Reseñas

La Bella y La Bestia: Disney en tiempos de lo políticamente correcto

Bella (Emma Watson) es una joven soñadora que vive con su padre en un pequeño pueblo. A diferencia de la mayoría de sus habitantes, Bella disfruta de la lectura y no está de acuerdo con tener la vida que según todos está obligada a llevar. Un día Maurice, el padre de Bella, sale de viaje y se pierde en el camino, por lo que se ve obligado a entrar a un castillo donde habita una horripilante bestia que decide mantenerlo preso en este lugar. Al descubrir que su padre está encerrado en el castillo, Bella decide intercambiar el lugar de prisionero con él por lo que tendrá que vivir en este castillo lleno de sorpresas y misterios.

En 1740 la escritora francesa Gabrielle-Suzanne Barbot de Villeneuve publicó un libro llamado La Bella y La Bestia, cuya adaptación más significativa fue la hecha por Jeanne-Marie Leprince de Beaumont en 1956, la cual es una versión abreviada del cuento original. De este último libro han surgido un sinfín de adaptaciones literarias, teatrales, televisivas y cinematográficas. Enfocándonos en el séptimo arte, esta historia fue adaptada por primera vez en 1945 por el cineasta francés Jean Cocteau. Desde entonces hemos visto varias adaptaciones, inclusive hemos visto exitosas cintas como “King Kong”, “El Fantasma de la Opera” y “Nuestra Señora de París” (adaptada por Disney bajo el nombre de “El Jorobado de Notre Dame”) que cuentan, en esencia, la historia de “La Bella y la Bestia”.

Pero de todas estas adaptaciones ninguna tan famosa como la hecha por Disney en 1991, la cual no sólo se convirtió en uno de los clásicos de dicho estudio, también sorprendió a todos por sus grandes avances en el rubro de la animación y por contar una historia que se alejaba un poco de las típicas historias de princesas a las que la gente estaba acostumbrada. No por algo “La Bella y La Bestia” se convirtió en la primera película animada de la historia en ser nominada al Premio Oscar como “Mejor Película”. La nueva “La Bella y La Bestia” es una adaptación directa de dicho film.

Más que una adaptación “La Bella y La Bestia” de 2017 empieza como una calca de la estrenada en 1991, desde los primeros minutos el factor nostalgia juega un papel importante ya que la cinta, en su primer acto, no ofrece nada más que las mismas escenas del clásico de Disney pero rodadas con personas de carne y hueso. Y hasta ahí todo está bien, salvo un par de momentos que resultan algo incongruentes. El problema aparece en el segundo acto donde deciden agregar un par de situaciones a la historia con la finalidad de dar una explicación clara a las motivaciones de algunos personajes y con esto hacer una película un poco más “madura”. Esta situación se agradecería si hubieran sabido cómo llevarlo a cabo, pero al hacerlo de mala manera estas situaciones no resultan más que un estorbo para la historia que se está contando, por lo que el segundo acto de este film resulta somnífero.

Pero no sólo en el guion encontramos las debilidades de esta cinta, también en la dirección de Bill Condon (Dreamgirls, Crepúsculo la saga: Amanecer parte 1 y 2). El hombre no tiene idea de dónde poner su cámara, por momentos parece que estamos viendo una obra de teatro grabada con un teléfono celular.

Además, la escena del baile, ese momento cumbre de la cinta que es equivalente a cuando Blanca Nieves se come la manzana o cuando La Bella Durmiente se pincha el dedo, está tan mal dirigido, diseñado, iluminado y bailado que no le transmite nada al espectador, ni nostalgia ni emoción ni nada.

El diseño de arte de esta cinta es irregular, por un lado tenemos un diseño de producción bastante decente y por otro unos vestuarios que por momentos son muy bellos pero en otros parecen reutilizados de una obra escolar. Lamentablemente el vestido más importante de la cinta, el que todos estaban esperando ver, resulta una autentica decepción, me refiero al tan conocido vestido amarillo con el que Bella baila con La Bestia, el cual sólo tiene una similitud con el de la película animada: el color. Pero no es ni tan bello ni tan imponente como aquel. Aun así, es muy probable que veamos a “La Bella y la Bestia” nominada en alguna de estas categorías en los Premios Oscar 2018.

En cuanto a los personajes los que son más entretenidos y resulta un deleite ver en pantalla son todos los que tienen roles secundarios. Gastón, interpretado por Luke Evans, y LeFou, interpretado por Josh Gad, son sumamente divertidos. Evans y Gad logran imprimirles ese toque chusco tan propio de estos personajes pero sin caer en la exageración. Kevin Kline interpreta a Maurice, el padre de Bella, y gracias a que su personaje tiene un poco más de historia logra llevar su actuación más allá que la de un simple inventor chiflado. Todos los sirvientes son personajes hechos por computadora (obviamente) y aun así se sienten tan reales como mágicos, gracias también a las grandes voces que están detrás de ellos como Ewan McGregor, Emma Thompson e Ian McKellen.

El problema en cuanto a los personajes son los protagonistas. Por un lado tenemos a La Bestia, la cual está hecha con un CGI del nivel de “Sharkanado”, se nota a leguas que es un efecto por computadora, hay escenas que parecen sacadas de un videojuego de hace años gracias a lo mal digitalizado que está, y su diseño, en general, es bastante feo. Para un servidor fue imposible ver alguna escena en la que estuviera La Bestia sin pensar “que pésimo trabajo de CGI”. Además, ocurre lo mismo que en la versión animada cuando La Bestia se trasforma en príncipe, quisieras que se quedara como bestia ya que está mucho más afeminado que la misma Bella.

En el papel de Bella está Emma Watson, la cual fue la opción perfecta para una princesa de estas características, hubiera sido muy complicado encontrar a otra actriz que le hiciera tan buenos honores al nombre de “Bella”. El problema es que no basta sólo con ser bella, también hay que saber actuar como Bella y Watson no lo hace. En varias escenas se ve un poco acartonada y como ella no es la que canta por momentos la voz se escucha un tono más arriba pero su expresión facial es la misma durante toda su interpretación. Créame que si alguien es fan de Emma Watson y quería que se luciera ese era yo, lamentablemente esta mujer queda a deber.

En términos generales, “La Bella y La Bestia” es una buena película, hasta ahí. El segundo acto es aburrido pero el primero y el tercero salvan a la cinta. Algunos actos musicales son excesivos, ya quieres que se acaben (y se los dice alguien al que le encantan los musicales) pero otros son tan mágicos como los de la película animada. A pesar de su pésima dirección y del mal trabajo de las actuaciones protagónicas, esta cinta logra salir avante como el mejor live-action de Disney sólo después de la inmensamente superior “El Libro de la Selva” estrenada el año pasado.

Por cierto, sobre el tan mencionado “momento gay” que tiene la película, me resulta increíble que algunos estados y países hayan prohibido su proyección por una escena tan insignificante y que en estos tiempos no debería causarle ningún problema a nadie ¡a nadie! A pesar de esto, creo que todo este tema fue una gran estrategia de mercadotecnia por parte de Disney ya que si una de sus historias tenía todos los elementos para dar un mensaje de inclusión en estos tiempos políticamente correctos era justamente esta, “La Bella y La Bestia”.

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Freddie Montes

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