Eros Ortega Ramos

El Covid-19 y la indestructible idiosincrasia del mexicano

Parece ser que ni una pandemia mundial es suficiente para que el mexicano tema por su vida

Recapitulando: 

– “Sólo uno de los casos confirmados de Covid-19 hasta ahora en el país es derechohabiente del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS). En los laboratorios del organismo se han realizado más de 200 pruebas, equivalentes a 45 por ciento del total, y se prevé que la pandemia afecte a 128 mil 305 personas con derecho a sus servicios médicos y del programa IMSS-Bienestar, informó Margot González, jefa de la División de Epidemiología”.

– “En 24 horas se sumaron 29 casos confirmados del coronavirus Covid-19, con lo que la cifra llegó a 82, aunque 87 por ciento de afectados presenta cuadros leves y son atendidos de manera ambulatoria”.

– “La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), decidió iniciar, a partir de hoy, la “suspensión paulatina y ordenada” de las clases en sus diferentes campus, con vistas a que el próximo fin de semana dicha interrupción sea total, adelantando de esta forma la medida para disminuir la propagación del Covid-19”.

– “La edición 36 del FMX-Festival de México en el Centro Histórico se ha cancelado por decisión de su patronato ante la contingencia sanitaria por el Covid-19”. 

– “Aeroméxico anunció una menor cantidad de vuelos hacia Europa y una serie de medidas para evitar el contagio del Covid-19, en caso de que algún pasajero tenga síntomas de la enfermedad en alguno de sus vuelos. Las medidas son tomadas a la par que diversas aerolíneas internacionales anunciaron reducción en sus vuelos y solicitud de financiamiento a autoridades estadunidenses para enfrentar la crisis causada por la pandemia”.

– “Quienes se han infectado con Covid-19 y han dejado de padecer síntomas pueden seguir contagiando durante dos semanas, declaró ayer el director de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el etíope Tedros Adhanom Ghebreyesus, quien pidió a los países aumentar sus programas para detectar el coronavirus, ya que es la mejor manera de frenar la pandemia”.

– “Por primera vez desde la libre circulación de personas en la Unión Europea (UE), el gobierno español, a través del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, anunció el cierre de las fronteras terrestres ante el avance sin tregua del Covid-19, del que hubo 2 mil nuevos contagios entre el domingo y el lunes”. 

– “Rusia adoptó ayer medidas drásticas para intentar frenar la propagación del Covid-19, la más importante, prohibió a cualquier extranjero (salvo excepciones) ingresar en su territorio del 18 de marzo al 1 de mayo”. 

Estos son sólo algunos extractos de diversas noticias que el martes 17 de marzo del año en curso, el periódico de circulación nacional “La Jornada”, contenía. Como usted puede observar, estimado lector, nos encontramos ante un problema de salud pública mundial de enormes proporciones que hasta el momento ha obligado a cancelar eventos masivos deportivos y de espectáculos a lo largo del país. Al mismo tiempo, debido al incremento en el número de contagios, diferentes empresas han solicitado a sus trabajadores efectuar el llamado “home office” (mejor conocido como “trabajo en casa”), con el propósito de seguir con las actividades laborales sin poner en riesgo a la población.

Lo que me resulta muy curioso de observar es que, pese a la gravedad de la situación a nivel global, México sea uno de los pocos países (si no es que el único), en mostrar escasa preocupación y hasta indiferencia en algunos casos ante este problema. La prueba más clara de ello es la nada austera ocupación hotelera que hace unos días se registró en Acapulco en pleno “puente vacacional”, y con la contingencia prácticamente declarada a nivel nacional por el coronavirus. Resulta que mucha gente, tanto estudiantes como trabajadores, aprovechó que el lunes se cancelaron labores para conmemorar el natalicio de Benito Juárez en la playa: “La ocupación hotelera en el puerto de Acapulco llegó el domingo a un 92.7%. La Secretaría de Turismo municipal hizo un muestreo entre los prestadores de servicios quienes revelaron que, en las más de 11 mil habitaciones de hotel en el puerto, la zona con mayor afluencia de visitantes fue la Dorada con 93.4 unidades porcentuales. Le siguió en capacidad hotelera utilizada la zona Diamante con la adquisición de los tiempos en el 93.2 por ciento de los espacios, mientras que la zona Tradicional se ocupó hasta el 86.9 por ciento” (AristeguiNoticias, 16/lll/20).

