Para Magaly Domínguez y Jorge Polanco, En esta feliz etapa de sus vidas

Aunque si bien muy a destiempo, se acepta, ha de hacerse aquí una aclaración rotunda: la batalla crucial de la Segunda Guerra Mundial no fue la de Normandía, cual se afirma en la academia militar de West Point, en los Estados Unidos, ni tampoco la de El Alamein -en realidad salieron empatados- como se dice en la academia de Sandhurs, en Surrey, Inglaterra. No, la batalla que cambió el curso de la guerra fue la Volgogrado, en las heladas márgenes del Volga.

El aserto, da haberse hecho en la década de los 50s y hasta de los 60s, hubiera evitado el que los pollones militares de estos dos países se jactaran de ser los reales artífices de la derrota de los ejércitos de Adolf Hitler. De paso, hay que reconocerlo, nos hubiera salvado de las películas bélicas anglosajonas, las que tienen un marcado tufo a propaganda. Cual se dijo, la batalla que determinó la derrota alemana fue la de Volgogrado.

Para los neófitos en geografía rusa, en ese tiempo la ciudad se llamaba Stalingrado en loor -de seguro atinó el lector- a don Joseph Stalin. Allí fue donde los ejércitos 28, 51, 57, 62 y 64 soviéticos, que incluían a los célebres ‘cazadores cosacos’, se enfrentaron al 4 y 6 ejército germano, al 3 y 4 ejército rumano, al 2 ejército húngaro, a la legión croata y al 8 ejército de Italia, el que bien a bien no se sabía que hacia allí.

El comentario va sin dolo, conste. Sucede que los soldados italianos no eran famosos por ganar batallas, sino por todo lo contrario, por perder hasta las que se daban por fáciles, como se hizo evidente con la tunda que les pusieron los tunecinos, que casi andaban a lomo de dromedario, que los camellos no abundaban. El caso es que apenas habían llegado a Rusia, y eso que era verano, cuando fueron derrotados. ¡Porca miseria¡

En el dilatado sitio, que duró la friolera de casi seis meses, murieron más de dos millones de soldados de los dos bandos, aunque las pérdidas soviéticas, entre militares y civiles, fueron mucho mayores. Es tenida como la más sangrienta de todas las batallas de la historia humana. Se estimaron quinientas bajas por hora y, por lo menos del lado ruso, la “esperanza de vida” de los combatientes era de un mes.

En la batalla cayó la Legion Kondor -que apoyara a Franco en la Guerra Civil Española -el caso de Guernica- del mariscal Wólfram von Richthofen, primo del ‘Barón Rojo’ del mismo apellido pero con Manfred por nombre (‘Mani’, en confianza) así como fue arrasado el 6 Ejército de Friedrich Paulus a manos de Timoshenko y Zhukov, generales veteranos de la guerra civil y de la de Finlandia… En fin, que se dieron hasta con la cubeta.

Muchos de los conspicuos lectores de esta sin par columna, aunque habituados a la variedad de temas que se tratan en ella, no obstante se preguntarán qué movió El Escriba a tocar este tema tan bélico. Nada, El Minotauro, hasta en mutis, impone su recia presencia. Ocurre que el Héroe decidió aplazar por una semana su viaje a México porque se enfrascó en singular novela y sabido es que le gusta glosar su lectura.

En realidad no se trata de una novela, sino… Pero alto, que podemos irnos “por peteneras”, cual se decía de la calé Dolores cuando no quería dar sus amores. Le llamaban “la petenera” y de otras sonoras formas del decir gitano, que la cantaora, nacida en Paterna de la Rivera, en Cádiz -aunque la voz está deformada, de allí el apodo- era brava con la falda y la navaja… Pero alto que de nuevo estamos por irnos por la tangente.

De nueva cuenta, la mafiosa asociación que promueve la apertura de más casinos en México insiste ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación que los juegos de apuestas son inofensivos y que no tienen relación nada con la delincuencia organizada; exigen incluso que se le den licencias para abrir nuevos garitos en Cancún, Playa del Carmen y Tulum, como si no fueran suficientes los que ya existen.

