Eros Ortega Ramos

La sospechosa muerte de Héctor Beltrán Leyva

¿Realmente murió de un paro cardiaco?

De acuerdo a información oficial emitida por la Secretaría de Gobernación, el narcotraficante Héctor Beltrán Leyva, alias el H, falleció el día 18 de noviembre del año en curso a los 56 años de edad, en el Hospital Adolfo López Mateos ubicado en Toluca, Estado de México, a consecuencia de un paro cardiaco:  “Los hechos se registraron aproximadamente a las 15:07, cuando el encargado de la seguridad del penal reportó que Beltrán Leyva presentaba dolores intensos en el lado izquierdo del pecho, por lo que de inmediato médicos del centro federal le brindaron los primeros auxilios conforme a los protocolos” (SEGOG, 18/XI/18).

Héctor Beltrán Leyva, conocido como uno de los narcotraficantes mexicanos más poderosos de la historia, nació el 15 de febrero de 1965 en Badiguarato, Sinaloa. Su negocio de la venta de droga fue construido tanto por él como por sus tres hermanos restantes que integraron una alianza con el Cártel del también famoso Joaquín, “El Chapo Guzmán”, hasta que se produjo su ruptura en el año de 2008 debido a acusaciones de alta traición hacia hermanos del hoy finado narcotraficante.

También es necesario mencionar que éste Beltrán Leyva era el último hermano activo de cuatro que estaban al frente del “Cártel de los Beltrán Leyva”: “La captura de Alfredo Beltrán Leyva, alias El Mochomo, ocurrió en 2008. Un año después murió Arturo El Barbas o El jefe de jefes, y en 2010 ocurrió la detención de Carlos Beltrán Leyva” (AnimalPolítico, 18/XI/18).

Ante esto, periodistas como Ioan Grillo, autor del polémico libro, “El Narco”, llegó a comentar en alguna ocasión que Héctor Beltrán era uno de los más grandes traficantes de cocaína en todo el mundo, junto con el Mayo Zambada y Joaquín Guzmán: “Juntos movieron toneladas de cocaína desde Colombia a Estados Unidos, durante muchos años, y generaron riquezas que se contabilizan en miles de millones de dólares” (AnimalPolítico, 2014).

Para contextualizar es importante recordar que Beltrán Leyva fue aprehendido por elementos de la Procuraduría General de la República (PGR) y la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA) el pasado mes de octubre del año 2014 en un restaurante de mariscos en San Miguel de Allende, Guanajuato, acusado de haber cometido al menos cuatro delitos de carácter federal: acopio de armas de fuego, delincuencia organizada, operaciones con recursos de procedencia ilícita y delitos contra la salud. De esta manera, desde el año 2016 permanecía recluido en el Penal Federal No. 1 del Altiplano.

Como sucede con este tipo de personajes, repudiados por unos e idolatrados por otros, la noticia comenzó a circular de manera inmediata poco después de que fue dada a conocer en los principales medios de comunicación, más porque según un boletín de la propia Secretaría: “Al notar que no se recuperaba, las autoridades carcelarias decidieron trasladarlo, con todas las medidas de seguridad de atención a reclusos, al referido hospital donde, luego de ser atendido en el área de urgencias, los doctores reportaron su deceso” (SEGOB, 18/XI/18).

Esta situación dio inició al morbo y a la especulación que caracterizan a gran parte de la vox populi, la cual mediante el empoderamiento proporcionado por su estatus de cibernautas, dan rienda suelta a todo tipo de teorías que aunque en la mayoría de ocasiones son erradas, proporcionan material controversial para la emisión de rumores que se sustentan en lo que se dice aquí y allá; lo popular, lo prohibido, lo de moda. Pero lo que debería de llamarnos la atención es que, a pesar de esto, brindan toda una gama de posibilidades respecto a una muerte que no deja de resultar sospechosa, más cuando se trata de un narcotraficante estrechamente ligado con El Chapo Guzmán, mismo que poseía información privilegiada y fuertemente confidencial respecto a las redes de protección política que le eran brindadas por parte de altos mandos posicionados en el Gobierno Mexicano.   

Por otra parte, es fundamental recordar para ir atando cabos que justo por estos días, en la Corte Federal Estadounidense, Joaquín Guzmán se encuentra enfrentando un juicio por todos los delitos que se le imputan como el temido narcotraficante que fue (o muy posiblemente sigue siendo). Ahora, la pregunta que surge es: ¿Resulta factible pensar que Beltrán Leyva de verdad falleció por un infarto? Porque tal y como detalladamente lo menciona el periodista, Salvador García Soto, en una de sus columnas escritas para el periódico El Universal: “…porque de esa misma forma, también reportada oficialmente como “infarto”, murió en septiembre de 2015 el vecino de celda del Chapo en Almoloya, Sigfrido Nájera Talamantes, líder de los Zetas en Tamaulipas, y quien fuera uno de los testigos que declararon en la PGR sobre la fuga de Guzmán en Almoloya. Igual que Beltrán Leyva, a Sigfrido lo reportaron por la mañana del 7 de septiembre de aquel año “con dolor de pecho”, tras lo cual fue internado y falleció de un “paro cardiaco” ¿Coincidencia?” (ElUniversal, 19/XI/18).     

Dicho lo anterior, aunque los medios informativos jamás lo mencionen, ni siquiera como una remota posibilidad, no resulta tan descabellado suponer que después de la ruptura que hubo entre ambos narcotraficantes, el sorpresivo infarto que sufrió Leyva sea sólo la “versión oficial” que maneje la PGR y el Gobierno Federal, más no la que relate lo que realmente sucedió.

Tenga presente, estimado lector, que el pasado martes 13 de noviembre el abogado defensor de Joaquín Guzmán afirmó que durante el gobierno del panista, Felipe Calderón, el Cártel de Sinaloa le pagó millonarios sobornos para seguir operando en varias entidades del país. De la misma manera, con sus declaraciones involucra al todavía presidente priista, Enrique Peña Nieto, del mismo ilícito. Como era de suponerse, el vocero presidencial, Eduardo Sánchez, y el expresidente que le declaró la guerra al narcotráfico, negaron rotundamente en Twitter tales declaraciones por parte del abogado:

Juzgue usted y saque sus propias conclusiones. Pero tenga en cuenta que las coincidencias en la política no existen, menos cuando se trata de insólitas verdades que puedan poner en peligro los intereses de los poderosos.

 

Gracias por su lectura.

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Eros Ortega Ramos

Licenciado en Sociología por parte de la Universidad Autónoma Metropolitana.
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