Ana Ledesma Canaán

¿Día el niño, fecha para festejar, o para trabajar por sus derechos?

Si bien en el país se tienen avances en los sistemas de información pública, en el ámbito de la infancia aún queda mucho por hacer, existe un gran vacío que deja grandes interrogantes sobre la toma de decisiones en política pública para la infancia, ¿Cómo se define la asignación presupuestal?, ¿Cómo se evalúan los resultados de la acción del Estado para garantizar los derechos de los niños y las niñas?

A pesar de haber firmado la Declaración Universal de los Derechos Humanos, ratificado convenciones y tratados internacionales y reformado la Constitución en esa materia en el  año 2011, no acabamos de reconocer sus derechos para mejorar  lo que denominamos en repetidas ocasiones “El futuro de México”. La Suprema Corte de Justicia de la Nación determinó que cuando haya una restricción expresa en la Constitución al ejercicio de los derechos humanos, se deberá aplicar lo que establece nuestra Carta Magna. Al respecto, avanzamos pero retrocedemos, derechos humanos sí, solo cuando nuestra Constitución los restrinja expresamente.

Como sociedad ponderamos el valor de la familia, de nuestras niñas y niños, pero, de manera simultánea miles de ellos sufren violencia y maltrato intrafamiliar, y otras formas de maltrato y explotación, como pornografía, prostitución, marginación, trabajos forzados, pobreza y trata.

México carece de un sistema de información veraz sobre la situación de los derechos de las niñas y los niños. Sólo sabemos que un porcentaje muy alto de los actos de violencia y abuso sexual en su agravio surgen en el entorno intrafamiliar.

En marzo del 2014  la Comisión Nacional de Derechos Humanos documentó en un informe al Senado de la República la prevalencia en prisiones para menores infractores de maltrato físico y sicológico y tratos crueles, inhumanos y degradantes.

Nuestro país  no cuenta con un verdadero organismo que promueva, proteja y represente, con autoridad y autonomía, los derechos y el interés superior de las niñas y los niños.

Aunque hay avances para protegerlos en situaciones de vulnerabilidad, no existe un sistema nacional de protección a la infancia, debidamente articulado y capaz de detectar y trabajar en función  todas las formas de vulneración a sus derechos. Hablar de  las diferentes experiencias de violencia que sufren los niños, niñas y adolescentes no es  sencillo, es algo que debería de dolernos a todos como sociedad; recuerdo, siento  y  vivo con detalle un reportaje que realice sobre los niños de la calle, al que titule “Jungla de asfalto” literalmente viví en las calles con ellos para sentir su hambre, percibir su dolor y temor constante.

Lamentablemente  también se registran  ciertas formas de violencia en todos los entornos; el castigo físico y la tortura son empleados por padres, madres y otros miembros de la familia en el hogar, por responsables del cuidado y protección de los niños, niñas y adolescentes también en instituciones educativas.

Según datos que revelo la United Nations International Children’s Emergency Fund UNICEF en el año 2014,  más de 21.5 millones de niños en el planeta participan en actividades laborales, de ellos 11.5 millones realizan actividades consideradas de alto riesgo y 10.5 millones realizan actividades domésticas; en la mayoría de los casos en condiciones de explotación, ya  que al no estar permitida su participación en el sector laboral no son sujetos de derechos, carecen de prestaciones sociales, salario y horarios adecuados, alejándolos de la posibilidad de construir un mejor futuro.

Si hablamos de un festejo, del mes del niño, de darles un regalo, entonces es el momento para realizar un cambio cultural para revertir las alarmantes tendencias, favoreciendo una cultura de paz, ética del cuidado de los niños, mayor participación ciudadana en la protección infantil; desarrollo de la responsabilidad social y promover seriamente una cultura de la legalidad, a fin de que la violencia quede erradicada.

Esta columna la publico también en www.mujerypoder.com.mx

Hasta la próxima

Mientras tanto hágase un favor: Sea parte de la solución y no del problema. 

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