La presencia de Carlos Joaquín en la conferencia del presidente López Obrador, aquella en la que se marcara definiera la ruta hacia la llamada ‘nueva normalidad’, tiene un innegable peso político; la invitación para estar allí, en el ámbito donde se definen presupuestos y prioridades, da idea del ánimo del poder federal para con el gobernador y, por extensión, para el Estado.

La relación no siempre ha sido tersa, si, más el llamado es un puente obvio para mejorarla. Ambos son políticos  con oficio y eso conviene a todos. El buen manejo de la epidemia y los planes para recobrar economía a los dos les trajo alzas de popularidad; la encuestadora Massive Callier recién ubicó a Carlos Joaquín en el quinto sitio entre los gobernador con mayor aprobación del país.

Tal puente, lo que significa, puede redundar en el corto  plazo en un alivio para el estado. Hasta ahora, la crisis sanitaria ha costado unos mil 500 millones a la tesorería estatal y ello llevó al gobierno a pedir un adelanto de participaciones federales, con la lógica  inestabilidad financiera que ello implica. Quizá no sea hoy tan difícil recuperar parte de lo invertido.

No obstante, tal no es ni de lejos el problema mayor que enfrenta el gobierno estatal. La secretaría de Finanzas estima que en lo que resta del año dejarán de entrar a las arcas siete mil millones, que es casi el 25 por ciento del presupuesto anual. La caída del turismo impactará de manera grave nuestra economía, y por desgracia su reactivación no está en nuestras manos.

Como resultado de esta caída, en Quintana Roo se han perdido 80 mil plazas formales y unos 130 mil empleos informales, lo que genera una gran inestabilidad social. Con tino -fue notado por López Obrador- el gobernador dijo que reactivar el sector es también un compromiso federal; el turismo es una de sus fuentes primarias de financiamiento, ni más ni menos.  

La estadía de Carlos Joaquín en la conferencia matinal es positiva. Aunque parezca verdad de Perogrullo, los meses que se avecinan, los que desde junio nos habrán de llevar la paradójica ‘nueva normalidad’, serán arduos  en todo sentido y bueno es abrir puertas, contar con aliados, tender puentes, que al fin y al cabo las diferencias de partido bien pueden esperar.

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