Psicología

Factores suicidas

Las investigaciones sobre la conducta suicida, arrojan una incómoda riqueza de factores de riesgo de suicidio.

Cada suicida sabe dónde le aprieta la incertidumbre” Mario Benedetti.  

A ningún profesional de la salud mental se le pide que prediga si alguno de sus pacientes intentará suicidarse en los próximos veinticuatro meses. De ninguno se espera que vea el futuro. Sin embargo, se espera que sean capaces de juzgar el riesgo relativo de suicidio y de que se puedan prever medidas adecuadas para garantizar la seguridad del paciente si se desata una crisis suicida.

Las investigaciones sobre la conducta suicida, arrojan una incómoda riqueza de factores de riesgo de suicidio. Uso de sustancias tóxicas, desempleo (que aumentan la impulsividad);  conflictos y trastornos emocionales; enfermedades físicas y mentales; acceso a las armas; la religión. Y especialmente la desesperanza en que nada mejorará. Agitación, insomnio, pesadillas y aislamiento social, son los factores de advertencia más relevantes, cuando se sospecha una situación de riesgo suicida. Un elemento que debemos procurar no pasar por alto cuando hablamos de riesgo de suicidio, es el de esa vivencia soterrada de confusión mental, por la que la persona se llega a odiar a sí misma. La persona suicida concluye que, es ella, la fuente de todos sus problemas y que los demás estarían mejor sin ella.

El suicidio es un acto violento y la agitación, en la persona con riesgo de quitarse la vida, es una de las evidencias más relevantes de su inminencia. Los trastornos del sueño –  los que nos hemos especializado en medicina psicosomática los conocemos bien – son, igualmente,  factores de riesgo inminente de conducta suicida. Cabe destacar que, en la sintomatología del suicida, el insomnio no se puede abordar como un mero síntoma psiquiátrico común, porque se trataría de una malinterpretación de consecuencias imprevisibles.

Las pesadillas son una adición recientemente añadida, por la investigación, a las advertencias de suicidio. La razón por la que las pesadillas se perdieron de vista en la evaluación del riesgo suicida, es atribuida por los investigadores que las han “redescubierto”, al anticuado análisis de los sueños que, desde la psicodinámica, se venía realizando en las intervenciones psicoterapéuticas. El contenido de los sueños, no obstante, es una enorme fuente de información, especialmente significativos para la prevención en personas con tendencias suicidas agudas.

El aislamiento social es un signo particularmente preocupante en los adolescentes, y en cualquiera. Las ideaciones suicidas propician la abstinencia social. Este comportamiento dificulta notablemente la comunicación y, en consecuencia, el descubrimiento de indicios de situaciones de riesgo.

Afortunadamente todas estas señales de advertencia de suicidio son modificables. Más del 90% de las personas que sobreviven a los intentos suicidas acaban por llevar una vida normal y saludable. Pensar en el suicido no es un pensamiento normal y debe tomarse muy en serio, siempre. La psicoterapia con un profesional competente es la mejor intervención disponible para las crisis suicidas.

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Blas Ramón Rodríguez

Psicólogo. Especialista en Medicina Psicosomática y Psicología de la Salud, experto en intervención psicológica en Diversidad Funcional y Trastornos mentales, Master en psicología del trabajo, por las Universidades de Barcelona, Ramon Llull, San Jorge, UOC, de Las Palmas de Gran Canaria. Escritor y divulgador científico en diferentes medios de comunicación. El propósito de su actividad profesional, científica, divulgativa y literaria, es poner al alcance de cualquiera la psicología como elemento esencial para la mejora de la calidad de vida.
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