Nicolás Durán de la Sierra

Juan José Morales, homenaje olvidado en Quintana Roo

Rex velit honesta, nemo non eadem volet. Séneca

La madrugada del pasado 17 de febrero, de un fallo cardiaco, falleció en su natal Mérida, en Yucatán, el periodista Juan José Morales una de las plumas más brillantes de México en lo que toca a la divulgación de la ciencia -su especialidad a la vez que su pasión – sino también en el ámbito político, como secretario de Redacción de la revista ‘Política’, la antecesora de Proceso y de otras publicaciones del genero.

Empero, su labor en asuntos políticos no comenzó en tal revista, la fundada por Marcué Pardiñas que en 1967 fuera cerrada por Gustavo Díaz Ordaz, sino a fines de los 50s en los años violentos de los ferrocarrileros de Demetrio Vallejo, de quien fuera jefe de prensa “y al que entre corretizas y casi a escondidas le tirábamos en mimeógrafo sus discursos; no caí en Lecumberri de puritito milagro”.

Años después, ya en Quintana Roo, el periodista evocaría una frase del líder ferrocarrilero –la del epígrafe- “que tomé como una de las líneas de mi labor políticos y que dice más o menos: quiera el rey cosas honestas, para que sus vasallos deseen lo mismo. En sus artículos la usaba mucho Enrique González Pedrero, en las ediciones de la revista Política; la usó también Mario Renato Menéndez, si mal no recuerdo.

No es fácil, ni aún teniendo el oficio de las letras, escribir en torno a la muerte de un querido amigo, pues si difícil es evitar que el elogio caiga en desatino, lo es también el evitar que las palabras, al irse por lo bajo y por equivoca modestia, no rindan las justas honras a una vida plena y fértil. Su obra ha de hablar por él. Más adelante, cuando la tristeza se haya ido, conversaré en el papel con el maestro.

Por ello es que, a manera de homenaje, va aquí la síntesis de una entrevista realizada por Agustín Labrada en 2016 con el periodista hoy desaparecido, quien además fuera parte del Consejo Editorial de la Gaceta del Pensamiento en temas de Ciencias. Dentro de ‘Los Cuadernos de la Gaceta’ publicó los libros Divinos negocios –historia de los Legionarios de Cristo- (2013)  y La naturaleza y los mayas, en el 2015.

Antes de ir a la entrevista, vaya aquí como una invitación al gobernador Carlos Joaquín González el que, entre otros homenajes que se rindan al periodista, escritor y educador, la Casa de la Cultura de Cancún lleve por nombre de ‘Juan José Morales Barbosa’. No sólo se trata de un acto de justicia, sino a la vez de una forma sólida de dar vigor la memoria histórica de la Entidad. En Yucatán se le preparan grandes honores.

NO HABÍA A QUIÉN IMITAR

Tras haber colaborado en numerosos diarios, revistas y suplementos culturales, tanto de circulación nacional como internacional, y de haber recibido importantes premios, el maestro Juan José Morales Barbosa sigue en la batalla llevando la compleja ciencia en un lenguaje claro por los cauces del periodismo a la mayor cantidad de lectores que ama la naturaleza y el porvenir.

Tres de esas revistas, donde publicó Morales, marcaron hitos en la historia del periodismo mexicano: Política, que se considera antecesora de Proceso y en la cual fue secretario de redacción, de índole informativa y de análisis donde participaron intelectuales como Carlos Fuentes, José González Pedrero, Raquel Tibol, Carlos Monsiváis, Rius…

La segunda fue Contenido, la primera que pudo realmente hacerle competencia a Selecciones, pero no era una copia de ella como las que le precedieron, sino que se caracterizó porque contenía artículos y reportajes originales y trascendentes. Fue la primera revista mexicana que tuvo un redactor científico de planta: el propio Juan José Morales.

La tercera, Técnica pesquera, era una revista especializada en oceanografía, biología marina y pesca, en la cual Morales fue jefe de información y se ganó el prestigio de ser el mejor periodista latinoamericano especializado en esas materias. Estando allí, viajó por costas de México, Noruega, Dinamarca, Perú y Cuba; y participó en faenas de pescadores.

Entre los premios recibidos están el Netzahualcóyotl, que se confiere a escritores hispanoamericanos; el Premio Ricardo Mimenza Castillo, del Instituto de Cultura de Yucatán, por obra publicada; y el Premio Nacional a la Divulgación de la Ciencia, de la Sociedad Mexicana para la Divulgación de la Ciencia y la Tecnología.

El autor de libros como La nave del profesor Itzamná y El mar y sus recursos, también ganó el Premio Latinoamericano a la Popularización de la Ciencia y la Tecnología, que ofrece la Red Pop: asociación de museos, universidades, centros de investigación y otras instituciones de Latinoamérica, España, Francia y Estados Unidos.

      -¿De qué experiencias nacen tus vocaciones relacionadas con el periodismo, la literatura y la ciencia?

-Al periodismo entré por lo que podríamos llamar vocación natural desde mis tiempos de preparatoriano, publicando periódicos estudiantiles. Luego fui corresponsal en Yucatán de La voz de México, órgano del Partido Comunista, y, como les gustó mi trabajo, me pidieron formar parte de la redacción en la ciudad de México. Lo hice y, cuando el periódico dejó de publicarse diariamente, comencé a trabajar en otros periódicos y revistas.

