Un sabor agridulce dejó el presupuesto de egresos de la Federación para Quintana Roo en el 2021, pues en la práctica sus participaciones tuvieron una reducción de casi dos mil millones de pesos respecto de este año, y se anota que el dulzor se debe a que la mengua pudo ser tan mayor como en otros estados por la baja económica que enfrenta el país por entero.

Sin duda, se podrá acotar que en números gruesos los recursos federales que recibirá Quintana Roo serán mayores que en este año pues pasará de 40 mil 500 millones a los casi 44 mil 700 millones en el 2021, pero eso se debe a la inversión federal en el Tren Maya, que será de cuatro mil 100 millones- y al fortalecimiento de la Comisión Federal de Electricidad en el Estado.

Si bien rubros como educación, carreteras y caminos y el cuidado ambiental resentirán menguas, será en las participaciones federales, de donde el gobierno cubre muchos de sus gastos, las que sufran el impacto mayor con la resta de casi mil 400 millones de pesos, y ello sin considerar los ajustes de la inflación, que el Banco de México espera del tres por ciento.

Difícil panorama, cierto, pero las fortalezas del Estado le ayudaran a reducir la crisis como la alza del turismo -el Aeropuerto de Cancún cerró la semana con mil 500 vuelos-; el inicio de los trabajos del Tren Maya con su derrama económica; la construcción de 17 mil nuevos cuartos de hotel, y sobre todo, en el ámbito político, con la astucia del gobernador Carlos Joaquín.

No se trata de una virtud menor, que la sagacidad en tal ámbito es cualidad, sino una buena carta en estos tiempos de crisis financiera. El deslindarse de la disque ‘alianza federalista’ sin dejar de buscar un nuevo trato fiscal; el bailar en la Conago y con los gobernadores panistas sin caer en radicalismos, le ha abierto la puerta del Palacio Nacional y eso mucho sirve al Estado.

La vida política del país cambió y el próximo ejercicio lo va a ratificar. El capítulo presupuestal no está cerrado, pero será el dialogo el que mejorare, en lo posible, el flujo de dinero a los estados, aunque haya gobernadores que opten por no entenderlo, o bien, intenten esconder sus pifias en un conflicto con tono político. No hay que olvidar que al presidente López Obrador le gustan las aguas turbulentas.
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