Recuerda que eres una persona única. Exactamente igual que todas las demásMargaret Mead.

Me gusta el cine. Hasta tuve un pequeño flirteo con el cortometraje de joven. Estudiaba y me interesaba la condición humana de las personas en situación de riesgo social. Lógico que, finalmente mi devaneo cinematográfico tuviera que ver con el rechazo al pobre (hoy sabemos que más que rechazo es miedo). Leía por entonces a Samuel Becket y por ahí me vino la inspiración de aquella película de ocho minutos en 16mm. Al final, las calamidades acabaron en un giro de humor desdeñoso contra la caridad que ampara la desigualdad.

Años después vengo a comprobar que entre las diez películas que más me gustan, siempre incluiría dos o tres que tienen que ver con personas con discapacidad. ¿Has visto Untouchables, I´m Sam o Regarding Henry? (permíteme citar los títulos originales, esta revista para la que escribo se lee en muchos sitios de habla hispana, y los títulos en español son dispares de un lugar a otro). En éstas, como en otras, se destaca un elemento común a la propia realidad de las personas con discapacidad y en situación de riesgo social, su capacidad de superación, su determinación contra la adversidad y el buen sentido del humor con el que suelen recibirte en sus vidas.

En mi experiencia profesional en la discapacidad (y ya son años y años) he aprendido mucho a reflexionar sobre las fortalezas del carácter. Se necesita mucha para afrontar situaciones como las que padecen a diario personas de grupos socialmente marginados o con algún tipo de discapacidad. Entre todas esas fortalezas, que no son pocas cuando uno no se rinde a su vulnerabilidad, siempre me ha parecido especialmente beneficiosa la del sentido del humor ante las situaciones adversas.

El buen humor, sea transparente o socarrón, es un recurso de valor incalculable, gratificantes y terapéutico. En las circunstancias más críticas es capaz de mantenernos en pie. Puede que esto que comento te parezca una experiencia extraña, pero conectar con nuestra capacidad de reír ante la calamidad, la infelicidad, la desventura o el infortunio, nos cambia la perspectiva de cómo afrontar los problemas de una manera proactiva.Ayuda a reflexionar sobre las decisiones más adecuadas que debemos tomar.

Todos somos mucho más de las categorías en las que se nos incluyen. La discriminación con la que etiquetamos a determinadas persona y la invisibilidad a la que les condenamos por ser diferentes, no nos definen a esas personas, pero sí a nosotros mismos.

Puede que lo desconozcas, es normal, pero entre las personas que más sufren la decidía de una sociedad brutalizada por el miedo al distinto; entre los distintos se encuentran con más que cierta frecuencia, personas poderosas por su resilencia. La esperanza les empuja. Viendo su esfuerzo cotidiano uno cae en la cuenta de que conviene tomarse el humor como algo que nos mejora ante la adversidad. Paradójicamente, la risa y el humor, y su efecto sobre nuestra salud y conducta, es un asunto demasiado serio como para tomárselo a broma.

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