Cuando ya no podemos cambiar una situación, tenemos el desafío de cambiarnos a nosotros mismos” Viktor E. Frankl.

Se dice que los hombres son reacios incluso a pedir orientación cuando se pierden buscando una determinada calle o dirección. Estereotipadamente, se cree que los hombres están menos interesados en la psicoterapia debido a condicionantes culturales; entre los más significativos, la creencia de que la apertura emocional y la vulnerabilidad, están en contra de los “valores” de un hombre criado como “hombre”. Son muchos los hombres que se sienten incómodos en la consulta psicológica y tienden a mostrarse muy cautelosos y a la defensiva.

No sé si soy un psicólogo y psicoterapeuta inusual. Lo digo por el hecho de que, durante mi carrera profesional, he trabajado con muchos hombres. En las últimas décadas, la mayoría de las personas que ejercen la psicoterapia, así como la mayoría de las personas que buscan psicoterapia son mujeres. Esta es una realidad que, además, viene avalada por el hecho de que las mujeres revelan más en terapia que los hombres. Sin embargo, y siendo esto así, esconde una trampa, una inexactitud, si prefieren un término más adaptativo. 

Los hombres, en realidad, se mueren por hablar de sus experiencias internas, lo que ocurre es que no saben muy bien cómo se hace eso. Es decir, han sido preparados para desafiar a otros, pero desconocen cómo desafiarse a sí mismos. Esta dificultad para empatizar con su yo mismo, se debe a una serie de características que, como ya apunté, tienen que ver con la cultural, la educación y las condiciones psicosociales en la que hemos crecido casi todos los hombres.

En general, el hombre se siente significativamente menos ansioso y deprimido que la mujer. La investigación científica es clara, la psicoterapia es muy eficaz en la ansiedad y en la depresión.

Se sienten menos solos. El poder y los privilegios seculares de los hombres descuidan las relaciones y las cercanías. El costo del aislamiento es algo que se sobrelleva, aparentemente, mejor que en las mujeres. La jerarquización machista y la territorialidad masculina se sustentan (entre otras muchas conductas) en la contención de la apertura emocional.

Los hombres expresan peor su mundo interno y acepta mal “interferencias” en el mismo. Con los amigos, incluso con los verdaderos amigos, las referencias a determinadas cuestiones íntimas son apenas tangenciales. En mi terapia con hombres casi ninguno confiesa que con ellos hablaría de lo que habla conmigo. Vamos, ni se aproximarían siquiera. A menudo su respuesta es que no hay nadie con quien hablar de sus temas más personales; y no me refiero solo a amigos.

Pero los hombres ganan mucho en psicoterapia. Ellos mismos se sorprenden. El acercamiento a su entorno, la mejora en las relaciones y en su propia construcción social son algunos de los beneficios más inmediatos que obtienen que, además, son puentes para abordar aquellos trastornos psicológicos o conflictos emocionales que les suceden. La psicología no es cosa de locos, pero tampoco cosa de mujeres exclusivamente. Rota esta percepción distorsionada para muchos hombres, su calidad de vida también tiende a mejorar considerablemente.

Comentarios