En nuestros locos intentos cambiamos lo que somos por lo que nos gustaría ser” William Shakespeare

Encontrarse en una situación psicopatológica por dependencia emocional no es algo propio, o que les pase a determinadas personas. Le puede pasar a cualquiera. Ni existe evidencia empírica que relacione este trastorno emocional con rasgos de personalidad o con el género; tan solo los estereotipos de feminidad atribuyen a la mujer una tendencia mayor a vivir este tipo de experiencias desadaptativas de la personalidad.

Cuando aparece alguien que presenta una conducta interpersonal de dependencia emocional, es decir, un patrón de necesidades emocionales insatisfechas que se busca envolver o tamizar desadaptativamente en la relación con otra persona, o cuando se nos ofrecen distintas y variopintas maneras de afrontar la dependencia emocional en artículos y manuales de autoayuda; parece que estamos ante una patología claramente definida y estudiada. Sin embargo, lo que parece no es, al menos inequívocamente.

Lo que si presenta la dependencia emocional son aspectos comunes en todas las personas que la padecen. La sobrevaloración del otro, su endiosamiento, se produce desde una imperiosa necesidad de afecto, de constante aprobación. Se vive una realidad sociotrópica hacia la otra persona; es decir, se arrastran situaciones de ansiedad frecuentes y predisposición a fenómenos depresivos. Suele ser, entonces, cuando emerge la conducta victimista y de sumisión.

Quien más y quien menos hemos sentido admiración por alguien. Alguien nos ha cautivado, alguien nos  han llevado a pensar lo capaces que seríamos de hacer muchas cosas por aquella persona. Cuando topamos con personas narcisistas y  encantadoramente explotadoras, el ánimo disfórico y la baja autoestima pueden acabar cebándose con nosotros/as.

Finalmente, podemos equiparar muchas de las características de la dependencia emocional con otras muchas que describen la adicción amorosa, o, teniendo en cuenta que no existe consenso sobre la aplicación del término “adicción”, con la necesidad irresistible (“craving”) de estar en pareja. En este caso, lo más destacable está en las diferencias entre ambos conceptos. Y es que el dependiente/a emocional lo es aunque no esté en pareja. Desarrolla adicción al amor cuando se involucra en relaciones asimétricas y destructivas.

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