Y no hay que olvidar que entre todos los entusiastas que no dudaron en disfrutar del fin de semana largo a la luz del sol playero, se encontraba un argentino que ante la sospechosa aparición de síntomas, poco después fue diagnosticado con coronavirus. Ahora sólo queda esperar la versión de la dependencia de salud de ese estado respecto al posible contagio que se pudo haber dado entre este extranjero de 60 años y los mexicanos despreocupados.

El punto aquí es que el mexicano no le teme a la muerte, al contrario; la desafía. Su “valemadrismo” (en palabras de un profesor de teoría política que tuve en la universidad) es tal que ha ido forjando lo más profundo de su idiosincrasia al punto de volverlo una forma de vida; distintiva, propia y única. Tal y como dijo Octavio Paz en -El laberinto de la soledad-: “Nadie piensa en la muerte, en su muerte propia, como quería Rilke, porque nadie vive una vida personal. La matanza colectiva no es sino el fruto de la colectivización. También para el mexicano moderno la muerte carece de significación. Ha dejado de ser tránsito, acceso a otra vida más vida que la nuestra. Pero la intranscendencia de la muerte no nos lleva a eliminarla de nuestra vida diaria. Para el habitante de Nueva York, París o Londres, la muerte es la palabra que jamás se pronuncia porque quema los labios. El mexicano, en cambio, la frecuenta, la burla, la acaricia, duerme con ella, la festeja, es uno de sus juguetes favoritos y su amor más permanente. Cierto, en su actitud hay quizá tanto miedo como en la de los otros; más al menos no se esconde ni la esconde; la contempla cara a cara con impaciencia, desdén o ironía: «si me han de matar mañana, que me maten de una vez» (Paz, 1950). 

Así, la idiosincrasia del “no pasa nada” se socializa en masa, traspasando las generaciones y adaptándose a los nuevos tiempos en los que la indiferencia y el vacío reinan. Siguiendo con Paz: “La indiferencia del mexicano ante la muerte se nutre de su indiferencia ante la vida. El mexicano no solamente se postula la intranscendencia del morir, sino del vivir. Nuestras canciones, refranes, fiestas y reflexiones populares manifiestan de una manera inequívoca que la muerte no nos asusta porque «la vida nos ha curado de espantos». Morir es natural y hasta deseable; cuanto más pronto, mejor. Nuestra indiferencia ante la muerte es la otra cara de nuestra indiferencia ante la vida. Matamos porque la vida, la nuestra y la ajena, carece de valor. Y es natural que así ocurra: vida y muerte son inseparables y cada vez que la primera pierde significación, la segunda se vuelve intranscendente. La muerte mexicana es el espejo de la vida de los mexicanos. Ante ambas el mexicano se cierra, las ignora” (Paz, 1950). 

¿Qué más da que muera ahora? Total, lo insignificante de mi vida justifica la intrascendencia de mi muerte, bien dicen por ahí que “cuando te toca, te toca” ¿No es cierto? Por eso que no le sorprenda que ni una pandemia mundial pueda con esa indiferencia ante la vida que, desde la década de los cincuentas del siglo pasado, Paz analizaba con excelsa precisión. Más bien, lo que debería realmente de preocuparnos como sociedad mexicana es que dicha indiferencia se siga esparciendo como un virus a nuestros niños. Y no hablamos de cualquier virus, sino de uno de índole letal, que muta y se adapta conforme al espacio y contexto, que extermina sueños y propicia conformismos; la mediocridad

 

Gracias por su lectura.  

Twitter: @erosuamero

Facebook: Eros Ortega Ramos

Comparte tus comentarios
Etiquetas

Eros Ortega Ramos

Licenciado en Sociología por parte de la Universidad Autónoma Metropolitana.
Botón volver arriba
Cerrar