Psicología

El pasado ¿lo reflexionamos o lo rumiamos?

Preguntarnos por lo que nos salió bien es una buena casilla de salida para abordar las idas y venidas de recuerdos y emociones encontradas.

El pasado es un buen lugar para visitar, pero un mal sitio para quedarse

Reflexionar sobre el pasado nos viene muy bien para afrontar el presente y anticipar, al menos de alguna manera, el futuro. El problema aparece cuando nos quedamos mirando atrás rumiando el bolo alimenticio de los recuerdos, en lugar de actuar asertivamente sobre los hechos de nuestra vida hasta el momento.

Preguntarnos por lo que nos salió bien es una buena casilla de salida para abordar las idas y venidas de recuerdos y emociones encontradas. El retorno de alegrías vividas eleva el estado de ánimo y nos enfoca hacia la empatía hacia nosotros mismos como una forma generosa de bienestar. Además, son tipos de experiencias que nos hacen más creativos, especialmente en lo que se refiere a la búsqueda de soluciones sobre nuestros problemas presentes.

Mantener y aguantar un talante reflexivo y crítico es aún más importante cuando el remember tiene que ver con las decepciones, los desengaños y las frustraciones, que nadie escapa de haber experimentado, probablemente más de una vez, en sus vidas. El mayor peligro de este tipo de recuerdos es que nos provoquen pensamientos circulares. Rumiar sobre hechos dolorosos vividos, aunque hayan ocurrido hace solo un momento, siempre se vuelve negativamente hacia nosotros. Rumiar no es más que una ida y vuelta de especulaciones irreales que nos debilitan el ánimo.

Reflexionar críticamente es el mejor antídoto contra la rumiación y los pensamientos distorsionados que no llegan a ninguna conclusión útil. La reflexión sitúa nuestro enfoque sobre la realidad de las cosas, reforzando nuestra voluntad de no seguir dándole vueltas a las cosas. La reflexión, conviene no olvidarlo, es antónima de la especulación.

Los pensamientos de reflexión nos adaptan asertivamente en nuestro tiempo y espacio en el que realmente somos. Nos permite abordar las experiencias negativas con mayor capacidad para gestionar bien su influencia de manera no perjudicial. La reflexión se conjuga bien con la relajación y la meditación, que nos ayudará en ese  proceso de maduración de las cosas que nos han pasado y nos pasan a diario, a través de la toma de conciencia, lo que nos permitirá colocar la atención de manera intencional dentro de nosotros mismos.

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Blas Ramón Rodríguez

Psicólogo. Especialista en Medicina Psicosomática y Psicología de la Salud, experto en intervención psicológica en Diversidad Funcional y Trastornos mentales, Master en psicología del trabajo, por las Universidades de Barcelona, Ramon Llull, San Jorge, UOC, de Las Palmas de Gran Canaria. Escritor y divulgador científico en diferentes medios de comunicación. El propósito de su actividad profesional, científica, divulgativa y literaria, es poner al alcance de cualquiera la psicología como elemento esencial para la mejora de la calidad de vida.
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