Quintana Roo

«Esperamos justicia», dice hermano de Victoria Salazar

Los familiares de Victoria Esperanza Salazar, la salvadoreña muerta a manos de policías en México, sepultaron este domingo sus restos a la espera de que en ese país se haga justicia y se marque un precedente contra la brutalidad policial.

La muerte de Salazar generó indignación en los dos países, además de reclamos de El Salvador y protestas de organismos internacionales, así como de grupos que acusan a las fuerzas de seguridad mexicanas de racismo y misoginia.

«Esperamos justicia, esperamos que se resuelva esto» porque «todos los medios vieron la manera en que asesinaron a mi hermana, que no fue una manera correcta de actuar de los policías», dijo a la prensa Carlos Salazar, hermano de la víctima, tras la inhumación, al tiempo que agregó que «nadie hizo nada por quererla ayudar, sino que solo la dejaron como un perro muerto.»

Señaló que su familia sigue sin entender «qué pasó» y apuntó que las autoridades únicamente les han informado sobre la detención de cuatro policías, acusados de feminicidio. «Se supone que hay otros dos implicados más, siempre policías», añadió.

Futuro desconocido para las hijas

Salazar comentó, respondiendo a las preguntas de la prensa, que en algún momento se plantearon solicitar asilo para las hijas de su hermana, dos adolescentes de 15 y 16 años de edad, «si ellas se sentían inseguras de regresar» a El Salvador, pero esto no se concretó.

«Quisiera que ayudaran a mis sobrinas, porque quedaron en orfandad» y ellas son «la preocupación de nosotros», indicó.

Sostuvo que el futuro de las menores de edad en El Salvador es incierto, pero que se quedarán con su familia, que las apoyará para que «estén bien».

La pareja de Victoria Salazar, un hombre mexicano, fue detenido a raíz de una denuncia que presentó antes de su muerte por abuso sexual en contra de la menor de sus hijas.

Victoria, de 36 años, vivía desde hace cinco años en México, donde trabajaba en la limpieza de hoteles con una visa humanitaria que obtuvo en 2018 tras obtener refugio de la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (Comar), según ha contado su madre, Rosibel Arriaza.

Sus restos mortales llegaron a El Salvador el sábado y fueron trasladados al municipio de Sonsonate, unos 63 kilómetros al suroeste de la capital San Salvador, donde familiares y allegados se reunieron para las honras fúnebres, una misa católica y su inhumación en un cementerio privado.

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