“En aquel entonces quise estudiar Física en la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México. Por ello, en los periódicos en que trabajaba me veían como una especie de experto en cuestiones espaciales y empezaron a encargarme notas y reportajes sobre esos temas. Como hice bien las cosas, empezaron a enviarme a cubrir congresos científicos, y descubrí que en realidad, más que hacer ciencia, lo que me gustaba era hablar de ella, difundirla, y terminé especializándome en el periodismo científico.

“Al principio fue un poco difícil, pues los científicos desconfiaban de los periodistas ya que usualmente tergiversaban o mal interpretaban sus palabras, no por mala fe, sino simplemente por desconocimiento. Pero tuve el cuidado de siempre pedir a mis informantes que me revisaran mis textos para corregir errores. Con eso pude ganarme la confianza y la aceptación de muchos de ellos.

“Por muchos años fui el único periodista científico en México. Ahora hay muchos, incluso algunos que yo ayudé a capacitar, primero a través de cursillos informales para investigadores en la Torre de Ciencias de la UNAM, luego en el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, donde durante varios años dirigí la elaboración de programas de televisión y noticiarios de prensa y radio; y finalmente en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM donde, por iniciativa del director Julio del Río, establecí la cátedra de Periodismo de la Ciencia en la carrera de Ciencias de la Comunicación.

“También, por dieciocho años, produje para Radio UNAM el programa Actualidades científicas, dos veces por semana. El programa, por cierto, lo grababan personas que ahora son muy conocidas en el medio artístico como el compositor y cantante Óscar Chávez, los actores Eduardo Lizalde y Claudio Obregón, y el musicólogo Juan López Moctezuma”.

      -De tus inquietudes culturales, en su más amplio sentido, ¿cuáles han permanecido fijas a lo largo del tiempo y cuáles han respondido a circunstancias específicas?

-Tengo el afán casi obsesivo por combatir la superstición, la charlatanería, el oscurantismo, las seudociencias, la ignorancia, las falsas medicinas “alternativas”, incluida la homeopatía. A ello le he dedicado cientos de artículos, pero a veces pienso que estoy arando en el mar.

      -En tu larga carrera de actividades múltiples dentro de la cultura, ¿privilegias algunos momentos significativos?

– Podría escoger un par de ellos: mi participación en el equipo que elaboró los nuevos libros de Ciencias Naturales para la enseñanza primaria de la Secretaría de Educación Pública y la etapa en que dirigí la Casa de la Cultura de Cancún. En el primer caso porque pude contribuir a cambiar el sistema educativo; en el segundo, porque pude facilitar el trabajo de muchos creadores y establecer nuevos medios para difundir la cultura.

      – ¿Cuáles son los mecanismos fundamentales que utiliza el periodismo para avalar como verdades y dosificarlas para el público masivo los descubrimientos científicos?

– Más que de verdad, creo que en ciencia debemos hablar de confiabilidad y credibilidad de inventos y descubrimientos. Lo mejor para decidir si la tienen es que vengan de centros de investigación serios, de investigadores confiables y, desde luego, que la investigación se haya realizado conforme con el método científico y con base en principios ya demostrados.

      – ¿A qué fuentes acudes?

– Mis fuentes básicas de información son las revistas científicas. Ahora se me facilita mucho el trabajo gracias a la Internet, pero hubo una época en que gastaba una pequeña fortuna en suscripciones en revistas y tenía que andar metido en las bibliotecas de los centros de investigación que estaban suscritas a las más caras.

“La tecnología es un auxiliar del arte. Recuerdo a Siqueiros pintando con pistola de aire, y agradezco a los inventores de la máquina de escribir y la computadora por no tener que escribir con pluma y tintero, ni tener que hojear libros y haberme ahorrado muchísimo tiempo y esfuerzo en buscar información, escribir y corregir y pulir mis textos.

      -¿Hasta qué punto inciden los intereses e imposiciones del gobierno en turno, en cualquier país y época, en la obra de los periodistas científicos?

– No creo que haya imposiciones. Uno puede mantener su independencia. Más bien lo que hay por parte del gobierno es desinterés y desdén por la ciencia, ya que priva la mentalidad colonialista de que no vale la pena hacer investigación propia ni desarrollar tecnologías propias, ya que resulta demasiado costoso y es mejor comprar conocimientos en el extranjero.

      – ¿El reconocimiento público te ha sido imprescindible?

– Imprescindible no. De hecho, ni siquiera me importa tener reconocimiento público; me interesa es tener lectores.

¿Puedes mencionar los principales cinco maestros cuyas obras y estilos hayan tenido eco en tu formación?

-Como periodista en general recibí invaluables enseñanzas de Gerardo Unzueta y Rosendo Gómez Lorenzo, excelentes periodistas, que no sólo me enseñaron el oficio, sino también me inculcaron principios de ética, dignidad y rectitud que creo haber asimilado y conservado. En cuanto a estilo como divulgador, tuve que desarrollar uno propio pues como me tocó ser pionero en esto y no había a quién imitar.

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Nicolás Durán de la Sierra

Originario de la Ciudad de México (1960) estudió periodismo en la Escuela de Periodismo Carlos Septién García, con cursos externos de filosofía e Historia de la Literatura en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM Y de Economía en la Universidad Autónoma de Madrid, España.
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