Eros Ortega Ramos

El desplante de los transportistas

Van contra aplicaciones como UBER y CABIFY

Desde los últimos días del mes de mayo del año en curso, en las principales redes sociales comenzó a circular el rumor de que el día lunes 03 de junio se llevarían a cabo distintas manifestaciones en diferentes puntos de la Ciudad y del Estado de México por parte de los transportistas, en específico de los taxistas. Las protestas tenían como demanda principal la eliminación de aplicaciones de transporte privado, tales como UBER o CABIFY. Y así fue. El día programado llegó y desde el inicio de éste los taxistas y otros representantes de diferentes dependencias desquiciaron varios puntos tanto de la ciudad como de la entidad gobernada por Alfredo del Mazo: “Representantes de taxistas se reunieron al mediodía con el director general de Gobierno de la Secretaría de Gobernación (Segob), Lorenzo Gómez Hernández; el subsecretario de Gobierno, Félix Arturo Medina Padilla; la subsecretaria de Transporte de la Secretaría de Movilidad (SEMOVI), María de los Ángeles Muñoz Muñoz; un representante por parte de la Secretaría de Comunicaciones y Transporte (SCT), y un representante del Estado de México” (AnimalPolítico, 03/VI/19).

Así, cientos de inconformes pertenecientes al Movimiento Nacional Taxista con el apoyo de otros grupos dieron inicio a la manifestación prevista desde días antes, reclamando que, según ellos: “hay condiciones inequitativas y discriminación de las autoridades hacia los concesionarios de taxis, dando privilegios a servicios que funcionan por medio de aplicaciones, en cuanto a trámites y multas” (AnimalPolítico, 03/VI/19).

Ante esto, el gobierno de la Ciudad de México mediante un comunicado aseveró que el diálogo con los transportistas inconformes seguía abierto, aunque de la misma manera sostuvo que este tipo de medidas resultaban innecesarias ya que la mejor vía para la resolución del conflicto era la mesa de negociación. Pese a que se presentaron algunos altercados en el transcurso de las manifestaciones: “De acuerdo con la Secretaría de Seguridad Ciudadana de la Capital, hay saldo blanco en la manifestación realizada en distintas vialidades por parte del Movimiento Nacional de Taxistas, Rutas Unidas, Frente Único de Trabajadores del Volante y el Consejo Empresarial del Transporte” (AnimalPolítico, 03/VI/19).

Lo curioso es que después de darse a conocer tal comunicado no se emitió algún otro ofreciendo una solución viable al sector inconforme, porque seamos sinceros, la solución va más allá de una simple mesa de negociación, más cuando hablamos de un conflicto que ya lleva años cocinándose. Al fin y al cabo, aunque hablemos de exigencias incongruentes de parte de los transportistas (no todas, aclaro), es un gremio que por más que no nos guste forma parte de nuestra sociedad y merece ser escuchado y atendido.  

Nos encontramos ante un problema estructural que expone las deficiencias de los principales actores sociales involucrados. Por un lado, tenemos la complacencia de parte del gobierno de la Ciudad de México al permitir que los choferes de estas aplicaciones no paguen concesiones por ofrecer servicios de transporte privado, ni paguen “revista”, o sea, la verificación especial para este tipo de automóviles, ni paguen por placas especiales que autoricen su uso, ni paguen por el tarjetón de circulación especial que tienen que pagar los taxis normales, entre otros privilegios. Por otra parte, tenemos las deficiencias que presenta el servicio de taxis, ajeno a este tipo de aplicaciones electrónicas; inseguridad, mal estado de las unidades, tarifas excesivas por el pago del servicio, falta de cultura vial, limitación en sus rutas de viaje, entre otras.

Con esto se deduce que algunas de las problemáticas expuestas anteriormente por parte tanto del gobierno de la Ciudad como de este sector de transporte colectivo han llevado a los usuarios, en su necesidad por transportarse, a optar por otro tipo de alternativas, tales como UBER o CABIFY, mismas que, como se explicará más adelante, pueden ser utilizadas desde cualquier lugar y a cualquier hora, siempre y cuando el solicitante cuente con conexión a internet. Literalmente, más práctico imposible.

Y es que poniendo en una balanza a UBER y a los “taxis rosas” (si es que no son piratas), inevitablemente los últimos quedan a deber ante la comodidad, accesibilidad y seguridad que brindan los primeros. UBER, por ejemplo, permite comunicar a cualquier usuario con conductores de unidades que ofrezcan el mejor servicio de traslado en términos de dinero y tiempo, e incluso en términos de ocasión o motivo de la necesidad del transporte, o sea, si se requiere para una entrevista de trabajo, una graduación, una boda o una simple reunión con amigos, según sea el caso. Asimismo, permite identificar la disponibilidad y el tipo de transporte más cercano a la ubicación del usuario, ya que la tarifa del servicio de traslado ya viene fijada, siendo del conocimiento del cliente, lo cual impide llevarse sorpresas por un aumento injustificado por conglomeraciones viales y otros inconvenientes que se pueden presentar en el camino. Y por si esto fuera poco, inclusive esta empresa evalúa el trato que le da el conductor a su cliente, así como la presentación de la unidad; limpia, cuidada y en orden en su interior.  

De ahí el rechazo y los intentos de sabotaje por parte de los transportistas que no son miembros de este gremio que está en constante crecimiento. Pero es hasta este punto que cabe preguntarse: ¿Qué están haciendo para cambiar su situación de desventaja ante la competencia? Porque la realidad es que tanto la tecnología como su subsecuente renovación los ha rebasado por completo, al grado de ser descartados por los usuarios al momento de elegir la forma de cómo quieren transportarse. Por lo tanto, mientras los inconformes no se preocupen por mejorar el servicio de transporte que ofrecen a los usuarios, seguirán coexistiendo empresas que aprovechen dichos errores para satisfacerlos en la medida de lo posible.

No en balde no sólo en México, sino en otras partes del mundo, UBER y CABIFY han crecido como la espuma ante la ineficiencia y el exceso de confianza de estas “víctimas del sistema”; aquel que calla y a la vez otorga, al mostrarse complaciente con estas empresas emergentes e indiferente con las ya establecidas. Pero lo más importante; al mostrarse incapaz de estructurar un plan eficaz que incluya a ambas partes en la búsqueda de soluciones al conflicto de la movilidad en México.

 

Gracias por su lectura.

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Eros Ortega Ramos

Licenciado en Sociología por parte de la Universidad Autónoma Metropolitana.
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