Nicolás Durán de la Sierra

Del oficio político de Carlos Joaquín y el cártel de gobernadores

El Minotauro

Para el Dr. Manuel Tacú Escalante

La llegada del presidente López Obrador a Cancún este martes, su primera gira tras el impacto de la epidemia, tendrá sello propio pues aparte de ser corolario de la visita que el gobernador Carlos Joaquín le hiciera en Palacio Nacional, será el ámbito ideal para anunciar la ruta de reactivación del turismo en México, con el Estado de Quintana Roo como cabeza del sector.

La jornada, en la que se iniciará el tendido del tramo del Tren Maya entre Cancún y Valladolid, Yucatán, tiene un alto contenido político: no sólo responde al llamado que hiciera el gobernador sobre el difícil estado de nuestra económica –unos 180 mil empleos perdidos y cientos de hoteles cerrados-, sino que abre la puerta para que se canalicen mayores recursos federales a Quintana Roo.

El oficio político de Carlos Joaquín lo ha hecho marcar sana distancia con un bloque de gobernadores que, más que de oposición, parece un cartel financiero. Sombra turbia la de Enrique Alfaro, de Jalisco, que endeudó a su estado aún antes del Covid 19 con 22 mil millones, o de Francisco García, de Tamaulipas, con largo historial delictivo en México y Estados Unidos, y quien endeudó a su estado con 4 mil 600 millones de pesos.

Los números arrojan que, pese a lo afirmado por varios de estos gobernadores, el dinero federal no ha dejado de llegar -aunque se anunció una merma presupuestal-, y los apoyos para atender la epidemia, los del Fondo de Estabilización, comienzan a fluir. Con estas historias, es mejor marcar una muy sana distancia con un bloque que, además, se está resquebrajando.

Es posible que la visita presidencial traiga otras buenas noticias el país. La obra del Tren Maya será crucial para la economía nacional y el turismo va en el paquete. Por cierto, no sería difícil que al Estado se le repusieran los mil 500 millones invertidos en suavizar los daños de la epidemia. No pelees con el cocinero, dice un viejo adagio que debiera ser solido principio político. Él lo entendió.

Antes de concluir, quiero reconocer la valiente labor de doctores como Manuel Tacú, quienes en estos días aciagos atienden enfermedades que muchas veces se dejan de lado por enfrentar la epidemia. Sus afanes callados, eficientes y humanistas, salvan muchas vidas. “Soy médico, con epidemia o sin ella” comenta antes de salir hacia el cuarto de curaciones.

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Nicolás Durán de la Sierra

Originario de la Ciudad de México (1960) estudió periodismo en la Escuela de Periodismo Carlos Septién García, con cursos externos de filosofía e Historia de la Literatura en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM Y de Economía en la Universidad Autónoma de Madrid, España.
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