Psicología

Dudar de la duda

Las personas que no quieren arriesgar, dudan porque saben que necesitan ayuda y se niegan a pedirla.

La verdad nunca es triste, lo que no tiene es remedio. Serrat

Hay muchas cosas que pueden limitar la capacidad de una persona para vivir. Dudar cuando se requiere acción es una de las características más comunes de aquel que no quiere arriesgarse a ver más allá. 

Nunca existe el momento perfecto para actuar. Si esperamos el momento perfecto cuando todas las circunstancias estén dadas y se hayan eliminado todos los obstáculos posibles, entonces es posible que no hagamos nada. El quedarnos paralizados hace que sea imposible ir a cualquier sitio, así que a menos que ya estemos donde queremos estar, es mejor que hagamos algo.

Muchas personas dudan de porque tenemos miedo al riesgo, el arriesgarnos es obligatorio, si el éxito y el crecimiento son nuestras metas. Tan cierto es, que lo más peligroso que puede suceder en casi cualquier situación es no hacer nada. Sin embargo, nada es lo que hacen muchas personas en momentos de crisis, en momentos cuando lo que se requiere es acción. El no hacer nada es el camino directo al fracaso.

El que duda está perdido. Joseph Addison

Las personas que no quieren arriesgar, dudan porque saben que necesitan ayuda y se niegan a pedirla. Creen que reconocer que necesitan ayuda es un signo de debilidad. Incluso los más grandes y potentes líderes del mundo a veces necesitan una ayuda especial para conseguir el éxito. Tal vez todos necesitamos un impulso también. No debemos ver una debilidad en el pedir ayuda, de hecho es un signo de madurez, de confianza, de fortaleza. Si se necesita ayuda, preguntemos a cualquiera y a todos hasta que tengamos la ayuda que necesitamos para tener éxito.

Muchas personas que han fracasado ​​pasaron por alto su oportunidad. Llegaron a convencerse a sí mismos de que estaban siendo pacientes, de que esperaban su momento oportuno. Estaban realmente escondidos en sus zonas de confort esperando su momento de avanzar. Su creencia errada es que si no lo han intentado entonces no pueden perder, pero obviaron una máxima de la vida, de que su fracaso al no intentarlo era el mayor fracaso de todos. 

La paciencia es la aceptación de que las cosas pueden suceder en un orden diferente al que tenemos planificado. Cuando no sepamos qué hacer a continuación, cuando se nos trastoque el orden de los objetivos fijados, simplemente hagamos el siguiente de forma correcta. El orden de las cosas saldrá del caos si continuamos actuando sin parar nunca. 

En estos tiempos nuestros el permitirnos dudar garantiza no tener ninguna posibilidad de conseguir el éxito. En contrapunto de la derrota y el éxito vienen la duda y el miedo. Mientras el éxito usa la luz de la fe para envalentonar, la derrota usa la oscuridad de la duda para aterrorizar. En el conflicto íntimo entre estas dos ambigüedades sólo hay una salida: ¡dudar de las dudas! Dudar de la duda es dudar de la posibilidad de perder. Si queremos triunfar, entonces, vamos hasta lo último, sin miedo. Esa batalla con la duda es librada en lo íntimo y es justamente ahí que se define la victoria, donde los miedos superen las limitaciones, por eso, vamos a cambiar, desafiémonos, no temamos a los retos. Insistamos, una, otra y otra vez más, hasta el cansancio, hasta que duela. Recordemos que la fe es nuestra compañera en esa batalla llamada día a día.

Todo lo escrito y vivido, nos debería permitir entender que la duda  es una gran virtud que caracteriza al ser humano, se nos enseña a dudar desde niños, y solo por dudar buscamos nuevos horizontes sin dejar de ver el pasado, la duda nos obliga a cambiar, nos obliga a evolucionar; la duda nos lleva a nuevas dudas que irán otorgando definición a un no tan fácil momento de tiempo presente, dudar conduce a la certeza, dudar de las dudas a la grandeza. Algunos dudan por un tiempo, luego piensan que es malo dudar para los que aún dudan olvidando su proceso de ensayo-error en la vida. 

Que ninguno por ser joven vacile en filosofar, ni por llegar a la vejez se canse de filosofar. Pues no hay nadie demasiado adelantado ni demasiado retrasado en lo que concierne a la salud de su alma. El que dice que el tiempo de filosofar no le ha llegado o le ha pasado ya, es semejante al que dice que todavía no ha llegado o que ya ha pasado el tiempo para la felicidad. Así que deben filosofar tanto el joven como el viejo; éste para que, en su vejez, rejuvenezca en los bienes por la alegría de lo vivido; aquel para que sea joven y viejo al mismo tiempo por su intrepidez frente al futuro. Es, pues, preciso que nos ejercitemos en aquello que produce la felicidad, si es cierto que, cuando lo poseemos, lo tenemos todo y, cuando nos falta, lo hacemos todo por tenerla”. Epicuro

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Armando Colmenares

Abogado litigante y profesor universitario. Eternamente irreverente, coach motivacional. Creyente del empoderamiento. Autor del blog matkubblog.wordPress.com.
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