Eros Ortega Ramos

El feminismo radical que llegó para ¿Quedarse?

Un movimiento social que reivindica la superioridad, no la igualdad

Hace poco más de dos semanas, más específicamente el viernes 08 de marzo del año en curso se celebró el Día Internacional de la Mujer, formalizado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) desde el año de 1975. Dicha celebración incentivó a que se llevaran a cabo diferentes marchas multitudinarias en distintas partes del mundo para, en teoría, exigir igualdad de derechos para las mujeres. De igual manera: “Las participantes demandaron también el reconocimiento de sus derechos reproductivos y justicia para las víctimas de asesinatos y otros actos de violencia” (BBC, 08/III/19). En el caso específico de México, de acuerdo a información emitida por la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC), la marcha conmemorativa reunió a un promedio de 8 mil asistentes, mismos que alrededor de las 16:00 horas partieron desde el Ángel de la Independencia hasta la plancha del Zócalo Capitalino de la Ciudad de México.

El acontecimiento, como era de esperarse, acaparó los reflectores de la opinión pública, la cual en su mayoría no desaprovechó la oportunidad para recalcar la importancia que tiene el feminismo en todos los rubros de nuestra vida. La polémica surgió cuando el vandalismo de la radicalización salió a relucir en varios colectivos que se manifestaron, pregonando una igualdad tergiversada, misma que se expondrá a continuación.

Cuando dije “en teoría”, hice referencia a la reivindicación de la lucha hacia objetivos distintos a los inicialmente propuestos hace más de cinco décadas. Ya me he expresado en artículos de opinión anteriores respecto al feminismo de la actualidad, pero nunca estará de más recordarlo. Desde mi perspectiva: dicho movimiento no propone una igualdad entre los sexos, sino una superioridad de uno sobre el otro, en este caso, me refiero al femenino sobre el masculino. Y aclaro, jamás he sostenido, ni sostendré, que las mujeres no vivan situaciones de desigualdad respecto a los hombres. Sería una estupidez afirmar lo contrario.

Las estadísticas no mienten y desde hace décadas nos han demostrado que el sexo femenino ha sido víctima de desigualdad, inequidad, violencia, asesinato y demás problemáticas sociales. Pero ojo ¿Únicamente el sexo femenino ha sido víctima de las problemáticas mencionadas? ¡Por supuesto que no! Aunque en menor porcentaje, los hombres también han sufrido de inequidad, desigualdad y violencia, con la diferencia de que no reciben la misma atención que sus compañeras, justamente por la sencilla razón de ser hombres. De esta manera nos encontramos ante una clara situación de desigualdad al desestimar los porcentajes, que aunque distan bastante de igualar al de las mujeres, demuestran que todas estas problemáticas no son exclusivas de un sexo en particular.

De ahí mi insistencia en desenmascarar aquellas prácticas supuestamente feministas promotoras, en el peor de los casos, de una ideología fuertemente cargada de misandria. Porque no es cosa menor la manera en como algunos colectivos “feministas” se expresan del sexo masculino, llegando incluso a invitar a la población en general a exterminar al “macho”, ya sea metafóricamente o en la práctica. El punto aquí es que muchos de los ideales de lucha que se enarbolan con desnudos, body paint, pintas clandestinas, sangre menstrual, performances, masoquismo, aborto, obscenidades, y demás elementos que otorgan la libre expresión, son completamente opuestos a aquellos enarbolados por el feminismo sufragista que surgió con la Ilustración del siglo XVIII.

Y no es momento para hacer una cronología de todas las transformaciones que ha sufrido el movimiento feminista desde su surgimiento, ya que no es el propósito de este artículo, más bien lo que quiero expresar con todas estas ideas es la necesidad de redirigir esta lucha hacia una verdadera igualdad entre los sexos. Es evidente que aún no queda claro la magnitud del daño que hace la división interna en toda lucha social, basta con ver las agresiones de las feministas radicales hacia hombres y hacia toda aquella persona que no compagine con sus ideales.

Hasta este punto considero necesario hacer un paréntesis respecto al término “radical”, ya que cuando hago uso de él pretendo diferenciar el feminismo actual de aquel que realmente exigía los mismos derechos políticos, humanos y civiles tanto para hombres como para mujeres. Retomando, si se pregona un feminismo que excluya la diversidad de opiniones y radicalice la lucha social mediante las exigencias de una minoría, las divisiones internas terminarán por asfixiar este movimiento social que si bien se ha desviado de sus objetivos principales hasta el día de hoy, sigue poniendo sobre la mesa la obligatoria transformación cultural que tiene que planificarse para cambiar la percepción que gran parte de la sociedad mexicana tiene respecto a la igualdad entre hombres y mujeres.

Y con esto me refiero a una planificación desde el nivel educativo más elemental que enseñe a los niños que hombres y mujeres valen por igual. Asimismo, se tiene que enseñar a los infantes que aunque nacimos con características biológico-genéticas propias que nos diferencian entre sí, gozamos de los mismos derechos y las mismas obligaciones. Sólo de esta manera podremos dejar de lado esa victimización radical que tanto ha desprestigiado a la verdadera lucha feminista. Y si usted cree que exagero, estimado lector, échele un vistazo al caso de Sonia Amairani Núñez, la chica de 22 años de edad que apuñaló a su novio, Erick Omar Díaz, de 29 años en un motel del municipio de Iguala en el Estado de Guerrero.

En los diferentes videos que circulan por la web, se puede apreciar como la agresora, después de haber herido de gravedad al muchacho con un cuchillo, lo sostiene llorando pidiéndole perdón por lo sucedido. Esto inmediatamente desató toda una serie de especulaciones en torno a la ex pareja durante los siguientes días; que si él la había engañado, que si ella había sufrido un intento de violación, etc. El punto es que hasta el momento, ni un solo colectivo feminista radical, ¡Ni uno solo! Se ha pronunciado al respecto. ¿Será acaso que la vida del joven vale menos que la de la agresora? ¿En dónde está el linchamiento mediático hacia ésta mujer? Porque créame, si este caso hubiera sido a la inversa, las “defensoras de la igualdad” hubieran exigido su aprehensión inmediata e incluso su muerte, al estilo de la Santa Inquisición de la Edad Media. Por eso hay que remitirnos a las pruebas, en el país de los oportunistas que ocupan al feminismo sólo cuando les conviene.    

 

Gracias por su lectura.

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Eros Ortega Ramos

Licenciado en Sociología por parte de la Universidad Autónoma Metropolitana.
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