Vivir con ansiedad es como vivir con una voz que conocen todas esas cosas que te causan inseguridad y que la usa en tu contra” Anónimo

Aunque cuando lo comento hay hasta quien se lleva las manos a la cabeza, la ansiedad, como la mayoría de las cosas, es buena con moderación.

La ansiedad tiene un propósito; mantenernos a salvo. Cuando el cerebro detecta un peligro, una situación de inseguridad o simplemente una incomodidad, produce una respuesta fisiológica dentro del cuerpo que lo ayuda a reaccionar adecuadamente. Pequeñas cantidades de ansiedad ayudan en los estudios, en los deportes y en multitud de desempeños de la vida cotidiana. Una ausencia total de ansiedad provocaría una situación de letargo, un abotargamiento de los sentidos, una situación de desatención compatible con una caída fulgurante de la autoestima.

Pero ocurre que a algunas personas la ansiedad se les dispara. Su cerebro, sin que ellos o ellas sepan bien por qué, les envía señales de alarma de una intensidad que pone sus cuerpo en modo lucha, huida, miedo o pánico, incluso sin que sean consciente de que corren un peligro inminente o están en una situación complicada.  Y esto les sucede en lo más rutinario de la vida cotidiana, como salir a la calle, cruzarse con otras personas o desempeñar un trabajo, entre otras tantísimas. Por lo general, la respuesta a esta situación ansiosa es la evitación.

Con la evitación la persona ansiosa cree poder apartar de sí los pensamientos y sentimientos que le producen un trastorno de su ansiedad, así como rehuir de los síntomas fisiológicos de que se acompaña. Pero este nivel de ansiedad se desenvuelve en un círculo muy difícil de romper, así, sin más, con solo desearlo e intentarlo. En general se fracasa en este esfuerzo.

 La consecuencia más inmediata de los esfuerzos fallidos contra la ansiedad, es una mayor elevación y frecuencia de la misma, o la aparición de nuevos trastornos de ansiedad. Porque los trastornos de ansiedad son variados y varían.

Pero, podrían preguntarse ¿cómo sé si mi ansiedad es normal o está trastornada? 

No se sabe, se vive.

Los grandes esfuerzos para evitar la incomodidad de la ansiedad son, junto a la sintomatología fisiológica (sudoración de manos, taquicardias, etc.) las principales evidencias de que algo anormal sucede con nuestra ansiedad. El bienestar físico y psicológico queda afectado. Sin embargo, pese a estas evidencias, la razón por la que muchas personas no reconocen cuándo su ansiedad se ha convertido en un problema, tiene que ver, y mucho, con los estigmas asociados a los problemas de salud mental.

Otro factor que puede dificultar la distinción entre uno y otro tipo de ansiedad, al menos en las fases iniciales de los trastornos de ansiedad generalizada, es que resulta tan fácil acostumbrarse a situaciones de ansiedad, que hace difícil que se den cuenta del enorme problema que acabará generando en sus vidas a todos los niveles.

Una simple revisión o reflexión sobre alguno de las conductas que a continuación te expongo, bastará para comprender si estás o no ante un problema de ansiedad que necesita de tu atención y disposición para solventarlo: Te escusas para no ir al trabajo cuando te sientes ansiosa/o, no te concentras, problemas para relacionarte, falta de alegría a diario, problemas de sueño; y alguno más que se te ocurra, que, si lo estás pasando ya sabes de qué te hablo.

La ansiedad trastornada es muy tratable. Esa es la buena noticia.

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