Lo bueno de los abrazos es que cuando das uno, recibes uno también.” Diana Rowland

Aunque la neurociencia apenas empieza a comprender cómo y por qué nos abrazamos. Lo cierto es que todos necesitamos abrazos. Los abrazos son tremendamente reconfortantes, tanto en las alegrías como en las tristezas. 

Recientes investigaciones en el campo de la neuropsicología han venido a demostrar que los abrazos, especialmente cuando sentimos afectos por alguien o nos preocupamos por una persona, liberan grandes cantidades de oxitocina, esa hormona que tiene una gran influencia como mediadora y controladora de las emociones y los comportamientos sociales como el amor, la memoria, la rabia y el establecimiento de correlación entre experiencias pasadas y presentes. Disminuye el miedo y la ansiedad. Incrementa la confianza, la empatía y la generosidad. El psicólogo Matt Hertenstein, de la Universidad DePauw, afirma: “la oxitocina es un neuropéptido que básicamente promueve los sentimientos de devoción, confianza y unión».

Los abrazos son un comportamiento de interacción propiciado por la intersección de las redes motoras y emocionales en el cerebro, esto propicia que el abrazo sea mucho más que un simple movimiento de los brazos y un apretar de dos cuerpos. Se trata de un gesto que emerge de lo más profundo de nuestra psique, un gesto conmovedor y poderoso de amor y apoyo que viene y regresa a los centros emocionales de nuestro cerebro. 

Los abrazos, como los besos, son medicina para cuerpo y mente (llámalo alma, si lo prefieres). Los abrazos, casi más que ningún otro gesto genuino humano tiene la intencionalidad de provocar cariño, entrega, solidaridad, jugueteo y complicidad. Un abrazo sincero es una forma de comunicarse que nos conecta directamente con las emociones y la psicología de otra persona.

Los abrazos producen también la inhibición de cortisol, en dos palabras: menos estrés, y disminuye el impacto de las crisis emocionales; al liberar dopamina y serotonina genera relajación, bienestar y sensación de certidumbre. Desde mi punto de vista, como especialista en medicina psicosomática y psicología de la salud, sin duda, dar más abrazos nos hace disfrutar más y socializarnos mejor, lo cual todo junto nos ayuda a ser más felices.

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