Miguel Ángel Ochoa, presidente de la asociación, alega que al autorizarse la apertura de más casinos y de dar certeza jurídica a la actividad, se abre la posibilidad de más inversiones extranjeras en el país y sobre todo en Quintana Roo, con la consecuente creación de empleos, y que, en fin, con los casinos todo será maravilloso y pulcro, sin que haya posibilidad -dice- de que estos garitos se lave dinero procedente del narcotráfico.

El resto del mundo se equivoca, ellos, los mafiosos, no.

Abelardo Vara Rivera, expresidente en dos ocasiones de la asociación de hoteleros de Cancún, a su vez insiste en que los casinos no son necesarios para fortalecer la oferta turística, y su apertura, en cambio, es un peligro para los propios hoteles y autorizar más de estos “sería un error; no somos un destino para este tipo de diversiones; la gente no viene aquí a jugar; los casinos contaminan tanto a la hotelería como a la ciudad”.

No se han de repetir aquí, de nuevo, los daños que el juego de apuestas deja en el tejido social, ni sus lesivos efectos en la economía doméstica. Sólo se dirá que si en verdad el gobierno federal está en guerra contra el crimen organizado, autorizar la apertura de casinos dice lo contrario. Que no se engañen ni quieran engañar a la comunidad: casinos y crimen organizado van de la mano, y ejemplos sobran.

Bueno, de pasada y por no dejar, se avisa al respetable que, en su desesperación, el Fonatur en turbia conjura con la banda de la Profepa, se apresta meter la pata de nueva cuenta. Isabel González Glennie, la abogada de Salvemos Manglar Malecón, acusa a estas instituciones de intentar trampas legaloides para continuar la devastación de los humedales pese a los amparos concedidos por varios jueces.

La abogada explicó el pasado fin de semana que a pesar de que los juzgados federales prohibieron con toda claridad el ingreso al sitio al área para realizar cualquier acción u obra, la Profepa ordenó a Fonatur cumplir con el ‘Programa de Rescate de Vegetación y Traslado de Fauna’ en el malecón a más tardar el 8 de febrero, según se indicó en un comunicado de prensa de la misma procuraduría ambiental.

“Sólo un juez y no la Profepa ni el Fonatur ni la Semarnat puede ordenar el ingreso y toda acción de rescate a los predios del Malecón Tajamar. Cualquier intento de esas dependencias de entrar a la zona violaría dichos amparos e incurriría en una ilegalidad”, aseveró. Más que una ilegalidad, cometerían una estupidez, pero el gobierno es capaz de esa y otras burradas. “Son temibles”, pudiera decir la pulitzer Kate del Castillo.

Por cierto, un sagaz empleado de la Profepa cuyo nombre se omite para que luego no pueda presumir su estancia en estas páginas, codeándose con pillos de linaje, señalo hace unos días que rellenar el referido manglar traería como “beneficio aparte” el que habría menos moscos y con ello se ayudaría a combatir el virus del zika. Claro, como el aedes aegypti viene de Venus, no le afectan los insecticidas terrestres. Si de que son, son.

Como se dijo, el Héroe está enfrascado en singular lectura: La guerra no tiene rostro de mujer, de Svetlana Alexiévich, la periodista y escritora rusa que ganara el Premio Nobel del 2015. Se trata de una obra que tiene un pie en el periodismo y el otro en la literatura; su narración va de paisajes humanos de gran sutileza a la acre denuncia política, a la exhibición de las lacras de la guerra y de los duros tiempos que le sucedieron.

Se trata de una historia armada como un rompecabezas de cientos de voces que muestra las desventuras del casi millón de mujeres rusas que combatieron en la Segunda Guerra mundial -la llamada ‘guerra patria’ tras los Urales-, sobre todo en el sitio de Stalingrado y luego en el avance soviético a Berlín. Fueron cientos de miles de ellas las que no alcanzaron a ver la victoria de Rusia; fue el ejército femenino más numeroso de la historia.

Por estar en esta lectura, que puede complementarse con Voces de Chernóbil, también de aire periodístico, es que el Icono del Egeo aplazó su viaje a México, como ya se había dicho. Una semana no es mucho. Para quienes estén intrigados respecto de las aventuras de Teseo, se anota que el mismo sigue borracho. Ahora dice que se afilió a un tal PRI que disque porque así es fácil hacerse rico sin trabajar… Iluso, la uña también cansa.

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