea divisoria entre hombres y mujeres deportistas? Si esto es así, me parece preocupante. Y aclaro; con dicha línea divisoria no hablamos de discriminación y mucho menos de transfobia, hablamos de aquellas condiciones necesarias y equitativas para garantizar que cualquier competidor o competidora tenga las mismas oportunidades para conseguir el triunfo. ¿Es tan difícil de entender? 

Considero firmemente que, al menos en este caso, es la ideología la que peligrosamente está reemplazando por completo a la biología. Y ojo, no estoy diciendo con esto que la sexualidad humana únicamente sea biología; más bien lo que quiero transmitir es que dicha sexualidad es un entramado de variables tanto de índole social y antropológico, como de índole biológico y genético. ¡Y he aquí el mejor ejemplo! “Hembras” biológicas en desventaja ante mujeres transexuales o “machos” biológicos de nacimiento que se autoperciben como mujeres. Me encantaría ver qué pasaría si un hombre transexual (“hembra” biológica de nacimiento) se inscribe en una competencia de boxeo o levantamiento de pesas con puros competidores varones. El desastre total de seguro y no por la incapacidad de la competidora, sino por la DIFERENCIA SEXUAL Y POR ENDE BIOLÓGICA entre ambos. 

Si quiere indagar un poco más respecto al tema de la transexualidad en el deporte, le recomiendo el polémico caso de la levantadora de pesas transgénero proveniente de Nueva Zelanda, Laurel Hubbard, quien ya ha roto algunos récords femeninos en campeonatos mundiales de halterofilia. Hubbard mide aproximadamente 1.80 metros y en 2012, cuando tenía más de 30 años, inició con su “transición” a mujer.

La extinción del deporte femenino ya no es una utopía.  

 

Gracias por su lectura. 

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